Reinstaurar el servicio militar: ¿Una opción realista?

El 31 de diciembre de 2001, de una forma un poco chapucera y motivado por las amplias presiones sociales, el servicio militar obligatorio era suspendido en España bajo el gobierno de José María Aznar. 15 años después, España tiene un ejército profesional de algo más de 130.000 efectivos, pero también unos gastos de personal del 75% que inutilizan el exiguo presupuesto de defensa, una tasa de paro por debajo de los 25 años del 46%, y el mayor porcentaje de “ninis” (ni estudian, ni trabajan) de la Unión Europea, con un 25% de los jóvenes entre 15 y 29 años viviendo de sus padres.

Esta situación se repite (de una forma menos dramática) en algunos países europeos. En Francia, por ejemplo, donde existe una importante tasa de paro juvenil (nada que ver con la española, en cualquier caso) Nicolás Sarkozy, que vuelve a postularse como candidato a la presidencia en las elecciones de 2017, ha propuesto reinstaurar el servicio militar obligatorio para jóvenes desempleados. En Berlín también se ha planteado recientemente la reinstauración del servicio militar, suprimido hace sólo cinco años. Pero eso sí, sólo en casos extraordinarios.

La realidad es que ante la situación actual de nuestra juventud, con ese alto porcentaje de “ninis”, con esa tasa de jóvenes desempleados que en ocasiones carecen de motivación ante el oscuro futuro laboral que se les plantea, la idea de reinstaurar el servicio militar ha surgido en algunos foros de nuestro país. Y especialmente en uno, el familiar, en el que muchos padres con buenos recuerdos de la mili (sí, algunos hay), creen que el servicio militar obligatorio sería una buena experiencia para sus desorientados hijos.

Seamos francos, la mili, tal y como la conocimos, no era ninguna maravilla. Los “quintos” recibían una paga mensual ridícula, el equivalente a seis euros de hoy en día. Las medidas de seguridad brillaban por su ausencia, y cada año alrededor de 150 reclutas perdían la vida en maniobras, en labores rutinarias, y en accidentes de vehículos (y también en suicidios). Para muchos jóvenes, la mili interrumpía su vida académica o laboral, para finalmente acabar destinado haciendo alguna tarea en absoluto relacionada con la profesión castrense, desde jardineros a meros sirvientes.

La Legión, uno de los cuerpos más temidos como destino en el sorteo de los "Quintos" por la dureza de las condiciones de vida impuestas en la unidad.

La Legión, uno de los cuerpos más temidos como destino en el sorteo de los “Quintos” por la dureza de las condiciones de vida impuestas en la unidad.

Además, nuestro servicio militar no era en absoluto igualitario, pues ni siquiera en sus últimos años se planteó hacerlo extensivo a la mujer. Familiares de políticos y de altos funcionarios del estado conseguían librarse del servicio a la patria. En los últimos años, además, la objeción de conciencia y la insumisión se extendían como la pólvora. Y quizás lo peor de todo es que la motivación final del servicio militar obligatorio era absurdamente simple e interesada: era la forma más económica de mantener unas Fuerzas Armadas de alrededor de 400.000 efectivos, que debían contener una hipotética invasión de la Unión Soviética al sur de los Pirineos.

Ya en 1961 se denunciaba, de forma cómica, las deficiencias de material del Ejército.

Ya en 1961 se denunciaba, de forma cómica, las deficiencias de material del Ejército.

Pero como nada es blanco o negro, la mili también tuvo sus virtudes: para empezar, ofreció formación y ocupación a toda una generación de jóvenes, especialmente hasta la década de los 70. La movilidad geográfica impuesta por el sistema de sorteo obligó a un gran número de jóvenes a salir de sus casas a una edad temprana, a conocer algo más allá de su provincia, y establecer lazos -en algunos casos inquebrantables- con gente de otras regiones de España con las que aprendieron a sobreponerse a la a veces exagerada disciplina y a la dureza de la vida militar.

La mili era también un lugar donde hacer amigos para el resto de la vida. Una oportunidad de salir de casa y de conocer mundo más allá de tu propia provincia.

La mili era también un lugar donde hacer amigos para el resto de la vida. Una oportunidad de salir de casa y de conocer mundo más allá de tu propia provincia.

El sistema ha sido muy vilipendiado a lo largo de estos años. Pero la realidad es que la profesionalización de las Fuerzas Armadas, en la primera década de este siglo, situó a nuestros ejércitos en una situación muy comprometida. Tal fue el déficit de personal que se abrió la puerta de los centros de reclutamiento a ciudadanos iberoamericanos. Muchos oficiales y suboficiales recuerdan años muy difíciles, en los que se ofertaban tres plazas por cada candidato y en los que se añoraban los soldados y marineros de reemplazo que con mayor o menor entusiasmo hacían mejor su trabajo que algunos de los primeros militares profesionales de tropa y marinería.

La situación cambió, por desgracia (pero por suerte para la defensa nacional), con la llegada de la crisis económica, que ha empujado a jóvenes con formación universitaria y con ilusión por trabajar, a lanzarse a los centros de reclutamiento para engrosar las filas de soldados y marineros de nuestras Fuerzas Armadas. Pero sobreviven en la sociedad un gran número de jóvenes sin ilusión, decepcionados por el sistema, sin motivación para buscar un empleo o mejorar su formación, que constituyen un problema social de gran magnitud. Incluso el profesor Juan A. Herrero Brasas, que ha publicado algunas obras en contra del servicio militar, narraba en una columna de opinión del periódico El Mundo: “Como anécdota curiosa, diré que hace poco Gallardón, medio en serio medio en broma, me decía que si en aquellos momentos hubiera sabido en qué dirección iba a evolucionar gran parte de la juventud española (indisciplina, botellón, indiferencia…) quizás hubiera defendido la abolición de la mili con menos apasionamiento. Yo, también medio en broma medio en serio, le dije que compartía su decepción”.

La Legión es hoy en día uno de nuestros cuerpos más valorados internacionalmente. Su experiencia en operaciones en el exterior ha convertido a este cuerpo en una de las unidades de élite del Ejército de Tierra.

La Legión es hoy en día uno de nuestros cuerpos más valorados internacionalmente. Su experiencia en operaciones en el exterior ha convertido a este cuerpo en una de las unidades de élite del Ejército de Tierra.

Es posible que el servicio militar no sea la solución al problema. Pero en Fuerza Naval nos planteamos la siguiente pregunta: ¿es una opción?. Sin lugar a dudas, su reinstauración no sería fácil. En primer lugar, porque volver a un tiempo pasado nunca es una tarea sencilla. Pero además, hacer arrancar de nuevo un servicio militar en condiciones tendría un considerable coste económico, y un enorme coste político. Muchos expertos consideran, además, que la tarea de “recuperar los valores fundamentales de la sociedad” no debe recaer, al menos exclusivamente, en las Fuerzas Armadas. La profesionalización se considera, en términos generales, más eficiente. Y en ese caso, ¿qué podría aportar recuperar el servicio militar obligatorio?

En primer lugar, desde Fuerza Naval creemos que la nueva mili debería romper cualquier tipo de lazo con el sistema suspendido en 2001. Disponemos hoy en día de unas Fuerzas Armadas modernas, bien adiestradas y equipadas, a pesar de la austeridad presupuestaria. Nuestros ejércitos nada tienen que ver con aquellas sobredimensionadas (esto quizás sea fácil de decir ahora que ha desaparecido la URSS) Fuerzas Armadas de la década de 1980, preparadas para defender el territorio, sin apenas capacidad expedicionaria, donde los “quintos” eran en ocasiones tratados con desprecio y destinados a labores poco nobles para cualquiera con alguna motivación por la carrera de las armas.

La idea no es descabellada. Naciones consideradas más “modernas” que la nuestra, como Austria, Finlandia o Suiza, mantienen el servicio militar obligatorio. Concretamente en Suiza, la eliminación del servicio militar obligatorio fue rechazada en un referéndum en 2013 con el 73% de votos en contra. La nueva mili debería estar dignamente remunerada, debería ofrecer una oportunidad igualitaria a jóvenes de ambos sexos no involucrados en un empleo o en cualquier tipo de estudios de formar parte de la defensa nacional (o de realizar cualquiera de los servicios sociales tan necesarios en estos tiempos de crisis, si presentaran su objeción de conciencia). Quizás deberían reducirse, frente al modelo anterior, los plazos a cumplir, limitando su duración pero ofreciendo a los nuevos “quintos” una verdadera experiencia militar, alejada de tareas superfluas, con un programa de adiestramiento completo y exhaustivo similar al que realizan los actuales militares profesionales de tropa y marinería.

El equipamiento y la formación de nuestras Fuerzas Armadas en la actualidad no tiene nada que ver con el material y la instrucción que recibían los quintos en la década de los ochenta.

El equipamiento y la formación de nuestras Fuerzas Armadas en la actualidad no tiene nada que ver con el material y la instrucción que recibían los quintos en la década de los ochenta.

Nuestras Fuerzas Armadas tienen ahora unos estándares de seguridad impensables en la década de los ochenta (a veces tan restrictivos que limitan las posibilidades de adiestramiento). La formación es variada y completa, cubriendo áreas de aplicación en la vida civil -tales como mecánica, seguridad, administración, entre varias decenas de especialidades…-, y podría ser un valor en alza para esos jóvenes escasamente formados y sin empleo que constituyen un 25% de nuestra juventud. Pero además, aunque no sea tarea exclusiva de nuestras FAS, el servicio militar podría reinstaurar valores básicos para el buen funcionamiento de la sociedad. Podría despertar vocaciones. Ayudaría a nuestros jóvenes a conocer mejor el país en el que viven, a descubrir que son más las cosas que les unen que las que les separan de sus compañeros de otras Comunidades Autónomas. Podría contribuir a paliar un problema social que asola nuestro país y al mismo tiempo contribuir a la defensa de España en estos tiempos inciertos.

Nuestra Infantería de Marina, la más antigua del mundo, es hoy en día un cuerpo moderno y eficaz, con amplia experiencia en operaciones internacionales.

Nuestra Infantería de Marina, la más antigua del mundo, es hoy en día un cuerpo moderno y eficaz, con amplia experiencia en operaciones internacionales.

En algunos medios, ante esta remota posibilidad de reinstaurar el servicio militar, cuestionan para qué ha servido entonces la creación de la Reserva Voluntaria. Pero lo cierto es que la Reserva Voluntaria ha sido un costoso mecanismo para enseñar a los civiles las unidades y acuartelamientos, para darles a conocer las virtudes de la profesión militar, para acercar las Fuerzas Armadas a la sociedad. Pero esta Reserva Voluntaria tiene un público escaso, normalmente ya familiarizado -o al menos, con algún interés- en la institución castrense, y además, ofrece poco valor militar. Una mili “bien hecha”, quizás una suerte de “Reserva No Voluntaria”, acercaría las Fuerzas Armadas al grueso de la población; ofrecería una oportunidad de aventura, de formación técnica y moral a nuestros jóvenes; y además, contribuiría a mejorar las posibilidades defensivas de nuestro país.

¿Unas Fuerzas Armadas ibéricas?

En un momento en que el proceso de construcción europea está detenido, gravemente herido tras el “sí” al BREXIT, desde Fuerza Naval queremos plantear una interesante posibilidad, recogida esporádicamente en la prensa: la unión entre España y Portugal. Evidentemente se trata de un tema ambicioso, con infinidad de implicaciones políticas y económicas. Pero nos centraremos en estudiar los pros y contras de su vertiente militar: la unión de nuestras Fuerzas Armadas y sus implicaciones en la Seguridad y Defensa de la Península Ibérica.

Península ibérica diurna IIIII

El hecho de que ambos estados hayan desarrollado su historia en el seno de la Península Ibérica, al sur de los Pirineos, permite encontrar numerosas semejanzas, lazos culturales y económicos, que alcanzaron su punto álgido bajo el reinado de Felipe II con la unión de ambos reinos, entre 1580 y 1640.

Desde entonces, el Iberismo ha sufrido altibajos, con importantes iniciativas surgidas a mediados del S.XIX de manos de la burguesía castellana y de las nuevas ideas republicano-federalistas, lideradas por insignes españoles como Pi y Margall. El movimiento, caído prácticamente en el olvido durante el S.XX, ha sufrido un nuevo resurgir por la iniciativa de diversas asociaciones iberistas portuguesas y españolas, apoyadas por intelectuales de la talla de José Saramago o Arturo Pérez-Reverte.

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Existen numerosas encuestas realizadas en los últimos diez años que apuntan que un importante porcentaje de los ciudadanos españoles y lusos verían con buenos ojos una unión política. Este porcentaje no ha hecho más que subir, desde el 28% de portugueses a favor de la unión en el año 2006, hasta el 78% según un estudio del Real Instituto Elcano del pasado mes de julio. Por supuesto, existen desavenencias:¿Donde estaría la capital? ¿Estado Central o Federal? Pero de lo que no cabe duda es que el estado ibérico se convertiría en el país de mayor extensión de la Unión Europea, el 5º en población y PIB -lo que permitiría reforzar su protagonismo en las instituciones europeas-, y en la primera potencia turística y pesquera de la UE. Además, este hipotético estado ibérico dispondría de una posición estratégica sin parangón al suroeste del continente europeo, controlando no sólo el Estrecho de Gibraltar, sino también los importantes archipiélagos de Canarias, Madeira y Azores, y gozando además de excelentes relaciones diplomáticas y comerciales con toda Sudamérica y con las antiguas colonias portuguesas en África, entre las que se encuentra Angola, un incipiente productor de petróleo.

¿Pero qué ventajas tendrían una unión militar entre Lisboa y Madrid para la defensa de la península ibérica y de sus intereses en el exterior?. Hablemos primero de los números. Actualmente España gasta alrededor de 5700 millones de euros en defensa. Portugal gasta alrededor de 2.100 millones. Unas hipotéticas fuerzas armadas ibéricas contarían con 7.800 millones de euros de presupuesto, que además estarían mejor invertidos al evitar estructuras duplicadas, tales como cuarteles generales, escuelas y centros de adiestramiento, etcétera… Los 133.000 hombres y mujeres de las fuerzas armadas españolas sumarían, junto a sus 33.000 homólogos portugueses, un total de 165.000 efectivos, que al igual que ocurriría con las infraestructuras, podrían ser empleados de una forma más eficaz evitando duplicidades.

Actualmente, fuerzas especiales lusas y españolas adiestran de forma conjunta a las unidades del ejército iraquí que se enfretarán a DAESH.

Actualmente, fuerzas especiales lusas y españolas adiestran de forma conjunta a las unidades del ejército iraquí que se enfretarán a DAESH.

Nuestros F-18 y Eurofighter, guardianes del espacio aéreo, se verían reforzados por los muy capaces F-16 portugueses. Sus cinco buques de escolta, cuyas dotaciones son herederas de la mejor de las tradiciones marineras de Portugal, reforzarían las capacidades navales aportadas por los once escoltas españoles. Sus submarinos del Tipo 209PN ayudarían a mantener la capacidad submarina mientras nuestra Flotilla espera el reemplazo de los clase Galerna. Sus P-3 Orión permitirían mantener una digna capacidad antisubmarina con los supervivientes del Grupo 22 de nuestro Ejército del Aire. España aportaría, entre otras cosas, una magnífica capacidad de proyección naval y su incipiente capacidad de transporte aéreo estratégico (con la llegada del A-400M), capacidades ambas de las que Portugal carece.

Actualmente, la fragata española Méndez Núñez y la portuguesa Alvares Cabral navegan juntas como parte de la SNMG-1.

Actualmente, la fragata española Méndez Núñez y la portuguesa Alvares Cabral navegan juntas como parte de la SNMG-1.

Evidentemente, estas fuerzas armadas de la península ibérica deberían tender, progresivamente, a la unificación de materiales y doctrina. Existen ya algunas cosas en común, como los C-130 y los C-295 en servicio en ambas fuerzas aéreas, o los carros de combate Leopard II que operan en ambos Ejércitos de Tierra. En cualquier caso si esta alianza, esta fusión de capacidades, se produjera mañana mismo, veríamos unas fuerzas armadas con 186 cazas, 11 escoltas, 5 submarinos, 3 buques de apoyo logístico, y un largo etcétera de capacidades obviamente ampliadas, buscando el máximo aprovechamiento de los medios y los conocimientos de las dos fuerzas armadas ibéricas.

El submarino portugués "Tridente", en una de sus habituales visitas a la base de Cartagena, en Murcia.

El submarino portugués “Tridente”, en una de sus habituales visitas a la base de Cartagena, en Murcia.

Este proceso, en cualquier caso, no sería instantáneo. Pero podrían buscarse pequeñas iniciativas conjuntas que allanaran el camino, tales como la unificación de la vigilancia del espacio aéreo hispano-luso (compartiendo Estaciones de Vigilancia Aérea, bases y aviones en alerta), la unificación de academias militares y centros de adiestramiento, la creación de un grupo hispano-luso de transporte aéreo integrado en el EATC europeo o la aportación de una brigada “ibérica” a los grupos de combate de la Unión Europea.

Nuestros F-18 y los F-16 portugueses podrían rotarse para la protección del espacio aéreo ibérico.

Nuestros F-18 y los F-16 portugueses podrían rotarse para la protección del espacio aéreo ibérico.

Se trata, en cualquier caso, de una posibilidad interesante en estos tiempos en que los austeros presupuestos de defensa obligan a buscar sinergias para un mayor aprovechamiento de los recursos disponibles, y en los que los intereses de Portugal y España en materia de defensa son similares en lo referente a defensa de la integridad territorial, lucha contra el terrorismo y participación en operaciones internacionales.

La militarización de las policías locales americanas: el Programa 1033.

¿Alguna vez os ha llamado la atención que las policías americanas parezcan mejor equipadas que nuestras Fuerzas Armadas? Como imagináis, no sois los primeros sorprendidos. En Estados Unidos existe una crítica mordaz hacia esta militarización de las fuerzas de policía dependientes de los ayuntamientos.

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¿Pero cual es el origen de esta militarización?. Quizás algunos de vosotros hayáis oído hablar del programa 1033… Surgido tras el Acta de Autorización de la Defensa Nacional de 1997, este programa daba acceso a las fuerzas de seguridad locales a material excedente de las Fuerzas Armadas norteamericanas a precios ridículos. La intención inicial era la de dotar a las fuerzas de seguridad de material militar con el que combatir eficazmente a las organizaciones criminales relacionadas con el tráfico de estupefacientes, tras algunos episodios violentos registrados a mediados de los noventa en las proximidades de la frontera con México. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron un balón de oxígeno para el programa ya que permitía crear unidades anti-terroristas en prácticamente cada condado de los Estados Unidos con inversiones muy pequeñas.

No es Faluya. Es Ferguson, Missouri.

No es Faluya. Es Ferguson, Missouri.

Tras más de 17 años de transferencias de material militar a las fuerzas del orden (desde helicópteros, MRAPs… hasta gafas de visión nocturna o fusiles de asalto), las alarmas han saltado tras los disturbios de Ferguson, Missouri, donde las imágenes de televisión mostraban fuerzas policiales excesivamente armadas y equipadas para sofocar los disturbios que siguieron a la muerte de Michael Brown. A estas denuncias han seguido otras exigiendo responsabilidades por material que no ha sido debidamente controlado por los departamentos de policía y que actualmente se encuentra desaparecido.

Todo este material es adquirido a precios muy inferiores a los reales. MRAPs cuyo precio estaba establecido en más de 700.000$ eran adquiridos por apenas 2.800$. El excedente de fusiles de asalto M-16 fue vendido a 55$ la unidad. En total, se estima que se ha transferido material militar por un valor superior a los 5.000 millones de dólares desde el inicio del programa.

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El programa, que ha suscitado las críticas de la Oficina Auditora del Gobierno (GAO) y del Departamento de Defensa, fue limitado en 2015 por el presidente Obama por la alarma social generada, si bien el candidato republicano a la presidencia, Donald Trump, ha prometido levantar estas restricciones, que impiden la adquisición por parte de las fuerzas de seguridad de uniformes de camuflaje, armas de calibre superior a 12.7mm y vehículos sobre cadenas.

Los chicos del Sheriff tienen "coche" nuevo.

Los chicos del Sheriff tienen “coche” nuevo.

Desde Fuerza Naval os planteamos las siguientes preguntas. ¿Consideráis necesario que las fuerzas de seguridad locales dispongan de este material para asegurar la lucha anti-terrorista?. O por el contrario, en caso de ser necesario patrullar con este tipo de material, ¿debería encargarse de la tarea una agencia federal o estatal?.

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En opinión de esta página, el esfuerzo adicional en la lucha contra el terrorismo debe evitar en la medida de lo posible la militarización de nuestras calles. Continuar con nuestra vida cotidiana es una victoria frente al terror. Y si es necesario tomar medidas excepcionales, estas deben corresponder a fuerzas estatales, bien preparadas y bajo control del gobierno central.

Policía Nacional española armada con fusiles de asalto, en patrulla en el aeropuerto de Barajas.

Policía Nacional española armada con fusiles de asalto, en patrulla en la red de transporte público.