Proyecto Islero: cuando España pudo convertirse en una potencia nuclear.

El 29 de octubre de 1947, un miura llamado “Islero” arrancaba la vida del famoso torero “Manolete”. 15 años después, en 1962, el nombre de este toro sería utilizado para bautizar uno de los proyectos militares más secretos de nuestra historia reciente: la fabricación de un arsenal nuclear.

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En 1951 se creaba la Junta de Energía Nuclear (JEN). Con una dirección militar, recibiría un fuerte impulso en 1955 bajo el amparo del programa “Átomos para la Paz”, en el que se aprobaba, por parte de Washington, la transferencia de tecnología norteamericana para la construcción de centrales de energía nuclear y la formación de personal clave en sus centros de investigación y universidades: uno de los elegidos para esta excepcional oportunidad de la posguerra sería el entonces Comandante del Ejército del Aire Guillermo Velarde, catedrático de física nuclear, que a su regreso a España sería nombrado Jefe de la División de Teoría y Cálculo de Reactores de la JEN.

Guillermo Velarde, en una reciente entrevista en RNE.

Guillermo Velarde, en una reciente entrevista en RNE.

Veamos ahora el contexto histórico. En 1956 Marruecos conseguía la independencia. Un año más tarde comenzaba la guerra de Ifni, en la que nuestras fuerzas armadas, dotadas mayormente de material de origen norteamericano (cedido tras los acuerdos de 1953), vieron cortadas sus alas al negarnos Washington su utilización contra su principal aliado en el Magreb.

Paracaidistas españoles en Ifni, en su primera acción de guerra.

Paracaidistas españoles en Ifni, en su primera acción de guerra.

Esta situación causó gran alarma en el gobierno de Franco. Su vicepresidente, el Capitán General Agustín Muñoz Grandes, veterano de la División Azul, encargo entonces al Almirante Otero Navascués un estudio sobre la posibilidad de desarrollar un arsenal nuclear sin levantar sospechas en la comunidad internacional.

Aunque el principal objetivo de este arsenal era disuadir a Marruecos de cualquier agresión contra los territorios españoles en el Norte de África, hacerse con armas nucleares permitiría situar a España en el selecto club de naciones con capacidad nuclear, reforzando su papel como potencia regional en el área del Mediterráneo.

El Comandante Velarde recibiría entonces el encargo de desarrollar para España cabezas nucleares basadas en Plutonio. En este proceso, apenas cuatro años después, el proyecto tuvo un golpe de suerte, que no fue tan bien considerado en la localidad almeriense de Palomares… El 17 de enero de 1966 un B-52 cargado con cuatro bombas termonucleares B28RI se estrellaba en vuelo con un avión cisterna. Su preciada carga caería sobre el sureste de España, afortunadamente sin explosionar. Un nutrido equipo de la JEN acudiría entonces al lugar del accidente antes de la retirada del material por parte de personal americano. Allí se consiguió información sobre estructura de las bombas, detonadores, núcleos… que serviría para dar un empujón al proyecto “Islero”, que hasta entonces había obtenido pocos progresos.

En la década de 1970 el proyecto iba viento en popa a toda vela. Incluso se llegó a especular con la posibilidad de realizar pruebas en el Sáhara Occidental.

En la década de 1970 el proyecto iba viento en popa a toda vela. Incluso se llegó a especular con la posibilidad de realizar pruebas en el Sáhara Occidental.

En 1968, mientras España entraba en la sospechosa lista de países con ambiciones nucleares por no firmar el TNP (Tratado de No Proliferación), se instalaba en la JEN el Coral-1, un pequeño reactor con capacidad para producir Plutonio con fines militares. Tres años después, los seis kilogramos necesarios para fabricar la primera bomba estaban cerca de alcanzarse, y había más razones para el optimismo: por un lado, España disponía de unas importantísimas reservas de uranio, de las que extraer el plutonio; por otro lado, en 1972 estaba prevista la entrada en funcionamiento de la central nuclear de Vandellós, de tecnología francesa -enemiga de las inspecciones de la OIEA- y cuyo residuo facilitaba conseguir más plutonio militar. Incluso se especuló con la posibilidad de utilizar nuestra colonia del Sahara Occidental como campo de pruebas. Sin embargo, nuestras ambiciones nucleares empezaban a distar mucho de pasar desapercibidas.

Un informe de la CIA del verano de 1973 enunciaba:

España es el único país europeo que merece atención como posible proliferador de armas nucleares en los próximos años. El país tiene reservas propias de uranio, un extenso programa nuclear con tres reactores operativos, siete en construcción y hasta 17 más proyectados, así como una planta piloto de separación química […] España ha rehusado firmar el TNP, aduciendo que las garantías de protección para los países no nucleares son insuficientes.

Central Nuclear de Vandellós, en Tarragona. De los residuos de esta central de tecnología francesa se planeaba extraer el Plutonio para las bombas.

Central Nuclear de Vandellós, en Tarragona. De los residuos de esta central de tecnología francesa se planeaba extraer el Plutonio para las bombas.

Es necesario mencionar que durante todo este tiempo el General Franco fue muy reacio a los éxitos de este proyecto, temiendo que Estados Unidos, al enterarse, aplicara sanciones económicas a la ya de por sí comprometida situación de nuestras finanzas. Carrero Blanco, sin embargo, era un firme partidario de este programa, en el que depositó sus esperanzas de que la relación entre Estados Unidos y España pasara del vasallaje a una relación entre iguales en la que Washington se comprometiera firmemente en la defensa de los intereses de Madrid.

Carrero Blanco era un político incómodo para Estados Unidos, y son varios los autores que han especulado con la posibilidad de que su muerte a manos de ETA, un día después de su entrevista con Kissinger, fuese facilitada por la CIA por orden de Washington ante la posibilidad de que el probable relevo de Franco tras la muerte del dictador fuese este marino ferozmente anticomunista y patriota.

Carrero Blanco en su reunión con Kissinger, un día antes de su muerte en manos de ETA.

Carrero Blanco en su reunión con Kissinger, un día antes de su muerte en manos de ETA.

Pero la muerte de Franco y su relevo por Carlos Arias Navarro no supusieron el final del proyecto Islero. Apenas un mes después de aquel 20 de noviembre de 1975 se aprobaba la construcción del CINSO (Centro de Investigación Nuclear de Soria), capaz de producir material para una producción de hasta 23 cabezas nucleares al año. El gobierno de Adolfo Suárez mantuvo el esfuerzo investigador para dotar a España de estas armas.

Sin embargo, el gobierno de Jimmy Carter, al conocer los avances del programa, redobló sus presiones para acabar con el Proyecto Islero, incitando a Madrid a la firma del TNP. La amenaza de sanciones económicas por parte de Estados Unidos si no se aceptaban inspecciones de la OIEA y la crisis política originada por el fallido golpe de estado del 23 de febrero de 1981 consiguieron, finalmente, frenar las ambiciones nucleares de España.

El proyecto Islero se mantuvo frágilmente con vida gracias al apoyo del gobierno de UCD de Leopoldo Calvo-Sotelo, que a pesar de su reconocido atlantismo apoyaba la idea francesa de una tercera nación nuclear europea que no dependiera, para su seguridad, de la tutela americana. En 1987, la firma del TNP por parte del gobierno del PSOE, le daría el golpe de gracia.

España renunció entonces a convertirse en una potencia nuclear, en aras de “facilitar” su acogida en la comunidad internacional, especialmente en el seno de la Unión Europea. Se renunciaba así a un proyecto que habría permitido a nuestro país gozar de una mayor independencia en política de defensa, que habría permitido a nuestro país convertirse en un importante actor regional.

A día de hoy, Ceuta, Melilla y los peñones e islas de soberanía española en el Norte de África siguen sin estar bajo el paraguas de la OTAN.

En Fuerza Naval nos hemos preguntado como sería hoy en día una España con armas nucleares. ¿Estaríamos en el Consejo de Seguridad de la ONU? Probablemente no, Israel, Pakistán, India… no han sido aceptados en este selecto club aunque posean armas nucleares. ¿Seríamos una potencia regional? Sin lugar a dudas, las armas atómicas sitúan en una posición de fuerza a su poseedor.  En el caso de Irán, por ejemplo, su programa nuclear es una forma de hacerse valer frente a potencias regionales como Pakistán (potencia nuclear) y Arabia Saudí (potencia económica) ¿Sufriríamos presiones internacionales para deshacernos de nuestro arsenal? Probablemente en un principio. Pero en la UE conviven dos potencias nucleares, Francia y Reino Unido, sin demasiados problemas. ¿Habríamos podido mantenerlo económicamente? Mantener un arsenal nuclear es un gasto extraordinario, inasumible con nuestro actual presupuesto de defensa. La única razón que creemos que haría que el gobierno aceptase este gasto sería mantener una importante posición como potencia regional ¿Y políticamente? En la actualidad política de nuestro país, es difícil ver a España como potencia nuclear. Sin embargo, quizás de haber tenido estas armas a finales de la década de los setenta nuestra historia política habría sido otra. ¿Habría intentado Marruecos “tomarnos el pulso”, como hizo en Perejil? Desde luego, lo habría pensado dos veces. En cualquier lugar, no es un conflicto de la magnitud suficiente para que España -y mucho menos la comunidad internacional- viera legitimado usar armas nucleares ¿Tendríamos ICBMs, SLBMs? Es poco probable que tuviésemos armas balísticas. Nuestro arsenal nuclear sería más parecido al de Israel: armas tácticas, lanzables desde aeronaves (en bombas o misiles) o desde submarinos mediante misiles de crucero.

AGM-142, más conocido como Popeye: el vector lanzamiento nuclear israelí.

AGM-142, más conocido como Popeye: el vector lanzamiento nuclear israelí.

Para más información, os recomendamos acudir directamente a la fuente. Animaros a comprar el libro escrito por el responsable del proyecto, Guillermo Velarde, y conoced a fondo los entresijos de esta interesante parte de nuestra Historia.

Proyecto Islero, el libro.

Proyecto Islero, el libro.

 

 

 

 

 

 

 

 

Potenciando la Armada en diez cómodos pasos. Fase IV: Rellenar las reservas de espacio y peso.

Retomamos tras varios meses de retraso nuestra propuesta para potenciar las capacidades de la Armada con esta cuarta entrega. En anteriores episodios abordamos la necesidad de resucitar el Arma Submarina, de modernizar la Flotilla de Aeronaves y de hacernos con una segunda cubierta. Hoy nos proponemos hacer frente a uno de los eufemismos más controvertidos utilizados por los responsables de nuestra Fuerza Naval: las “Reservas de Espacio y Peso”.

Goalkeeper, el CIWS holandés, ampliamente utilizado por Corea del Sur.

Goalkeeper, el CIWS holandés, ampliamente utilizado por Corea del Sur.

Este término ha sido utilizado para justificar la no instalación, durante la construcción de nuestras unidades navales, de sistemas caros de adquirir, y cuya necesidad no es inmediata en tiempo de paz, con la excusa de que las condiciones presupuestarias para su adquisición y montaje no son lo suficientemente propicias.

Estas reservas de espacio y peso se han traducido, especialmente, en carencias en dos importantes aspectos de la guerra naval: la defensa de punto y la guerra antisubmarina.

El MEROKA fue la fallida apuesta nacional por dotar a nuestros buques de un sistema de defensa de punto.

El MEROKA fue la fallida apuesta nacional por dotar a nuestros buques de un sistema de defensa de punto.

En 1999, nuestra Fuerza Naval contaba con seis sónares remolcados pasivos operativos, uno por cada fragata de la clase “Santa María”, y con cinco potentes sónares de profundidad variable o VDS en cada una de las fragatas de la clase “Baleares”. Hoy en día no disponemos de medios remolcados, ya que en las fragatas clase “Santa María” el desuso ha atrofiado el órgano (el TACTAS) y en las fragatas de la clase “Álvaro de Bazán”, el lugar que debería ocupar el sónar remolcado es una de nuestras afamadas “reservas de espacio y peso”.

En resumen: ahora mismo nuestra Armada no dispone de medios antisubmarinos remolcados. Y esta en una grave carencia si tenemos en cuenta que las peculiaridades de la propagación acústica favorecen, normalmente, a aquel que sea capaz de explotar la inmensidad del océano “por debajo de la capa”.

SQS-35. el VDS de nuestras fragatas clase Baleares.

SQS-35. el VDS de nuestras fragatas clase Baleares.

Pero sin lugar a dudas, la capacidad más afectada por el eufemismo de estas reservas de espacio y peso es la defensa de punto. Una vez abandonada la apuesta nacional -el Meroka, que pudo haber llegado a convertirse en un excelente sistema CIWS- todos los buques construidos desde la entrega a la Armada de la fragata Canarias adolecen de una importante carencia: la falta de un sistema de defensa cercana.

Así nos encontramos con que unidades de primer orden que en otras marinas disponen de sistemas de este tipo, carecen de ellos en la Armada Española. Tal es el caso del LHD Juan Carlos I, de los buques de asalto anfibio Galicia y Castilla, de los buques de apoyo al combate Patiño y Cantabria… e incluso de nuestras flamantes F-100, consideradas por algunas voces lo suficientemente protegidas por sus misiles SM-2 y ESSM (misiles con los que cuentan, sin embargo, los Arleigh Burke americanos, que además disponen de sistemas de defensa de punto Vulcan Phalanx).

Desde Fuerza Naval tenemos dos propuestas claras para esta Fase IV de potenciación de nuestra Armada:

1º – Dotar a las fragatas clase F-100 de sistemas sonar remolcados. Un buen candidato sería el AN/SQR-19 que ya equipa a la clase Arleigh  Burke, aunque nuestra opción preferida sería el CAPTAS-4, un VDS activo de baja frecuencia fabricado por la europea Thales.

El CAPTAS-4 de Thales.

El CAPTAS-4 de Thales.

2º – Dotar de sistemas CIWS (RAM, Goalkeeper o Phalanx) a los buques de nuestra flota, cubriendo al menos 1 sistema por cada F-100, 2 sistemas por cada buque de aprovisionamiento o de asalto anfibio y 4 sistemas para nuestro buque insignia, el LHD Juan Carlos I.

Sea RAM, defensa de punto mediante misiles derivados del Stinger.

Sea RAM, defensa de punto mediante misiles derivados del Stinger.

 

 

 

 

TWEETPOLITICS, El nuevo orden mundial en 140 caracteres.

El arte de las ciencias políticas aplicadas a las Relaciones Internacionales ha guiado, en mayor o menor medida, las relaciones políticas, diplomáticas, comerciales y económicas entre los estados soberanos desde hace siglos. Esta ciencia humanística ha ido perfeccionándose a lo largo de los años fruto de las lecciones aprendidas sobre una base de aciertos y errores experimentados por aquellos que han ostentado la representación de su pueblo ante otros, es decir, el Cuerpo Diplomático.

El Cuerpo Diplomático es el conjunto de personas que tiene encomendada
de modo regular la representación del Estado y la protección de los nacionales en el exterior, ejecutando la política internacional determinada por las instancias a las que corresponda. Las funciones básicas de un diplomático son la representación del Estado al que pertenece, la negociación y la gestión de la información bajo la planificación, dirección y supervisión del Ministerio o Departamento de Exteriores del que depende.

En las Relaciones Internacionales existe un modo de proceder, pues el contenido es tan importante como el continente. No solo las herramientas políticas, comerciales, militares o económicas puestas a disposición de los diferentes interlocutores guían las negociaciones bilaterales o multilaterales. Los tiempos, los formatos, las formas y los medios por los que se comunican las decisiones pueden tener múltiples significados dependiendo de cómo se combinen.

Así pues, las Cumbres, las visitas de estado a diferentes niveles, los comunicados oficiales, los medios de comunicación que se seleccionan para cubrir la noticia y un largo etcétera de herramientas, técnicas y procedimientos tienen como objetivo guiar las negociaciones internacionales entre los estados sin erosionar el honor y la dignidad de sus pueblos.

Un mal acuerdo puede ser renegociado sin mucha complejidad, mientras que el odio engendrado entre los ciudadanos es un sentimiento duradero de difícil solución. Las Relaciones Internacionales se centran en trabajar el primero mientras evitan el segundo de estos puntos.

Y así ha sido durante siglos hasta la irrupción de Donald J. Trump. Un hecho que resulta de suma importancia al tratarse de la potencia hegemónica mundial.

Donald J. Trump no es un hombre de estado, sino un empresario y de los duros. Y como tal, no ha dejado de dar muestras de su estilo negociador durante sus primeros días de mandato al frente del ejecutivo estadounidense. Un “negotiator”, como lo definía días atrás el también empresario mexicano Carlos Slim.

Con los principales medios de comunicación social (MCS) tradicionales en contra, Donald J. Trump eligió las redes sociales como herramienta comunicativa. Y así, desde el comienzo de su andadura política, su polémica cuenta de Twitter ha conseguido convertirse en una auténtica caja de truenos aupándole, primero, a la candidatura de la bancada republicana y más tarde a la Casa Blanca.  Y es que para un genio de la comunicación como el Presidente Trump, 140 caracteres son una auténtica novela.

A golpe de tweet se ha ganado a su electorado, ha desautorizado a sus contrincantes republicanos, ha atacado a Hillary Clinton, ha deslegitimizado a los medios de comunicación social tradicionales, ha amenazado a estados soberanos, ha repartido “recomendaciones” a los líderes mundiales y así un largo etcétera de ejemplos. Entre sus conocidas técnicas “negociadoras” éste ha utilizado un tono duro, y un estilo soez y muy alejado de los estándares que estamos acostumbrados a ver en las Relaciones Internacionales.

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Donald J.Trump dice lo que le pasa por la cabeza tal y como lo siente, y lo dice públicamente en tiempo real. Si bien esta forma de actuar improvisada, temperamental y chabacana puede servir en política nacional, no así en política internacional.

Atrás han quedado ya las ruedas de prensa, los comunicados oficiales, las cumbres internacionales, las visitas de estado, las reuniones en la sede de Naciones Unidas, y un largo etcétera de medios y formatos en los que EEUU ha dado forma al orden mundial desde el final de la II Guerra Mundial. La decisión de elegir uno u otro medio de comunicación, el foro de Naciones Unidas o la Cumbre del G-20, o la elección de portavoces, por poner algunos ejemplos, han dado paso al tweet. Una red social con la que maneja la política nacional e internacional con 140 caracteres. Se dice que los brókeres de Wall Street ya no miran los índices bursátiles, el RSI o las bandas de bollinger. Ahora están pendientes del siguiente Tweet del Presidente Trump. Y es que cada tweet de Donald J. Trump cae como una bomba en los mercados bursátiles. Si defenestra al avión de última generación F-35, las acciones de Lockheed Martin caen. Si desaprueba el Acuerdo de París sobre el cambio climático las acciones de las petroleras norteamericanas suben, y así suma y sigue.

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Así pues, Twitter se ha convertido en el principal medio de comunicación del nuevo inquilino de la Casa Blanca, y en una poderosa herramienta política, diplomática y económica que puede acarrear unas gravísimas consecuencias si no se emplea correctamente. Y es que la utilización que hace el Presidente de su cuenta particular de Twitter conlleva una serie de riesgos que pueden poner el peligro la paz y estabilidad mundial. Éstos son algunos de ellos:

  • La improvisación. Es la peor consejera en un escenario, el de las relaciones internacionales, en el que la información se ha estudiado y preparado al detalle tanto en contenido como en continente. Los miles de profesionales expresamente formados que se dedican a ello tienen en cuenta todos los aspectos que pueden afectar al objetivo final. Las diferencias culturales entre las sociedades requieren que haya un estándar de comunicación en el que se trate de eliminar cualquier posible elemento subjetivo que pueda erosionar un acuerdo internacional. Así pues, los tweets incendiarios del nuevo inquilino del despacho oval no hacen más que agitar a las masas sin una estrategia clara a largo plazo, engendrando un rechazo uniforme de la comunidad internacional contra la sociedad estadounidense.
  • La deslegitimación del Cuerpo Diplomático. La interrupción del Presidente Trump en las relaciones internacionales ocasionan una deslegitimación de todo el personal al servicio de la política exterior de EEUU. Sin unas líneas maestras claramente definidas, y con una constante interferencia en sus atribuciones, los miembros del cuerpo diplomático de EEUU en el exterior no pueden desarrollar sus cometidos con rigor y eficacia, por lo que la presencia de EEUU en la escena internacional corre el riesgo de diluirse progresivamente a golpe de tweet.
  • La incertidumbre y la falta de credibilidad de una cuenta particular de Twitter son otro riesgo derivado de esta nueva práctica. Acostumbrados a los comunicados oficiales en la que una vez acreditada comunicaba una decisión o aportaba información previamente analizada y consensuada que conllevaba una acción, el uso de twitter nos impide ver con claridad quién está realmente detrás de este comunicado, y qué nivel de certeza y compromiso existe con la información publicada.

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  • La grave brecha de seguridad que puede provocar el hackeo de la cuenta oficial de Twitter del Presidente Trump debe ser quizás el elemento más importante a tener en cuenta. En un mundo interconectado en el que la información publicada en Twitter se presenta en tiempo real en todos los puntos del planeta y está al alcance de toda la sociedad, el hackeo de la cuenta particular del Presidente Trump puede poner en peligro la vida de miles de personas, y la paz y estabilidad mundial. ¿Se imaginan las graves consecuencias que tendrían en el mundo musulmán una mofa sobre Allah o su profeta perpetrada por hackers a través de la cuenta particular de Donald J. Trump? La indignación y reacción de la comunidad musulmana se haría patente en cuestión de minutos orquestando graves altercados y atentados contra occidente.
  • La incertidumbre en los mercados bursátiles. Es un efecto que estamos viendo últimamente cada vez que Trump tuitea una crítica o un elogio. Si bien sus desaires y su tono belicista hacen subir las acciones de las empresas del complejo industrial militar, sus críticas al programa F-35 hunden las de la compañía Lockheed Martin. O su respaldo a las energías fósiles en detrimento de las renovables que sacuden el parqué nacional e internacional. Y como por todos es sabido, la incertidumbre en el mercado bursátil no es      buena para nadie excepto para los tiburones de Wall Street, aquellos a los que vilipendiaba durante su campaña pero con los que ha cambiado su tono al llegar al oval, y como muestra de ello su reciente coqueteo con el núcleo duro de Goldman Sachs y la orden presidencial que reduce la regulación financiera, comúnmente conocida como Ley “Dodd-Frank”, iniciada por Barack Obama como respuesta a la crisis financiera de 2008 y la caída de Lehman Brothers.
  • Las reacciones de la Comunidad Internacional. Es, sin lugar a duda, la mayor de las preocupaciones. ¿Se imaginan la respuesta de la comunidad latinoamericana a los exabruptos realizados públicamente por el presidente Trump casi a diario? ¿o la reacción del mundo musulmán al compararlos con el demonio? La posición en la que sitúa a los líderes internacionales ante la presión de sus propios votantes puede originar nuevas alianzas o el fin del algunas viejas. La retórica utilizada en las duras negociaciones comerciales en el entorno de la empresa privada a las que está acostumbrado Donald J. Trump no es la misma que la que utiliza el servicio de exteriores del DoS de los EEUU. Un “farol” utilizado en 140 caracteres puede herir gravemente la sensibilidad, el orgullo y dignidad de una comunidad o una nación en la escena internacional.

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¿Se imaginan la postura de la PLAN (People´s Liberation Army Navy) de China ante un tweet del Comandante en Jefe de la US NAvy dando un ultimátum a la presencia de buques de guerra chino en aguas jurisdiccionales de las islas Senkaku? En cualquier momento puede haber un malentendido que lleve a un enfrentamiento militar armado con terribles consecuencias.

Como hemos visto, no cabe duda de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca está dando un giro radical en las relaciones internacionales de EEUU y en los términos en que éstas se llevan a cabo.

Su fuerte apuesta por las Redes Sociales le ha permitido ganar unas elecciones para las que no era, ni de lejos, favorito. No obstante, su estilo negociador que bien le ha servido la victoria en las elecciones a la presidencia de EEUU nada tiene que ver con el estilo que se utiliza en las Relaciones Internacionales.

El uso de las cuentas oficiales de Twitter por parte de las instituciones gubernamentales norteamericanas nacieron con la intención de acercar a la élite política al pueblo, de humanizar la relación entre ambos. El hecho de utilizar estas plataformas digitales como herramientas políticas, sociales, diplomáticas, económicas o comerciales conlleva una serie de riesgos innecesarios con graves consecuencias. Un medio en el que no hay ninguna línea ética, como sí ocurre en los MCS tradicionales, ni se tiene el control sobre la información que se publica. En el que no está regulado el uso de cuentas privadas con fines públicos. En el que no se tienen en cuenta los procedimientos consuetudinarios establecidos a lo largo de la existencia de las relaciones entre estados, entre otros, pueden dañar el orden mundial establecido hasta la fecha y crear un clima de inseguridad y falta de liderazgo con terribles consecuencias.

Esperemos que la cordura y el buen hacer regresen pronto al despacho oval, pues en un mundo globalizado e interconectado sus errores son también los nuestros. Así como las consecuencias de éstos.