Proyecto Islero: cuando España pudo convertirse en una potencia nuclear.

El 29 de octubre de 1947, un miura llamado “Islero” arrancaba la vida del famoso torero “Manolete”. 15 años después, en 1962, el nombre de este toro sería utilizado para bautizar uno de los proyectos militares más secretos de nuestra historia reciente: la fabricación de un arsenal nuclear.

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En 1951 se creaba la Junta de Energía Nuclear (JEN). Con una dirección militar, recibiría un fuerte impulso en 1955 bajo el amparo del programa “Átomos para la Paz”, en el que se aprobaba, por parte de Washington, la transferencia de tecnología norteamericana para la construcción de centrales de energía nuclear y la formación de personal clave en sus centros de investigación y universidades: uno de los elegidos para esta excepcional oportunidad de la posguerra sería el entonces Comandante del Ejército del Aire Guillermo Velarde, catedrático de física nuclear, que a su regreso a España sería nombrado Jefe de la División de Teoría y Cálculo de Reactores de la JEN.

Guillermo Velarde, en una reciente entrevista en RNE.

Guillermo Velarde, en una reciente entrevista en RNE.

Veamos ahora el contexto histórico. En 1956 Marruecos conseguía la independencia. Un año más tarde comenzaba la guerra de Ifni, en la que nuestras fuerzas armadas, dotadas mayormente de material de origen norteamericano (cedido tras los acuerdos de 1953), vieron cortadas sus alas al negarnos Washington su utilización contra su principal aliado en el Magreb.

Paracaidistas españoles en Ifni, en su primera acción de guerra.

Paracaidistas españoles en Ifni, en su primera acción de guerra.

Esta situación causó gran alarma en el gobierno de Franco. Su vicepresidente, el Capitán General Agustín Muñoz Grandes, veterano de la División Azul, encargo entonces al Almirante Otero Navascués un estudio sobre la posibilidad de desarrollar un arsenal nuclear sin levantar sospechas en la comunidad internacional.

Aunque el principal objetivo de este arsenal era disuadir a Marruecos de cualquier agresión contra los territorios españoles en el Norte de África, hacerse con armas nucleares permitiría situar a España en el selecto club de naciones con capacidad nuclear, reforzando su papel como potencia regional en el área del Mediterráneo.

El Comandante Velarde recibiría entonces el encargo de desarrollar para España cabezas nucleares basadas en Plutonio. En este proceso, apenas cuatro años después, el proyecto tuvo un golpe de suerte, que no fue tan bien considerado en la localidad almeriense de Palomares… El 17 de enero de 1966 un B-52 cargado con cuatro bombas termonucleares B28RI se estrellaba en vuelo con un avión cisterna. Su preciada carga caería sobre el sureste de España, afortunadamente sin explosionar. Un nutrido equipo de la JEN acudiría entonces al lugar del accidente antes de la retirada del material por parte de personal americano. Allí se consiguió información sobre estructura de las bombas, detonadores, núcleos… que serviría para dar un empujón al proyecto “Islero”, que hasta entonces había obtenido pocos progresos.

En la década de 1970 el proyecto iba viento en popa a toda vela. Incluso se llegó a especular con la posibilidad de realizar pruebas en el Sáhara Occidental.

En la década de 1970 el proyecto iba viento en popa a toda vela. Incluso se llegó a especular con la posibilidad de realizar pruebas en el Sáhara Occidental.

En 1968, mientras España entraba en la sospechosa lista de países con ambiciones nucleares por no firmar el TNP (Tratado de No Proliferación), se instalaba en la JEN el Coral-1, un pequeño reactor con capacidad para producir Plutonio con fines militares. Tres años después, los seis kilogramos necesarios para fabricar la primera bomba estaban cerca de alcanzarse, y había más razones para el optimismo: por un lado, España disponía de unas importantísimas reservas de uranio, de las que extraer el plutonio; por otro lado, en 1972 estaba prevista la entrada en funcionamiento de la central nuclear de Vandellós, de tecnología francesa -enemiga de las inspecciones de la OIEA- y cuyo residuo facilitaba conseguir más plutonio militar. Incluso se especuló con la posibilidad de utilizar nuestra colonia del Sahara Occidental como campo de pruebas. Sin embargo, nuestras ambiciones nucleares empezaban a distar mucho de pasar desapercibidas.

Un informe de la CIA del verano de 1973 enunciaba:

España es el único país europeo que merece atención como posible proliferador de armas nucleares en los próximos años. El país tiene reservas propias de uranio, un extenso programa nuclear con tres reactores operativos, siete en construcción y hasta 17 más proyectados, así como una planta piloto de separación química […] España ha rehusado firmar el TNP, aduciendo que las garantías de protección para los países no nucleares son insuficientes.

Central Nuclear de Vandellós, en Tarragona. De los residuos de esta central de tecnología francesa se planeaba extraer el Plutonio para las bombas.

Central Nuclear de Vandellós, en Tarragona. De los residuos de esta central de tecnología francesa se planeaba extraer el Plutonio para las bombas.

Es necesario mencionar que durante todo este tiempo el General Franco fue muy reacio a los éxitos de este proyecto, temiendo que Estados Unidos, al enterarse, aplicara sanciones económicas a la ya de por sí comprometida situación de nuestras finanzas. Carrero Blanco, sin embargo, era un firme partidario de este programa, en el que depositó sus esperanzas de que la relación entre Estados Unidos y España pasara del vasallaje a una relación entre iguales en la que Washington se comprometiera firmemente en la defensa de los intereses de Madrid.

Carrero Blanco era un político incómodo para Estados Unidos, y son varios los autores que han especulado con la posibilidad de que su muerte a manos de ETA, un día después de su entrevista con Kissinger, fuese facilitada por la CIA por orden de Washington ante la posibilidad de que el probable relevo de Franco tras la muerte del dictador fuese este marino ferozmente anticomunista y patriota.

Carrero Blanco en su reunión con Kissinger, un día antes de su muerte en manos de ETA.

Carrero Blanco en su reunión con Kissinger, un día antes de su muerte en manos de ETA.

Pero la muerte de Franco y su relevo por Carlos Arias Navarro no supusieron el final del proyecto Islero. Apenas un mes después de aquel 20 de noviembre de 1975 se aprobaba la construcción del CINSO (Centro de Investigación Nuclear de Soria), capaz de producir material para una producción de hasta 23 cabezas nucleares al año. El gobierno de Adolfo Suárez mantuvo el esfuerzo investigador para dotar a España de estas armas.

Sin embargo, el gobierno de Jimmy Carter, al conocer los avances del programa, redobló sus presiones para acabar con el Proyecto Islero, incitando a Madrid a la firma del TNP. La amenaza de sanciones económicas por parte de Estados Unidos si no se aceptaban inspecciones de la OIEA y la crisis política originada por el fallido golpe de estado del 23 de febrero de 1981 consiguieron, finalmente, frenar las ambiciones nucleares de España.

El proyecto Islero se mantuvo frágilmente con vida gracias al apoyo del gobierno de UCD de Leopoldo Calvo-Sotelo, que a pesar de su reconocido atlantismo apoyaba la idea francesa de una tercera nación nuclear europea que no dependiera, para su seguridad, de la tutela americana. En 1987, la firma del TNP por parte del gobierno del PSOE, le daría el golpe de gracia.

España renunció entonces a convertirse en una potencia nuclear, en aras de “facilitar” su acogida en la comunidad internacional, especialmente en el seno de la Unión Europea. Se renunciaba así a un proyecto que habría permitido a nuestro país gozar de una mayor independencia en política de defensa, que habría permitido a nuestro país convertirse en un importante actor regional.

A día de hoy, Ceuta, Melilla y los peñones e islas de soberanía española en el Norte de África siguen sin estar bajo el paraguas de la OTAN.

En Fuerza Naval nos hemos preguntado como sería hoy en día una España con armas nucleares. ¿Estaríamos en el Consejo de Seguridad de la ONU? Probablemente no, Israel, Pakistán, India… no han sido aceptados en este selecto club aunque posean armas nucleares. ¿Seríamos una potencia regional? Sin lugar a dudas, las armas atómicas sitúan en una posición de fuerza a su poseedor.  En el caso de Irán, por ejemplo, su programa nuclear es una forma de hacerse valer frente a potencias regionales como Pakistán (potencia nuclear) y Arabia Saudí (potencia económica) ¿Sufriríamos presiones internacionales para deshacernos de nuestro arsenal? Probablemente en un principio. Pero en la UE conviven dos potencias nucleares, Francia y Reino Unido, sin demasiados problemas. ¿Habríamos podido mantenerlo económicamente? Mantener un arsenal nuclear es un gasto extraordinario, inasumible con nuestro actual presupuesto de defensa. La única razón que creemos que haría que el gobierno aceptase este gasto sería mantener una importante posición como potencia regional ¿Y políticamente? En la actualidad política de nuestro país, es difícil ver a España como potencia nuclear. Sin embargo, quizás de haber tenido estas armas a finales de la década de los setenta nuestra historia política habría sido otra. ¿Habría intentado Marruecos “tomarnos el pulso”, como hizo en Perejil? Desde luego, lo habría pensado dos veces. En cualquier lugar, no es un conflicto de la magnitud suficiente para que España -y mucho menos la comunidad internacional- viera legitimado usar armas nucleares ¿Tendríamos ICBMs, SLBMs? Es poco probable que tuviésemos armas balísticas. Nuestro arsenal nuclear sería más parecido al de Israel: armas tácticas, lanzables desde aeronaves (en bombas o misiles) o desde submarinos mediante misiles de crucero.

AGM-142, más conocido como Popeye: el vector lanzamiento nuclear israelí.

AGM-142, más conocido como Popeye: el vector lanzamiento nuclear israelí.

Para más información, os recomendamos acudir directamente a la fuente. Animaros a comprar el libro escrito por el responsable del proyecto, Guillermo Velarde, y conoced a fondo los entresijos de esta interesante parte de nuestra Historia.

Proyecto Islero, el libro.

Proyecto Islero, el libro.

 

 

 

 

 

 

 

 

Potenciando la Armada en diez cómodos pasos. Fase IV: Rellenar las reservas de espacio y peso.

Retomamos tras varios meses de retraso nuestra propuesta para potenciar las capacidades de la Armada con esta cuarta entrega. En anteriores episodios abordamos la necesidad de resucitar el Arma Submarina, de modernizar la Flotilla de Aeronaves y de hacernos con una segunda cubierta. Hoy nos proponemos hacer frente a uno de los eufemismos más controvertidos utilizados por los responsables de nuestra Fuerza Naval: las “Reservas de Espacio y Peso”.

Goalkeeper, el CIWS holandés, ampliamente utilizado por Corea del Sur.

Goalkeeper, el CIWS holandés, ampliamente utilizado por Corea del Sur.

Este término ha sido utilizado para justificar la no instalación, durante la construcción de nuestras unidades navales, de sistemas caros de adquirir, y cuya necesidad no es inmediata en tiempo de paz, con la excusa de que las condiciones presupuestarias para su adquisición y montaje no son lo suficientemente propicias.

Estas reservas de espacio y peso se han traducido, especialmente, en carencias en dos importantes aspectos de la guerra naval: la defensa de punto y la guerra antisubmarina.

El MEROKA fue la fallida apuesta nacional por dotar a nuestros buques de un sistema de defensa de punto.

El MEROKA fue la fallida apuesta nacional por dotar a nuestros buques de un sistema de defensa de punto.

En 1999, nuestra Fuerza Naval contaba con seis sónares remolcados pasivos operativos, uno por cada fragata de la clase “Santa María”, y con cinco potentes sónares de profundidad variable o VDS en cada una de las fragatas de la clase “Baleares”. Hoy en día no disponemos de medios remolcados, ya que en las fragatas clase “Santa María” el desuso ha atrofiado el órgano (el TACTAS) y en las fragatas de la clase “Álvaro de Bazán”, el lugar que debería ocupar el sónar remolcado es una de nuestras afamadas “reservas de espacio y peso”.

En resumen: ahora mismo nuestra Armada no dispone de medios antisubmarinos remolcados. Y esta en una grave carencia si tenemos en cuenta que las peculiaridades de la propagación acústica favorecen, normalmente, a aquel que sea capaz de explotar la inmensidad del océano “por debajo de la capa”.

SQS-35. el VDS de nuestras fragatas clase Baleares.

SQS-35. el VDS de nuestras fragatas clase Baleares.

Pero sin lugar a dudas, la capacidad más afectada por el eufemismo de estas reservas de espacio y peso es la defensa de punto. Una vez abandonada la apuesta nacional -el Meroka, que pudo haber llegado a convertirse en un excelente sistema CIWS- todos los buques construidos desde la entrega a la Armada de la fragata Canarias adolecen de una importante carencia: la falta de un sistema de defensa cercana.

Así nos encontramos con que unidades de primer orden que en otras marinas disponen de sistemas de este tipo, carecen de ellos en la Armada Española. Tal es el caso del LHD Juan Carlos I, de los buques de asalto anfibio Galicia y Castilla, de los buques de apoyo al combate Patiño y Cantabria… e incluso de nuestras flamantes F-100, consideradas por algunas voces lo suficientemente protegidas por sus misiles SM-2 y ESSM (misiles con los que cuentan, sin embargo, los Arleigh Burke americanos, que además disponen de sistemas de defensa de punto Vulcan Phalanx).

Desde Fuerza Naval tenemos dos propuestas claras para esta Fase IV de potenciación de nuestra Armada:

1º – Dotar a las fragatas clase F-100 de sistemas sonar remolcados. Un buen candidato sería el AN/SQR-19 que ya equipa a la clase Arleigh  Burke, aunque nuestra opción preferida sería el CAPTAS-4, un VDS activo de baja frecuencia fabricado por la europea Thales.

El CAPTAS-4 de Thales.

El CAPTAS-4 de Thales.

2º – Dotar de sistemas CIWS (RAM, Goalkeeper o Phalanx) a los buques de nuestra flota, cubriendo al menos 1 sistema por cada F-100, 2 sistemas por cada buque de aprovisionamiento o de asalto anfibio y 4 sistemas para nuestro buque insignia, el LHD Juan Carlos I.

Sea RAM, defensa de punto mediante misiles derivados del Stinger.

Sea RAM, defensa de punto mediante misiles derivados del Stinger.

 

 

 

 

LA NUEVA POLÍTICA INTERNACIONAL DE LA ADMINISTRACIÓN TRUMP

Cuando el mundo, y especialmente Europa, aún se encuentra convaleciente de la resaca provocada por el huracán Brexit, la humanidad se enfrenta a otro fenómeno inesperado de la naturaleza, el “tsunami Trump”.

Sería demasiado aventurado vaticinar el devenir de la futura política internacional de la nueva administración Trump, especialmente cuando ésta se ha puesto en manos de Rex W. Tillerson, CEO de la cuarta mayor empresa del mundo, Exxon Mobil, con una agenda personal que muchos países envidiarían. No obstante, y aunque el presidente electo trata de hacer guiños hacia el ala dura de su partido para tratar de conseguir el apoyo de su partido en ambas cámaras del Congreso donde actualmente los republicanos ostentan la mayoría, se puede hacer una valoración de la futura política internacional que llevará a cabo la administración Trump haciendo un análisis de su discurso durante la precampaña y la posterior campaña electoral. Si bien cabe recodar que, como buen hombre de negocios, la improvisación es una de sus características.

1. Asia-Pacífico

Si la saliente Administración Obama se ha caracterizado por su política pivot o rebalance desde Europa hacia Asia-Pacífico, con la intención de buscar el mayor número de aliados en la zona con la que poder ejercer una efectiva contención ante su principal amenaza en la zona, China, la administración Trump se puede caracterizar por perder el liderazgo en esta región de relevante interés económico y comercial, no solo para EE.UU., sino para el resto del mundo.

Trump no llega en el mejor momento, ni parece tener intención de utilizar su principal herramienta soft power, el recientemente firmado Tratado de Asociación Transpacífico (TPP).

paises miembros del TPP

Foto: Países miembros del TPP

Su influencia sobre uno de sus principales socios en la zona, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), se ve amenazada tras los recientes desaires del presidente filipino, Rodrigo Duterte, al presidente Barack Obama y a EE.UU. Así como a los últimos encuentros entre el presidente chino, Xi Jinping, y los presidentes de Malasia y Taiwán, este último de especial relevancia dada la disputa histórica que mantienen ambos países.

No cabe duda de que la ASEAN está virando rápidamente hacia China, lo que puede alterar considerablemente la relaciones estadounidenses con sus principales aliados asiáticos, Japón y Corea del Sur, y el devenir de las disputas territoriales en torno al mar del Sur y de la China Oriental, donde existen unas importantes reservas de gas y petróleo, e importantes bancos de pesca.

Respecto al TPP, el presidente electo ha prometido retirarse del tratado para tratar de buscar acuerdos bilaterales que beneficien más a EE.UU. No obstante, el resto de países, asiáticos, australes y americanos, no están dispuestos a deshacer el camino recorrido, y algunos de ellos han encontrado en China al mejor sustituto para reemplazar a EE.UU. tras su posible salida. De confirmarse, podría suponer una importante victoria para China en el contexto regional e internacional, pues conseguiría la supremacía comercial y política de esta región en auge.

Así las cosas, y sin el favor de sus aliados en el sudeste asiático, la Séptima Flota del Mando Estadounidense del Pacífico (USPACOM) tendría complicado ejercer una efectiva contención ante China, siendo relegado a un mero observador en la zona. Una zona en la que poco a poco dejaría de tener poder de decisión.

Fuerzas EEUU en Asia-Pacífico

Foto: Fuerzas EE.UU. en Asia-Pacífico

2. Iberoamérica
Uno de los puntos centrales del discurso del presidente electo durante su campaña ha sido su desprecio hacia el mundo iberoamericano, y especialmente hacia México.

Esta oportunidad no pasaría inadvertida para otras potencias con intereses políticos, económicos y comerciales en la zona como Rusia, China o Europa. Una disminución del interés estadounidense en la zona favorecería los intereses de los países del nuevo eje bolivariano, quienes encontrarían rápidamente apoyo en China y Rusia.

Con la muerte del dictador cubano, Fidel Castro, una nueva etapa se abre para Cuba. Los esfuerzos realizados durante los últimos años de la administración Obama podrían haber sido en balde, aunque la isla podría encontrar apoyo en Rusia como ya lo hiciera en el pasado, algo en lo que el presidente ruso, Vladimir Putin, ha estado trabajando últimamente.

Los países iberoamericanos pertenecientes al TPP (Chile, México y Perú) ya han manifestado su intención de continuar con el tratado, y coqueteado con la idea de sumar a China a esta importante iniciativa económica y comercial. No sería de extrañar que los lazos de amistad y cooperación se ampliasen a las escenas de política y defensa, lo que provocaría un posible confinamiento de EE.UU. por el Sur y el Oeste.

Con Chile y Perú dentro del TPP, el MERCOSUR podría buscar una integración dentro del anterior para convertir a éstos en el mayor acuerdo comercial del mundo. El posible comienzo del fin de la Doctrina Monroe.

Aún se desconoce la postura de Donald J. Trump respecto a Puerto Rico, quién acaba de elegir nuevo gobernador, Ricardo Rosselló. El político puertorriqueño pretende convertir a esta colonia en el 51º estado de la unión, pero de ver frustradas sus aspiraciones, podría buscar cobijo allí donde su deteriorada economía encuentre algo de calor.

3. Rusia
No hay lugar a duda respecto de la admiración que profesa el presidente electo hacia su homólogo ruso, Vladimir Putin.

La victoria de Donald J. Trump ha sido un soplo de aire fresco para el presidente ruso, quién ha encontrado en la administración del presidente saliente, Barack Obama, a su más acérrimo enemigo.

La llegada de Trump a la Casa Blanca y el nombramiento de Rex Tillerson como nuevo Secretario de Estado puede suponer un viraje en la cuestión siria y ucrania, así como en un levantamiento o flexibilización de las sanciones impuestas a Rusia tras la anexión de Crimea en 2014. Habrá que ver si finalmente el futuro presidente Trump reconoce la anexión de Crimea y la continuidad de Bashar al-Asad al frente de Siria para analizar las relaciones que pueden tener a partir del 20 de enero EE.UU. y Rusia. A sabiendas de que toda concesión a Rusia va en detrimento de los intereses europeos, quienes ven amenazadas sus fronteras orientales tras los últimos acontecimientos en Moldavia y Bulgaria , donde sus nuevos gobiernos se declaran abiertamente pro rusos.

Puesto que Donald J. Trump se ha mostrado defensor de potenciar la capacidad militar nuclear de EE.UU. y su escudo anti-misiles, uno de los principales puntos de fricción entre Washington y Moscú, no sería descabellado pensar en que, a fin de mejorar las relaciones, la nueva administración invirtiera el creciente apoyo de EE.UU. a los países del este de Europa, y especialmente del Báltico, disminuyendo el número de tropas y ejercicios en la zona.

4. Oriente Medio

Una de las proclamas electorales más importantes que ha realizado el presidente electo Donald J. Trump ha sido su manifiesto deseo de combatir con dureza al Daesh, y su antipatía por los musulmanes.

No cabe duda de que tales afirmaciones afectarán directamente a la región de Oriente Medio y a los actores presentes en la zona. Trump, detractor confeso del Tratado de París contra el cambio climático, pretende revigorizar la industria del fracking de EE.UU. para devolver la grandeza a un país que, desde los acuerdos de “seguridad por petróleo” firmados en 1945 a bordo del crucero USS Quincy entre el entonces presidente de EE.UU., Franklin D. Roosevelt, y el rey saudí, Abdelaziz bin Saud, ha sido dependiente del oro negro de sus aliados en el Golfo.

El nuevo presidente sabe perfectamente que la industria del fracking solamente es rentable con un precio por barril superior a los 40$, por lo que si pretende convertir a EE.UU. en el nuevo proveedor de energía del S. XXI solo caben dos opciones, luchar contra las políticas medioambientales impulsadas por el Tratado de París y mantener los precios del crudo por encima de los 40$, algo que únicamente se consigue recortando la producción de los países de la OPEC, principalmente las potencias petrolíferas del Golfo Arábigo, o influyendo sobre los precios que adopten. Ambas dos pasan, ineludiblemente, por mantener la inestabilidad en la zona.

Para ello, tratará de hacer valer su promesa electoral de revocar el acuerdo firmado con Irán. Un asunto para el que cuenta con el apoyo de dos nuevas incorporaciones, Michael Flynn y Mike Pompeo, quién afirmó recientemente que “Extender las sanciones sobre los programas de armamento de Irán es vital para proteger a EE.UU. Volver a autorizar prohibiciones existentes por otros diez años provee al presidente electo Trump y al Congreso una fundación sólida desde la que perseguir una acción adicional contra la República Islámica de Irán. Tengo muchas ganas de trabajar con Trump y mis colegas en las próximas semanas y meses para proteger a nuestra nación”.

5. África

Donald J. Trump ha prometido durante toda su campaña la intención de librar una lucha sin cuartel contra el terrorismo yihadista.

Con Rusia completamente inmiscuida en Siria, e Israel como extensión de la Pax Americana en la región de Oriente Medio, donde recientemente acaba de llevar a cabo su primer ataque contra terroristas del Daesh en territorio sirio , no sería desdeñable pensar que la nueva administración Trump centre su objetivo en África, donde actualmente existen estados fallidos o débiles controlados total o parcialmente por grupos terroristas yihadistas. Estos países, que se extienden desde el Golfo de Guinea hasta el Océano Índico, y hasta el Mediterráneo por el norte, ejercen el control o la presión sobre zonas de trascendente interés energético para Europa, bien por ser zonas de extracción o paso de recursos energéticos.

África es una fuente inagotable de recursos donde EE.UU. ha mantenido una posición privilegiada desde el comienzo de los movimientos descolonizadores que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, pero donde en los últimos años ha ido cediendo terreno a una China sedienta de materias primas con la que alimentar su creciente industria manufacturera.

Es posible que EE.UU. trate de recuperar el terreno perdido en la escena política africana en detrimento de China, quién durante los últimos años ha contribuido a golpe de talonario a financiar infraestructuras civiles que poco han beneficiado a las masas trabajadoras de los países africanos en los que ha desembarcado.

Para conseguirlo, tendrá que combatir los diferentes focos de terrorismo que existen en los distintos países, y fortalecer las estructuras democráticas a través de la colaboración con los gobiernos afectados. Nigeria, Mali, Argelia, Marruecos, Túnez, Libia, Sudán, Níger o Somalia son solo algunos de estos ejemplos.

6. Europa
El viejo continente también ha sido objeto directo en los discursos electorales del presidente electo. No ha dudado en advertir a Europa de que la seguridad tiene un precio, y que ésta debe estar dispuesta a asumir su parte proporcional de los costes.

EE.UU. dejó patente a sus socios europeos en la Cumbre de Gales de 2014 la necesidad de un aumento en el gasto destinado a Defensa. Ese aumento se cifró en un mínimo de un 2% del PIB de cada uno de los países, pero solo han cumplido con sus compromisos tres países europeos pertenecientes a la Alianza Atlántica.

Donald J. Trump no es un defensor de la OTAN, aunque no contará con el apoyo dentro de su propio partido para tratar de desligarse de esta. No obstante, es posible, de fructificar las nuevas relaciones con el Presidente ruso, Vladimir Putin, que disminuya el número de tropas estadounidenses en territorio europeo, especialmente en los países del Este.

Respecto a la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), es probable que lo deje morir. Más si cabe teniendo en cuenta que el acuerdo suscita el rechazo de algunos países del viejo continente.

En el terreno político, es probable que el presidente electo de los EE.UU. apoye a los nuevos partidos populistas y nacionalistas de extrema derecha del viejo continente. Con las elecciones próximas de Alemania, Austria, Francia y Países Bajos, y con la crisis de identidad europea acuciada por otra crisis, la migratoria, es posible que alguno de estos partidos alcance el gobierno y trate de seguir los pasos del Reino Unido.

A Europa se le abriría una vía de agua en la línea de flotación que podría dar lugar a una inundación de grandes proporciones. Está por ver si las nuevas y apresuradas iniciativas puestas sobre la mesa por la Alta Representante, y secundadas por los principales países de la UE, consiguen calmar los ánimos en el viejo continente.

A Europa se le han abierto importantes frentes por el Sur y por el Este. Sin la ayuda estadounidense en el marco de la OTAN, no le queda otra opción que el fortalecimiento de su estructura de seguridad y defensa.

7. China
Sin lugar a dudas, China ha ocupado el centro de todas las miradas de Donald J. Trump en la escena internacional. Al país asiático, segunda potencia económica del mundo, el presidente electo le achaca gran parte de la decadencia industrial, económica y social que han sufrido durante los últimos años EE.UU.

Si bien una de sus promesas electorales ha sido la imposición de elevados aranceles a las importaciones chinas y la carga impositiva contra las empresas estadounidenses que fabriquen en el país asiático, habrá que esperar a ver qué decisión se adopta a partir del 20 de enero de 2017 con el principal acreedor de EE.UU.. La elevada exposición de la economía estadounidense a los fondos soberanos chinos quizás no faciliten la promesa proteccionista del presidente electo tal y como ha hecho saber a sus electores.

EE.UU. ha ido perdiendo peso en la escena internacional en detrimento del gigante asiático, pero no cabe duda de que el proteccionismo y aislacionismo que pretende llevar a cabo la nueva administración no será más que una herramienta a favor de las pretensiones chinas en el mundo. Este proteccionismo y aislacionismo que pretende llevar a cabo en nuevo presidente dejará vacíos de poder en las diferentes regiones del mundo, que pronto China se apresurará en rellenar.

Cabe mencionar, por su importancia, los acuerdos bilaterales de Seguridad y Defensa con los países de la ASEAN, Japón y Corea del Sur. Los acuerdos con la EU en el marco de la OTAN, o los acuerdos bilaterales contraídos con algunos países del patio trasero estadounidense.

Miembros ASEAN

Foto: Miembros ASEAN

En la región Asia-Pacífico, la cual se postula como eje económico a partir de 2030, se ha visto a Filipinas y Malasia virar hacia su vecino del norte, mientras que Japón acaba estudia reevaluar sus relaciones con Rusia y someter a referéndum el viejo acuerdo con EE.UU. por el que se limitaba su fuerza militar. Con un EE.UU. en retirada, Japón podría ver amenazado sus contenciosos insulares con Rusia y China, lo que le obligaría a reforzar su músculo militar y buscar nuevos aliados como India.

Veremos la presión que se ejerce en el Mar del Sur de China en los próximos meses por parte de China y EE.UU. para poder continuar analizando las intenciones de unos y otros en la región. El reciente apresamiento de un USV norteamericano por parte de la marina de China no alberga muchas esperanzas de paz duradera en la zona.

Mientras, en la región oriental del Pacífico y Latinoamérica, es muy probable que China intentare suplir el vacío político y económico que pudiere dejar EE.UU., y el ya patente perpetrado por Venezuela. Tras el fallecimiento del “Padre de la Revolución”, Fidel Castro, y con una Venezuela mermada por su crisis económica y social, China podría convertirse en el nuevo apoyo de los regímenes bolivarianos de América Latina, así como en el nuevo socio económico y comercial del nuevo TPP.

Volviendo a Europa, tras la derrota de la iniciativa del TTIP impulsada por el presidente saliente, Barack Obama, y la posible retirada de apoyo de EE.UU. en el marco de la OTAN, es posible que la UE pudiera volver sus miradas hacia China y su nuevo proyecto de “La Nueva Ruta de la Seda”.

8. Conclusiones.

Aunque inicialmente se presenta un programa de gobierno que amenaza grandes y profundos cambios en la escena internacional, habrá que esperar al resultado de los primeros 100 días en el Gobierno para ver cuál va a ser el camino real a seguir en la escena internacional, y que grado de aceptación tendrán las iniciativas del nuevo presidente entre las mayorías republicanas de la Cámara de Representantes y el Senado.

El nombramiento del CEO de Exxon Mobil, Rex Tillerson, y su estrecha relación con el presidente ruso, Vladimir Putin, nos deja entrever un posible cambio de importante calado en las relaciones con Rusia y, por ende, con sus aliados y enemigos.

Sea como fuere, parece patente el sentimiento de la nueva administración hacia la comunidad de Iberoamérica, China, Rusia, Oriente Medio y la OTAN.

Un nuevo orden mundial se está gestando desde comienzos de siglo, y Donald J. Trump parece decidido a acelerar esta transición.

Reinstaurar el servicio militar: ¿Una opción realista?

El 31 de diciembre de 2001, de una forma un poco chapucera y motivado por las amplias presiones sociales, el servicio militar obligatorio era suspendido en España bajo el gobierno de José María Aznar. 15 años después, España tiene un ejército profesional de algo más de 130.000 efectivos, pero también unos gastos de personal del 75% que inutilizan el exiguo presupuesto de defensa, una tasa de paro por debajo de los 25 años del 46%, y el mayor porcentaje de “ninis” (ni estudian, ni trabajan) de la Unión Europea, con un 25% de los jóvenes entre 15 y 29 años viviendo de sus padres.

Esta situación se repite (de una forma menos dramática) en algunos países europeos. En Francia, por ejemplo, donde existe una importante tasa de paro juvenil (nada que ver con la española, en cualquier caso) Nicolás Sarkozy, que vuelve a postularse como candidato a la presidencia en las elecciones de 2017, ha propuesto reinstaurar el servicio militar obligatorio para jóvenes desempleados. En Berlín también se ha planteado recientemente la reinstauración del servicio militar, suprimido hace sólo cinco años. Pero eso sí, sólo en casos extraordinarios.

La realidad es que ante la situación actual de nuestra juventud, con ese alto porcentaje de “ninis”, con esa tasa de jóvenes desempleados que en ocasiones carecen de motivación ante el oscuro futuro laboral que se les plantea, la idea de reinstaurar el servicio militar ha surgido en algunos foros de nuestro país. Y especialmente en uno, el familiar, en el que muchos padres con buenos recuerdos de la mili (sí, algunos hay), creen que el servicio militar obligatorio sería una buena experiencia para sus desorientados hijos.

Seamos francos, la mili, tal y como la conocimos, no era ninguna maravilla. Los “quintos” recibían una paga mensual ridícula, el equivalente a seis euros de hoy en día. Las medidas de seguridad brillaban por su ausencia, y cada año alrededor de 150 reclutas perdían la vida en maniobras, en labores rutinarias, y en accidentes de vehículos (y también en suicidios). Para muchos jóvenes, la mili interrumpía su vida académica o laboral, para finalmente acabar destinado haciendo alguna tarea en absoluto relacionada con la profesión castrense, desde jardineros a meros sirvientes.

La Legión, uno de los cuerpos más temidos como destino en el sorteo de los "Quintos" por la dureza de las condiciones de vida impuestas en la unidad.

La Legión, uno de los cuerpos más temidos como destino en el sorteo de los “Quintos” por la dureza de las condiciones de vida impuestas en la unidad.

Además, nuestro servicio militar no era en absoluto igualitario, pues ni siquiera en sus últimos años se planteó hacerlo extensivo a la mujer. Familiares de políticos y de altos funcionarios del estado conseguían librarse del servicio a la patria. En los últimos años, además, la objeción de conciencia y la insumisión se extendían como la pólvora. Y quizás lo peor de todo es que la motivación final del servicio militar obligatorio era absurdamente simple e interesada: era la forma más económica de mantener unas Fuerzas Armadas de alrededor de 400.000 efectivos, que debían contener una hipotética invasión de la Unión Soviética al sur de los Pirineos.

Ya en 1961 se denunciaba, de forma cómica, las deficiencias de material del Ejército.

Ya en 1961 se denunciaba, de forma cómica, las deficiencias de material del Ejército.

Pero como nada es blanco o negro, la mili también tuvo sus virtudes: para empezar, ofreció formación y ocupación a toda una generación de jóvenes, especialmente hasta la década de los 70. La movilidad geográfica impuesta por el sistema de sorteo obligó a un gran número de jóvenes a salir de sus casas a una edad temprana, a conocer algo más allá de su provincia, y establecer lazos -en algunos casos inquebrantables- con gente de otras regiones de España con las que aprendieron a sobreponerse a la a veces exagerada disciplina y a la dureza de la vida militar.

La mili era también un lugar donde hacer amigos para el resto de la vida. Una oportunidad de salir de casa y de conocer mundo más allá de tu propia provincia.

La mili era también un lugar donde hacer amigos para el resto de la vida. Una oportunidad de salir de casa y de conocer mundo más allá de tu propia provincia.

El sistema ha sido muy vilipendiado a lo largo de estos años. Pero la realidad es que la profesionalización de las Fuerzas Armadas, en la primera década de este siglo, situó a nuestros ejércitos en una situación muy comprometida. Tal fue el déficit de personal que se abrió la puerta de los centros de reclutamiento a ciudadanos iberoamericanos. Muchos oficiales y suboficiales recuerdan años muy difíciles, en los que se ofertaban tres plazas por cada candidato y en los que se añoraban los soldados y marineros de reemplazo que con mayor o menor entusiasmo hacían mejor su trabajo que algunos de los primeros militares profesionales de tropa y marinería.

La situación cambió, por desgracia (pero por suerte para la defensa nacional), con la llegada de la crisis económica, que ha empujado a jóvenes con formación universitaria y con ilusión por trabajar, a lanzarse a los centros de reclutamiento para engrosar las filas de soldados y marineros de nuestras Fuerzas Armadas. Pero sobreviven en la sociedad un gran número de jóvenes sin ilusión, decepcionados por el sistema, sin motivación para buscar un empleo o mejorar su formación, que constituyen un problema social de gran magnitud. Incluso el profesor Juan A. Herrero Brasas, que ha publicado algunas obras en contra del servicio militar, narraba en una columna de opinión del periódico El Mundo: “Como anécdota curiosa, diré que hace poco Gallardón, medio en serio medio en broma, me decía que si en aquellos momentos hubiera sabido en qué dirección iba a evolucionar gran parte de la juventud española (indisciplina, botellón, indiferencia…) quizás hubiera defendido la abolición de la mili con menos apasionamiento. Yo, también medio en broma medio en serio, le dije que compartía su decepción”.

La Legión es hoy en día uno de nuestros cuerpos más valorados internacionalmente. Su experiencia en operaciones en el exterior ha convertido a este cuerpo en una de las unidades de élite del Ejército de Tierra.

La Legión es hoy en día uno de nuestros cuerpos más valorados internacionalmente. Su experiencia en operaciones en el exterior ha convertido a este cuerpo en una de las unidades de élite del Ejército de Tierra.

Es posible que el servicio militar no sea la solución al problema. Pero en Fuerza Naval nos planteamos la siguiente pregunta: ¿es una opción?. Sin lugar a dudas, su reinstauración no sería fácil. En primer lugar, porque volver a un tiempo pasado nunca es una tarea sencilla. Pero además, hacer arrancar de nuevo un servicio militar en condiciones tendría un considerable coste económico, y un enorme coste político. Muchos expertos consideran, además, que la tarea de “recuperar los valores fundamentales de la sociedad” no debe recaer, al menos exclusivamente, en las Fuerzas Armadas. La profesionalización se considera, en términos generales, más eficiente. Y en ese caso, ¿qué podría aportar recuperar el servicio militar obligatorio?

En primer lugar, desde Fuerza Naval creemos que la nueva mili debería romper cualquier tipo de lazo con el sistema suspendido en 2001. Disponemos hoy en día de unas Fuerzas Armadas modernas, bien adiestradas y equipadas, a pesar de la austeridad presupuestaria. Nuestros ejércitos nada tienen que ver con aquellas sobredimensionadas (esto quizás sea fácil de decir ahora que ha desaparecido la URSS) Fuerzas Armadas de la década de 1980, preparadas para defender el territorio, sin apenas capacidad expedicionaria, donde los “quintos” eran en ocasiones tratados con desprecio y destinados a labores poco nobles para cualquiera con alguna motivación por la carrera de las armas.

La idea no es descabellada. Naciones consideradas más “modernas” que la nuestra, como Austria, Finlandia o Suiza, mantienen el servicio militar obligatorio. Concretamente en Suiza, la eliminación del servicio militar obligatorio fue rechazada en un referéndum en 2013 con el 73% de votos en contra. La nueva mili debería estar dignamente remunerada, debería ofrecer una oportunidad igualitaria a jóvenes de ambos sexos no involucrados en un empleo o en cualquier tipo de estudios de formar parte de la defensa nacional (o de realizar cualquiera de los servicios sociales tan necesarios en estos tiempos de crisis, si presentaran su objeción de conciencia). Quizás deberían reducirse, frente al modelo anterior, los plazos a cumplir, limitando su duración pero ofreciendo a los nuevos “quintos” una verdadera experiencia militar, alejada de tareas superfluas, con un programa de adiestramiento completo y exhaustivo similar al que realizan los actuales militares profesionales de tropa y marinería.

El equipamiento y la formación de nuestras Fuerzas Armadas en la actualidad no tiene nada que ver con el material y la instrucción que recibían los quintos en la década de los ochenta.

El equipamiento y la formación de nuestras Fuerzas Armadas en la actualidad no tiene nada que ver con el material y la instrucción que recibían los quintos en la década de los ochenta.

Nuestras Fuerzas Armadas tienen ahora unos estándares de seguridad impensables en la década de los ochenta (a veces tan restrictivos que limitan las posibilidades de adiestramiento). La formación es variada y completa, cubriendo áreas de aplicación en la vida civil -tales como mecánica, seguridad, administración, entre varias decenas de especialidades…-, y podría ser un valor en alza para esos jóvenes escasamente formados y sin empleo que constituyen un 25% de nuestra juventud. Pero además, aunque no sea tarea exclusiva de nuestras FAS, el servicio militar podría reinstaurar valores básicos para el buen funcionamiento de la sociedad. Podría despertar vocaciones. Ayudaría a nuestros jóvenes a conocer mejor el país en el que viven, a descubrir que son más las cosas que les unen que las que les separan de sus compañeros de otras Comunidades Autónomas. Podría contribuir a paliar un problema social que asola nuestro país y al mismo tiempo contribuir a la defensa de España en estos tiempos inciertos.

Nuestra Infantería de Marina, la más antigua del mundo, es hoy en día un cuerpo moderno y eficaz, con amplia experiencia en operaciones internacionales.

Nuestra Infantería de Marina, la más antigua del mundo, es hoy en día un cuerpo moderno y eficaz, con amplia experiencia en operaciones internacionales.

En algunos medios, ante esta remota posibilidad de reinstaurar el servicio militar, cuestionan para qué ha servido entonces la creación de la Reserva Voluntaria. Pero lo cierto es que la Reserva Voluntaria ha sido un costoso mecanismo para enseñar a los civiles las unidades y acuartelamientos, para darles a conocer las virtudes de la profesión militar, para acercar las Fuerzas Armadas a la sociedad. Pero esta Reserva Voluntaria tiene un público escaso, normalmente ya familiarizado -o al menos, con algún interés- en la institución castrense, y además, ofrece poco valor militar. Una mili “bien hecha”, quizás una suerte de “Reserva No Voluntaria”, acercaría las Fuerzas Armadas al grueso de la población; ofrecería una oportunidad de aventura, de formación técnica y moral a nuestros jóvenes; y además, contribuiría a mejorar las posibilidades defensivas de nuestro país.

¿Unas Fuerzas Armadas ibéricas?

En un momento en que el proceso de construcción europea está detenido, gravemente herido tras el “sí” al BREXIT, desde Fuerza Naval queremos plantear una interesante posibilidad, recogida esporádicamente en la prensa: la unión entre España y Portugal. Evidentemente se trata de un tema ambicioso, con infinidad de implicaciones políticas y económicas. Pero nos centraremos en estudiar los pros y contras de su vertiente militar: la unión de nuestras Fuerzas Armadas y sus implicaciones en la Seguridad y Defensa de la Península Ibérica.

Península ibérica diurna IIIII

El hecho de que ambos estados hayan desarrollado su historia en el seno de la Península Ibérica, al sur de los Pirineos, permite encontrar numerosas semejanzas, lazos culturales y económicos, que alcanzaron su punto álgido bajo el reinado de Felipe II con la unión de ambos reinos, entre 1580 y 1640.

Desde entonces, el Iberismo ha sufrido altibajos, con importantes iniciativas surgidas a mediados del S.XIX de manos de la burguesía castellana y de las nuevas ideas republicano-federalistas, lideradas por insignes españoles como Pi y Margall. El movimiento, caído prácticamente en el olvido durante el S.XX, ha sufrido un nuevo resurgir por la iniciativa de diversas asociaciones iberistas portuguesas y españolas, apoyadas por intelectuales de la talla de José Saramago o Arturo Pérez-Reverte.

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Existen numerosas encuestas realizadas en los últimos diez años que apuntan que un importante porcentaje de los ciudadanos españoles y lusos verían con buenos ojos una unión política. Este porcentaje no ha hecho más que subir, desde el 28% de portugueses a favor de la unión en el año 2006, hasta el 78% según un estudio del Real Instituto Elcano del pasado mes de julio. Por supuesto, existen desavenencias:¿Donde estaría la capital? ¿Estado Central o Federal? Pero de lo que no cabe duda es que el estado ibérico se convertiría en el país de mayor extensión de la Unión Europea, el 5º en población y PIB -lo que permitiría reforzar su protagonismo en las instituciones europeas-, y en la primera potencia turística y pesquera de la UE. Además, este hipotético estado ibérico dispondría de una posición estratégica sin parangón al suroeste del continente europeo, controlando no sólo el Estrecho de Gibraltar, sino también los importantes archipiélagos de Canarias, Madeira y Azores, y gozando además de excelentes relaciones diplomáticas y comerciales con toda Sudamérica y con las antiguas colonias portuguesas en África, entre las que se encuentra Angola, un incipiente productor de petróleo.

¿Pero qué ventajas tendrían una unión militar entre Lisboa y Madrid para la defensa de la península ibérica y de sus intereses en el exterior?. Hablemos primero de los números. Actualmente España gasta alrededor de 5700 millones de euros en defensa. Portugal gasta alrededor de 2.100 millones. Unas hipotéticas fuerzas armadas ibéricas contarían con 7.800 millones de euros de presupuesto, que además estarían mejor invertidos al evitar estructuras duplicadas, tales como cuarteles generales, escuelas y centros de adiestramiento, etcétera… Los 133.000 hombres y mujeres de las fuerzas armadas españolas sumarían, junto a sus 33.000 homólogos portugueses, un total de 165.000 efectivos, que al igual que ocurriría con las infraestructuras, podrían ser empleados de una forma más eficaz evitando duplicidades.

Actualmente, fuerzas especiales lusas y españolas adiestran de forma conjunta a las unidades del ejército iraquí que se enfretarán a DAESH.

Actualmente, fuerzas especiales lusas y españolas adiestran de forma conjunta a las unidades del ejército iraquí que se enfretarán a DAESH.

Nuestros F-18 y Eurofighter, guardianes del espacio aéreo, se verían reforzados por los muy capaces F-16 portugueses. Sus cinco buques de escolta, cuyas dotaciones son herederas de la mejor de las tradiciones marineras de Portugal, reforzarían las capacidades navales aportadas por los once escoltas españoles. Sus submarinos del Tipo 209PN ayudarían a mantener la capacidad submarina mientras nuestra Flotilla espera el reemplazo de los clase Galerna. Sus P-3 Orión permitirían mantener una digna capacidad antisubmarina con los supervivientes del Grupo 22 de nuestro Ejército del Aire. España aportaría, entre otras cosas, una magnífica capacidad de proyección naval y su incipiente capacidad de transporte aéreo estratégico (con la llegada del A-400M), capacidades ambas de las que Portugal carece.

Actualmente, la fragata española Méndez Núñez y la portuguesa Alvares Cabral navegan juntas como parte de la SNMG-1.

Actualmente, la fragata española Méndez Núñez y la portuguesa Alvares Cabral navegan juntas como parte de la SNMG-1.

Evidentemente, estas fuerzas armadas de la península ibérica deberían tender, progresivamente, a la unificación de materiales y doctrina. Existen ya algunas cosas en común, como los C-130 y los C-295 en servicio en ambas fuerzas aéreas, o los carros de combate Leopard II que operan en ambos Ejércitos de Tierra. En cualquier caso si esta alianza, esta fusión de capacidades, se produjera mañana mismo, veríamos unas fuerzas armadas con 186 cazas, 11 escoltas, 5 submarinos, 3 buques de apoyo logístico, y un largo etcétera de capacidades obviamente ampliadas, buscando el máximo aprovechamiento de los medios y los conocimientos de las dos fuerzas armadas ibéricas.

El submarino portugués "Tridente", en una de sus habituales visitas a la base de Cartagena, en Murcia.

El submarino portugués “Tridente”, en una de sus habituales visitas a la base de Cartagena, en Murcia.

Este proceso, en cualquier caso, no sería instantáneo. Pero podrían buscarse pequeñas iniciativas conjuntas que allanaran el camino, tales como la unificación de la vigilancia del espacio aéreo hispano-luso (compartiendo Estaciones de Vigilancia Aérea, bases y aviones en alerta), la unificación de academias militares y centros de adiestramiento, la creación de un grupo hispano-luso de transporte aéreo integrado en el EATC europeo o la aportación de una brigada “ibérica” a los grupos de combate de la Unión Europea.

Nuestros F-18 y los F-16 portugueses podrían rotarse para la protección del espacio aéreo ibérico.

Nuestros F-18 y los F-16 portugueses podrían rotarse para la protección del espacio aéreo ibérico.

Se trata, en cualquier caso, de una posibilidad interesante en estos tiempos en que los austeros presupuestos de defensa obligan a buscar sinergias para un mayor aprovechamiento de los recursos disponibles, y en los que los intereses de Portugal y España en materia de defensa son similares en lo referente a defensa de la integridad territorial, lucha contra el terrorismo y participación en operaciones internacionales.

Potenciando la Armada en diez cómodos pasos. Fase III: La necesidad de una segunda cubierta.

Retomamos con esta tercera entrega nuestra serie de propuestas para potenciar la Armada Española. Las últimas semanas han sido bastante intensas en el ‘trabajo’ y no hemos podido dedicarle todo el tiempo que nos gustaría a nuestra página. Así que lo primero, antes de entrar en materia, es disculparnos por este retraso.

Si has decidido seguir leyendo hay dos opciones: das nuestras disculpas por aceptadas o sientes una irrefrenable curiosidad por saber porque España necesita una segunda cubierta. En anteriores episodios abordamos la necesidad de resucitar el Arma Submarina y de modernizar la Flotilla de Aeronaves. Hoy toca hablar de una de las reclamaciones históricas de nuestra Armada: la necesidad de una segunda cubierta.

Nunca estuvimos más cerca de conseguirlo que aquel 30 de septiembre de 2010 en que el ‘Juan Carlos I’ se entregaba a la Armada. Por aquel entonces, a nuestro buque insignia, el portaaviones ‘Príncipe de Asturias’ todavía le quedaba mucha vida por delante. O eso creíamos los más optimistas. Apenas dos años y medio después el sueño acababa, y nuestro R-11 era despedido a su salida de la Base Naval de Rota, rumbo a Ferrol, por el entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón y Grecia, y el Ministro de Defensa Pedro Morenés.

Aquellos maravillosos años...

Aquellos maravillosos años…

La razón para su prematura baja -apenas llevaba 25 años en servicio- fue la falta de fondos para la modernización del buque, por otro lado más que necesaria. Es necesario admitirlo: no era un barco barato de mantener ni de operar. La leyenda decía que para una prueba de arranque de sus turbinas se consumían 6.000 € de combustible. Pero ¿era necesario?.

Desde luego, el hecho de disponer de portaaviones y de aviación naval de ala fija embarcada no sólo permite a la Armada Española ocupar una posición prominente entre las marinas europeas, sino que además le proporciona una gama de capacidades que sólo están al alcance de apenas una decena de fuerzas navales. El Harrier, a pesar de sus limitaciones, es una excelente plataforma de apoyo aéreo cercano, y la integración del radar APG-65 y el misil AIM-120 AMRAAM le permite desempeñar un nada desdeñable papel en la defensa aérea de la fuerza.

Lamentablemente, el R-11 fue dado de baja sin un ‘bautismo de fuego’. Existieron varias oportunidades -Guerra del Golfo de 1991, Guerra de los Balcanes y Kosovo en los 90, Irak en 2003, Libia en 2011- pero nunca existió voluntad política. Sin duda, de haber entrado en acción, habría demostrado las posibilidades del que fue considerado el mejor de los ‘baby-carrier’ de su tiempo.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, la realidad es que ahora mismo España sólo dispone de una cubierta: el Juan Carlos I. Y no se trata de un portaaviones puro. El L-61 es un buque de asalto anfibio, que puede hacer un poco de todo, pero que carece de algunas de las características básicas de un verdadero portaaviones. La principal, tal vez, su escasa velocidad máxima, de apenas 21 nudos, que limita su capacidad para crear un viento relativo en cubierta que permita una mayor carga al despegue de los aviones o un sustancial ahorro de combustible al abandonar la cubierta.

Nuestro buque insignia.

Nuestro buque insignia.

En cualquier caso, este artículo no trata sobre las carencias del L-61, sino de la necesidad estratégica de una segunda cubierta. Ya durante la crisis del Sahara de 1975, bien por casualidad o por premeditación, Marruecos cogió a la Armada con la guardia baja, con el portaaeronaves Dédalo en mantenimiento, lo que negaba a España de su único vector aeronaval, que quizás habría sido capaz de cambiar el curso de los acontecimientos.

Y este es nuestro principal argumento para la defensa de una segunda cubierta. La necesidad de ‘redundancia’, de garantizar que cuando España lo requiera, la Armada podrá formar un grupo de combate alrededor de una de sus ‘cubiertas’ y proporcionar un decisivo vector aeronaval que incline la balanza de la victoria a nuestro lado, aún cuando la otra cubierta esté en mantenimiento.

Mantener en activo el Príncipe de Asturias habría costado 100 millones de euros en un programa completo de modernización.  ¿Realmente era una suma inasumible?

Mantener en activo el Príncipe de Asturias habría costado 100 millones de euros en un programa completo de modernización. ¿Realmente era una suma inasumible?

Por otra parte, disponer de dos cubiertas operativas durante un conflicto de media o alta intensidad permitiría proporcionar ese vector aeronaval sin descuidar el aspecto anfibio de las operaciones, pudiendo dedicar un buque a cada misión, y además garantizaría los relevos en zona de operaciones en caso de que el conflicto se prolongase. Esto permitiría que, mientras una de las cubiertas permanece en zona, el otro pueda regresar a base, realizar las tan necesarias tareas logísticas y permitir a su dotación descansar para volver al escenario del conflicto con fuerzas renovadas.

Pero ¿qué plataforma necesitamos?. En los tiempos que corren, apostar por un portaaviones “puro” parece poco racional. Sin embargo, desde Fuerza Naval consideramos que en el diseño del Juan Carlos I, tal vez la parte anfibia tuvo más peso que la parte aeronaval. Por esta razón creemos que, si bien un segundo LHD es la opción más económica y coherente, este debe corregir los errores del primero de la serie, especialmente en lo que se refiere a planta propulsora, hangar de aeronaves y tanques de combustible y pañoles de munición para nuestro arma aérea.

Nuestra propuesta: 2 LHD 'a la australiana', con la segunda unidad potenciada para las operaciones aéreas.

Nuestra propuesta: 2 LHD ‘a la australiana’, con la segunda unidad potenciada para las operaciones aéreas.

Algunos nos tildaréis de locos, pero lo cierto es que la Armada ya plantea en su horizonte 2025, expuesto ante los medios a comienzos de 2014, la adquisición de un segundo LHD. ¿Lo verán nuestros ojos?.

Lo que la Armada espera para 2025. En los dos LHD estamos de acuerdo. En reducir el número de escoltas a 10... ¡ni hablar!

Lo que la Armada espera para 2025. En los dos LHD estamos de acuerdo. En reducir el número de escoltas a 10… ¡ni hablar!

Potenciando la Armada en diez cómodos pasos. Fase II: Modernizar la Flotilla de Aeronaves.

La semana pasada comenzábamos esta serie de artículos dedicada a proponer medidas urgentes para potenciar nuestra Fuerza Naval. Para esta segunda entrega hemos decidido afrontar un reto de vital importancia para mantener la capacidad combativa de nuestra Armada: modernizar la Flotilla de Aeronaves. Y lo hacemos sabiendo que seremos objeto de más críticas, si cabe, que las recibidas la semana pasada, ya que las opciones para convertir nuestro Arma Aérea en una unidad moderna y eficaz son mucho más amplias. Insistimos, es necesario definir la viabilidad económica del plan, pero nuestra intención sigue siendo elaborar propuestas razonables sin entrar en detalles sobre su financiación. Por la misma simple razón: la defensa de España no debería tener precio.

2. MODERNIZAR LA FLOTILLA DE AERONAVES.

Si existe otra unidad dentro de la Armada que necesita una actuación urgente, esa es la Flotilla de Aeronaves. Si uno compara las unidades que existían antes de la redacción del Plan Alta Mar y las que existen hoy en día, encontrará numerosas similitudes. La 3ª, 4ª, 5ª y 6ª escuadrilla parecen haberse detenido en el tiempo. Si existe algún cambio es sólo porque el número de unidades original ha menguado. No por nada la Armada Española tiene el helicóptero Sea King más antiguo en servicio (y el primer SH-3D fabricado), joya que se disputan -a la espera de su retirada- algunos de los museos aeroespaciales más importantes de los Estados Unidos.

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Actualmente la Flotilla de Aeronaves dispone de 7 helicópteros AB-212 en la 3ª Escuadrilla, que están siendo modernizados; 4 aviones Cessna Citation II (3 unidades) y VII (1 ejemplar) en la 4º Escuadrilla; 10 helicópteros SH-3D (3 de ellos en versión de alerta temprana) en la 5ª Escuadrilla; 9 helicópteros Hughes 500 MD en la 6ª Escuadrilla; 13 aviones AV-8B Harrier (1 de ellos biplaza) en la 9ª Escuadrilla; 12 helicópteros SH-60B en la 10ª Escuadrilla; y cuatro drones ScanEagle en la 11ª Escuadrilla.

Con el programa de adquisición del NH-90 naval paralizado, actualmente sólo existen en firme dos programas dirigidos a potenciar la FLOAN: la ya comentada modernización de la 3ª escuadrilla y la adquisición de dos helicópteros SH-60F -en versión de transporte de tropas- para potenciar la 5ª escuadrilla y unificar los modelos en servicio.

AB-212 modernizado. Los cambios con respecto al modelo original son francamente visibles.

AB-212 modernizado. Los cambios con respecto al modelo original son francamente visibles.

Se trata, sin duda, de programas de insuficiente calado para encontrar una solución a la situación de obsolescencia y escasez de medios de la FLOAN. Es cierto que en los últimos años se han tomado decisiones acertadas, destacando principalmente la incorporación de los sistemas Scan Eagle, o del Cessna Citation VII. Pero en general, se ha retrocedido en capacidades: tras la conversión de los Sea King, no disponemos de helicópteros con sonar calable; se han retirado del servicio el 25% de la flota de Harrier; la alerta aérea temprana de la Flota requiere una urgente modernización.

Scan Eagle, el UAV elegido por la Armada.

Scan Eagle, el UAV elegido por la Armada.

En Fuerza Naval consideramos que la Flotilla de Aeronaves necesita un programa completo de potenciación y modernización. Los medios aéreos son un multiplicador de fuerza indispensable de cualquier Armada moderna, que incrementan notablemente la capacidad de proyectar el poder naval. Y por esa razón nos hemos propuesto remozar cada una de las escuadrillas, de arriba a abajo.

La Tercera Escuadrilla.

Los siete “gatos” que componen la 3ª Escuadrilla forman parte de un pedido inicial de 14 helicópteros adquiridos entre 1974 y 1980. Desde 1987, su misión principal ha sido el transporte de tropas. Desde 2013 la escuadrilla está inmersa en un proceso de modernización por parte de las empresas SENER e INAER en Albacete. El programa consiste en la introducción de avances en aviónica y nuevas capacidades como radar, FLIR, AIS y GPS, grúa de carga, sistema de visión nocturna y sistemas de autoprotección (detección de misiles, protección balística y asientos blindados). La Armada ha recibido ya dos helicópteros completamente modernizados.

Cabina de un AB-212 modernizado.

Cabina de un AB-212 modernizado.

Desde Fuerza Naval creemos que si este programa no estuviese ya en ejecución lo más recomendable sería la sustitución de todos los AB-212, quizás por helicópteros del tipo SH-60, por eso de unificar modelos. Pero ahora que el Ministerio de Defensa ha comprometido recursos económicos en esta modernización estamos dispuestos a sacar el mejor partido de estos veteranos. Eso sí, modernizar e incorporar a la 3ª Escuadrilla los 6 helicópteros del mismo tipo que el Ejército de Tierra opera con el BHELMA VI en las Islas Canarias ayudaría a alcanzar una cifra un poco más digna (13) de unidades en servicio.

La modernización permitirá a estos helicópteros cumplir con mayor eficacia no sólo sus misiones como transporte de tropas, sino como unidad aérea embarcada en escoltas y patrulleros de la Armada, especialmente en los Buques de Acción Marítima que ya se han desplegado en varias ocasiones con este modelo de helicóptero en el océano Índico como parte de la Operación Atalanta de lucha contra la piratería.

La Cuarta Escuadrilla.

Aunque esta escuadrilla cumple un gran número de misiones auxiliares, consideramos que su modernización no debe ser prioritaria, si bien es cierto que -con dinero de sobre- debería plantearse la opción de adquirir tres Cessna Citation VII para reemplazar a los Citation II que siguen en servicio.

Cessna Citation en la plataforma de la Base Naval de Rota.

Cessna Citation en la plataforma de la Base Naval de Rota.

En una opinión muy personal de los autores de esta página, y dado que la propia Armada define el apoyo logístico a unidades de la Armada como misión principal de esta escuadrilla, consideramos que tal vez debería plantearse su sustitución por una unidad de mayor porte y versatilidad, bien sean C-295 o los más económicos C-212 que, modernizados, incrementarían la capacidad logística de la escuadrilla y permitirían realizar el resto de misiones encomendadas a esta unidad (desde vigilancia marítima a colaboración con maniobras, pasando por un -más incómodo- transporte de autoridades).

La Quinta Escuadrilla.

Para la quinta escuadrilla, y aunque no hay quinta mala, dada su avanzada “edad” proponemos una medida radical. La baja de 6 de los 7 helicópteros SH-3D de transporte de tropas (que serían utilizados para repuestos), la conversión de uno de ellos para realizar labores de alerta temprana, y la modernización de los tres SH-3W incluyendo la instalación de la versión más avanzada del Searchwater 2000 y, a ser posible, Link 16.

Helicóptero SH-3W con radar Searchwater.

Helicóptero SH-3W con radar Searchwater.

De esta forma, la quinta escuadrilla quedaría reducida a cuatro unidades SH-3W modernizadas, que mantendrían la capacidad de alerta aérea temprana de la flota, con un nuevo radar y un excelente sistema de transferencia de datos, y con seis de los viejos “quintas” como fuente de repuestos. Estos helicópteros podrían, además, cumplir misiones como Target Reporting Units y como unidad conductora de Strike Packages.

La Sexta Escuadrilla.

Otra de las escuadrillas más veteranas, la sexta escuadrilla, cuenta actualmente con nueve helicópteros Hughes 500. Se trata de unidades adquiridas en la década de los setenta, que necesitan una modernización, pero que cumplen a muy bajo coste con un gran número de misiones auxiliares, que van desde el adiestramiento de nuevos pilotos hasta misiones de reconocimiento, pasando por transporte de personal a apoyo a operaciones especiales.

Es en esta última misión donde creemos que la sexta escuadrilla todavía tiene mucho que aportar. Una modernización y la instalación de armamento permitiría convertir a estos helicópteros en una plataforma ideal para la cada vez más capaz Fuerza de Guerra Naval Especial. No en vano este helicóptero es la base del MH-6 Little Bird empleado por el escuadrón 160th SOAR Night Stalkers de operaciones especiales.

Imagen artística de dos MH-6 Little Bird con componentes de un equipo de operaciones especiales a bordo.

Imagen artística de dos MH-6 Little Bird con componentes de un equipo de operaciones especiales a bordo.

Sin lugar a dudas, se trata de una aeronave que por su versatilidad y bajo coste de operación y mantenimiento conviene mantener en servicio, si bien es necesario tener en mente la necesidad de un sustituto a medio plazo.

La Séptima Escuadrilla.

Sí, es cierto, fue desactivada en 1984, tras sólo 12 años en activo. Pero nuestra intención es reactivarla. La Infantería de Marina Española, la más antigua del mundo, es una fuerza potente y capaz, y disponer de helicópteros de ataque le ofrecería una excelente herramienta de apoyo aéreo cercano. Una buena opción para dotar a esta escuadrilla sería la evolución de los AH-1G Cobra que la formaron en 1972. El AH-1W Super Cobra, principal helicóptero de combate del US Marine Corps, es una plataforma versátil y potente, que además ofrece un coste de adquisición reducido: 11 millones de dólares frente a los, por ejemplo, 33 millones de euros (en un cálculo optimista) que cuesta un NH-90. La relación de amor del USMC con esta veterana aeronave da fe de su fiabilidad y su capacidad combativa. Nuestra apuesta pasa por la adquisición de ocho unidades de este tipo.

AH-1W Super Cobra. Sin duda merecen una segunda oportunidad en la Armada.

AH-1W Super Cobra. Sin duda merecen una segunda oportunidad en la Armada.

La Novena Escuadrilla.

Sobre este apartado podemos garantizar que la polémica está servida. Existe un sustituto para el AV-8B Harrier: el F-35B. Pero existe un inconveniente. Es tremendamente caro. La página oficial del F-35 estima el coste de la versión VSTOL -y es muy optimista- en 104 millones de dólares. Evindentemente, nos encantaría ver una novena escuadrilla con 24 F-35B, pero esto saldría, como mínimo, por 2500 millones de dólares. Quizás a medio plazo podríamos encontrar una solución colaborativa con el Ejército del Aire. Pero de momento, pensemos en como sobrevivir con los nobles y ya veteranos AV-8B.

AV-8B Harrier. Apoyo aéreo cercano de la Infantería de Marina y defensa aérea de la Flota.

AV-8B Harrier. Apoyo aéreo cercano de la Infantería de Marina y defensa aérea de la Flota.

Se trata de un excelente avión para misiones de apoyo aéreo cercano. La instalación del APG-65 y la capacidad de lanzar el misil AMRAAM lo convirtió, además, en un vector más -mejorable, por supuesto- de la defensa aérea de la fuerza. Ahora mismo hay en servicio 12 unidades, además de un avión biplaza. Desde Fuerza Naval creemos que el número perfecto serían 24 aviones (sí, quizás parezcan muchos, pero nuestra Fase III explicará porqué). ¿Y como conseguirlos? ¿Cómo mantenerlos en servicio hasta poder encontrar -más bien pagar- un sustituto?. Quizás la solución pase por el stock del USMC, que será dado progresivamente de baja durante los próximos años, pero que hoy en día mantiene 111 aviones en servicio. Por otro lado, esperamos que todavía se puedan rescatar los 4 AV-8B no modernizados retirados de servicio en 2014. De otra de las opciones, el AMARG, ya hablamos en un artículo anterior. En cuanto al mantenimiento, parece necesario llegar algún tipo de acuerdo con Boeing para garantizar el soporte a estos emblemáticos aviones.

Mantener aviación embarcada de ala fija permite a la Armada pertenecer a un selecto club de fuerzas navales capaces de emplear un medio que no sólo permite mejorar la defensa aérea de la fuerza, sino también proporcionar apoyo aéreo cercano a las unidades en tierra o efectuar misiones de reconocimiento de alto riesgo.

La Décima Escuadrilla.

Probablemente la escuadrilla más operativa y eficaz de la Flotilla de Aeronaves. Con 12 helicópteros del modelo SH-60B, creemos que está capacitada para cumplir con las misiones encomendadas, si bien -como veremos más adelante- la guerra antisubmarina necesita nuevas “monturas”. Destacar como único aspecto negativo la tan ansiada y aún no operativa opción de contar con los misiles Hellfire en estas excelentes aeronaves.

Helicóptero de la 10ª Escuadrilla con ametralladora GAU.

Helicóptero de la 10ª Escuadrilla con ametralladora GAU.

La Undécima Escuadrilla.

Nuestra escuadrilla más joven, dotada con un sistema Scan Eagle y cuatro drones. La incorporación de los UAV a la Armada ha llegado tarde, pero ha llegado. Sin lugar a dudas deberá ser potenciada en los próximos años. Desde Fuerza Naval esperamos ver la incorporación de nuevos sistemas UAV, ya sea el Scan Eagle de Boeing o alguno de los interesantes modelos existentes en el mercado, como el Pelícano de Indra o el MQ-8 Fire Scout de Northrop Grumman.

Infografía de ABC sobre el UAV Scan Eagle.

Infografía de ABC sobre el UAV Scan Eagle.

La Duodécima Escuadrilla.

Sí, acabamos de crear una nueva escuadrilla. Pero con una buena razón: potenciar la guerra antisubmarina, una de nuestras grandes preocupaciones. Y para ello hemos decidido optar por un viejo conocido de la FLOAN: el SH-60. Pero esta vez queremos hacernos con 12 ejemplares del modelo F. Y la razón para elegir este modelo es su sonar calable. Como decíamos al principio de este artículo, con la modificación de los SH-3D España perdió esta capacidad, y en un mundo centrado en el combate litoral contra submarinos cada vez más silenciosos, la guerra antisubmarina vuelve a decantarse por la detección activa. Estos 12 helicópteros adicionales permitirían, además, garantizar que cualquier de nuestros escoltas (más tarde hablaremos sobre si tenemos suficientes o no) se desplieguen siempre con una Unidad Aérea Embarcada.

Aeronaves antisubmarinas y sónares calables: una deuda pendiente de la Armada.

Aeronaves antisubmarinas y sónares calables: una deuda pendiente de la Armada.

La Decimocuarta Escuadrilla.

Nos hemos saltado el número 13, y no es por casualidad. Todo el mundo sabe (o debería saber) que los marinos son excelentes supersticiosos. Esta decimocuarta escuadrilla vendría a cubrir el hueco dejado por la quinta escuadrilla tras nuestra remodelación, aportando nuevas unidades aéreas para el transporte de fuerzas de Infantería de Marina y otras labores logísticas. El aparato elegido: de nuevo el SH-60. Como veis estamos comprometidos en la unificación de modelos. En este caso optamos por el MH-60S, una aeronave basada en realidad en la versión terrestre del SH-60, el UH-60, y especialmente adaptada para el transporte. Se trata, de nuevo, de un helicóptero probado y fiable, del que ya conocemos la mayor parte de los secretos de mantenimiento. Convenientemente armado, sería un excelente medio de asalto helitransportado, sin descuidar la posibilidad de realizar labores logísticas entre unidades de la Armada.

Marines de los Estados Unidos realizando Fast-Rope desde un MH-60S.

Marines de los Estados Unidos realizando Fast-Rope desde un MH-60S.

La Decimoquinta Escuadrilla.

¿Otra más? Sí, no nos hemos vuelto locos, aunque esta vez quizás nos busquemos la enemistad de alguien en el Ejército del Aire. Nosotros, los creadores de Fuerza Naval, exigimos la transferencia de las unidades de ala fija de patrulla marítima, como parte de la que sería la 15ª Escuadrilla de aeronaves, con objeto de potenciar un vector de nuestra defensa que ha caído en el olvido, que consideramos indispensable para potenciar la guerra antisubmarina en nuestro país y que bajo control de la Armada realizaría una labor reconocida y eficaz para la defensa de nuestro país.

P-3 Orión, veterana aeronave antisubmarina que modernizada tiene todavía mucho que decir.

P-3 Orión, veterana aeronave antisubmarina que modernizada tiene todavía mucho que decir.

Pero obviamente, necesitamos una inversión en medios. La teoría dice que el Ejército del Aire tiene 5 P-3 (3xM, 1xB y 1xA) en servicio. Los rumores aseguran que son menos. Y ni siquiera se ha completado la transformación al modelo M. Desde Fuerza Naval contemplamos varias opciones:

– Opción más realista: la adquisición de unidades adicionales del modelo P-3 Orión, hasta alcanzar las 12 unidades, modernizados al estándar MIKE y con una revisión completa que garantice la capacidad de patrulla marítima hasta la entrada en servicio de un digno sucesor.
– Opción más optimista: la adquisición de nuevas aeronaves de patrulla marítima, con capacidades similares al P-3 Orión. En realidad, y descartando el prohibitivo P-8 Poseidón, el único modelo que sobrevuela nuestras cabezas es el P-1 japonés, una razonable opción ahora que Tokio ha levantado las restricciones a la exportación de material militar.
– Opción contra el desastre: la adquisición de C-295 MPA. Sí, se construyen aquí y crearían empleo. Su coste no es excesivo. Pero sin embargo se trata de una aeronave de inferiores capacidades a las de sus hermanos mayores. No es, en absoluto, nuestra opción preferida, pero ante la posibilidad -esperamos que remota- de perder la capacidad de patrulla marítima, podría constituir un último recurso.

Avión de patrulla marítima japonés P-1, fabricado por Kawasaki. Una opción moderna, más capaz (sobre el papel) que el P-3 Orión y más económica que el P-8 Poseidón americano.

Avión de patrulla marítima japonés P-1, fabricado por Kawasaki. Una opción moderna, más capaz (sobre el papel) que el P-3 Orión y más económica que el P-8 Poseidón americano.

Conclusión.

Hasta aquí llegan nuestras fantasías. Como en anteriores episodios, estamos abiertos a todo tipo de crítica y esperamos generar un debate constructivo sobre el estado actual y el futuro de nuestra Flotilla de Aeronaves, elemento vital de nuestra Armada para el que urge una solución que modernice e incremente los medios disponibles. Estos medios aéreos constituyen un importantísimo multiplicador de fuerza en la guerra naval moderna. Encontremos los recursos para dotar a nuestra Armada de una FLOAN completa y capaz.

Un repaso rápido a nuestras propuestas dejaría una Flotilla de Aeronaves compuesta por las siguientes escuadrillas:

– 3ª Escuadrilla: 12 AB-212 (Transporte de tropas).
– 4ª Escuadrilla: 3 Cessna Citation II y 1 Cessna Citation VII (Tareas logísticas).
– 5ª Escuadrilla: 4 SH-3W (Alerta aérea temprana).
– 6ª Escuadrilla: 8 Hughes 500 (Operaciones especiales y adiestramiento).
– 7ª Escuadrilla: 8 AH-1W Super Cobra (Apoyo aéreo cercano).
– 9ª Escuadrilla: 24 AV-8B Harrier (Apoyo aéreo cercano y defensa aérea de la fuerza).
– 10ª Escuadrilla: 12 SH-60B (Guerra de superficie y antisubmarina).
– 11ª Escuadrilla: Drones Scan Eagle (Reconocimiento y vigilancia).
– 12ª Escuadrilla: 12 SH-60F (Guerra de superficie y antisubmarina).
– 14ª Escuadrilla: 12 MH-60S (Transporte de tropas y tareas logísticas).
– 15ª Escuadrilla: 12 P-3M Orión (Patrulla marítima y guerra antisubmarina).

MV-22 Ospreys. Se ha especulado con la posibilidad de adquirir este modelo pero, por un lado, limitarían las plataformas capaces de operarlo, y por otro se trata de una aeronave de alto coste de adquisición.

Harrier y MV-22 Ospreys a bordo del Juan Carlos I. Se ha especulado con la posibilidad de adquirir este modelo pero, por un lado, limitarían las plataformas capaces de operarlo, y por otro se trata de una aeronave de alto coste de adquisición.

Obviamente, quedan muchos aspectos por definir. El primero y más habitual ¿Cómo se paga todo esto?. Bien, ya hablamos en el capítulo inicial de esta serie de la necesidad de subir el presupuesto de defensa. En cualquier caso las plataformas que proponemos no son excesivamente caras. ¿Cuantos pilotos hacen falta? ¿Donde se adiestrarían? Además de la Base Naval de Rota ¿Debería habilitarse otra base aeronaval donde dispersar parte de estas unidades (¿Quizás en Alvedro, La Coruña, por su cercanía a Ferrol?; ¿O en San Javier, Murcia, por su cercanía a Cartagena?). Estas y otras muchas cuestiones quedan en el aire. Esperamos, sin embargo, haber plantado una semilla en vuestras conciencias sobre la necesidad de invertir recursos en potenciar el Arma Aérea de la Armada.

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Y en la próxima entrega… Fase III: La necesidad de una segunda cubierta.

Potenciando la Armada en diez cómodos pasos. Fase I: Resucitar el Arma Submarina.

La semana pasada hablábamos del Plan Alta Mar, elaborado a finales de los ochenta y responsable, en gran parte, de la entrada en servicio de las unidades que hoy en día componen la Armada Española. Desde Fuerza Naval concluíamos que era indispensable elaborar un nuevo plan naval, dotado de suficientes recursos económicos y dirigido a convertir a la Armada Española en una marina capaz de proyectar fuerza y garantizar la defensa de los intereses de España.

Y eso es lo que nos hemos planteado hacer. Proponer lo que desde nuestro (a veces experimentado) punto de vista necesitaría la Armada para cumplir con su misión. Y lo hacemos conscientes de que nuestro particular “Plan Naval” será objeto de opiniones -mayormente críticas- de todo tipo. Sin duda, la mayoría de vosotros, tras leer nuestras propuestas, os surgirá una pregunta: ¿cómo se paga todo esto?…

Bien, la respuesta es que ahora mismo NO se puede pagar. España invierte en defensa un exiguo porcentaje del PIB. Las fuentes más optimistas estiman este gasto en un 0.9%, cuando la OTAN recomienda un gasto del 2%. En la visita de Barack Obama a Europa el pasado mes de abril, el presidente americano dijo en Hannover: “Seré sincero. Europa ha sido en ocasiones autocomplaciente con su propia defensa […] Es por ello que cada miembro de la OTAN debe contribuir con su parte proporcional, un 2% del PIB, algo que no siempre ocurre”.

Por esta razón, el plan sólo es realizable si el gobierno que saldrá (o no) de las urnas el 26J decide escuchar la recomendación de Obama y aumentar el gasto en defensa. Sin duda es necesario definir la viabilidad económica del plan, pero nuestra intención es hacer propuestas razonables capaces de solventar las principales carencias de nuestra Armada sin entrar en detalles sobre su financiación. Por una simple razón: la defensa de España no debería tener precio.

España merece una Fuerza Naval dimensionada en concordancia a su estatus como nación marítima.

España merece una Fuerza Naval dimensionada en concordancia con su estatus como nación marítima.

Os rogamos, por tanto, que en las diez entradas que completarán esta serie veáis detrás a los colaboradores de esta página, razonando ilusionados sobre la manera más eficaz de reforzar nuestras capacidades navales, y soñando con la muy remota posibilidad de remover alguna conciencia política, de conseguir llegar a alguien que al leernos llegue a la conclusión de que “hay que hacer algo con la Armada”.

RESUCITAR EL ARMA SUBMARINA.

Y hemos decidido empezar por aquí. Sin lugar a dudas, el Arma Submarina se encuentra actualmente en una situación crítica. En el año 2000 la Armada disponía de ocho submarinos. Hoy en día sólo sobreviven tres. El S-71 Galerna, el S-73 Mistral y el S-74 Tramontana acumulan más de treinta años de servicio en sus cuadernas. Y ante el retraso de la Serie 80, es posible que terminen acumulando una década más.

El Mistral en una reciente visita a la Ría de Pontevedra. Foto de "Pontevedra Viva"

El Mistral en una reciente visita a la Ría de Pontevedra. Foto de “Pontevedra Viva”

Esta es una de las carencias más graves de nuestra Fuerza Naval. La solución no es, en absoluto, sencilla. La Armada está “hipotecada” con el proyecto S-80. La inversión en tiempo y dinero del Ministerio de Defensa en este programa ha alcanzado un punto de no retorno, donde los costes de cancelar el programa son inasumibles. Quizás, una pequeña serie de dos unidades de la clase Scorpene habría servido de transición para adaptar la Flotilla de Submarinos al S.XXI y evitar la situación actual, en la que cualquier retraso del astillero (embarcado en un proyecto extremadamente complejo) se traduce en un perjuicio a la capacidad submarina de la Armada.

El submarino chileno O'Higgins, de la clase Scorpene, construido en Navantia Cartagena. Podrían haber sido unas buenas unidades de transición.

El submarino chileno O’Higgins, de la clase Scorpene, construido en Navantia Cartagena. Podrían haber sido unas buenas unidades de transición.

Desgraciadamente (en opinión de Fuerza Naval), tras el divorcio de Navantia y DCNS, la opción del Scorpene ya no está sobre la mesa. Distintas fuentes barajan 2020 como fecha de entrega de la primera unidad de la Serie 80, pero existen todavía algunas incógnitas que la falta de transparencia sobre el programa no ayuda a aclarar. ¿Funciona el AIP? ¿Lo desarrolla Técnicas Reunidas? ¿Abengoa continúa en el programa? ¿El S-82 pasará a ser el S-81? ¿Se recortará la serie a sólo tres unidades? ¿Hay dinero para asumir los errores de diseño detectados? ¿Saldrá el primer submarino con AIP?. Quizás en la Critical Design Review de este verano obtengamos algunas respuestas a estas preguntas.

Plano del interior del submarino S-80. El diseño ha sufrido un incremento de 7 mts de eslora para solucionar el problema de reserva de flotabilidad.

Plano del interior del submarino S-80. El diseño ha sufrido un incremento de 7 mts de eslora para solucionar el problema de reserva de flotabilidad.

Desde Fuerza Naval presentamos dos alternativas. La primera alternativa pasa por “copiar” el programa de submarinos portugueses. 800 millones de euros que servirían para adquirir dos submarinos tipo 214 a los astilleros alemanes HDW, incluyendo un programa de formación para nuestras dotaciones, que arrastran un importante retraso tecnológico. Se trata de un tipo de submarino moderno y probado, que podría servir como elemento de transición hasta la entrada en servicio de los S-80, con sistemas compatibles con estos (misiles SubHarpoon, torpedos DM2A4, comunicaciones por satélite de INDRA…) y que además mantendría con cierta dignidad -total en materia tecnológica, parcial en cuanto a número de unidades- la capacidad submarina de la Armada dando tiempo a Navantia y sus socios a completar el programa S-80 con éxito.

Submarino portugués Tridente, de la clase 214 (en realidad, 209PN). Sin lugar a dudas, nuestros vecinos han dado un salto de gigante en cuanto a capacidad submarina.

Submarino portugués Tridente, de la clase 214 (en realidad, 209PN). Sin lugar a dudas, nuestros vecinos han dado un salto de gigante en cuanto a capacidad submarina.

Pero los sueños, sueños son. Lo más probable es que simplemente nos limitemos a esperar a la botadura del S-81 (o S-82), ya que aunque prometimos no enfrascarnos en discusiones presupuestarias, 800 millones de euros adicionales para la FLOSUB serían difíciles de conseguir. Por esta razón, nuestra segunda alternativa pasa por acometer una modernización completa de los submarinos de la Serie 70 que siguen en servicio…

Los medios de comunicación se han hecho eco de la posibilidad de que se apruebe una quinta gran carena, lo que significaría que estas veteranas unidades continuarían en servicio hasta 2025. En la última década se les ha dotado de un periscopio optrónico, de comunicaciones por satélite y de nuevos sonares. Desde Fuerza Naval creemos que podría hacerse más: actualizar el sistema de baterías, instalar un sistema de combate, reemplazar parte de su vetusta maquinaria. Muchas de estas modificaciones existen y han sido aplicadas a los submarinos Agosta paquistaníes (incluyendo la capacidad de lanzar misiles Exocet y el sistema AIP francés “MESMA”). Quizás, convertir dos de nuestros S-70 en “S-70 PLUS” facilitaría la transición al S-80, garantizaría la capacidad submarina de la Armada y -quién sabe- daría lugar a plantear la posibilidad de volver a una fuerza submarina de al menos seis unidades.

Cámara de mando de un submarino Agosta paquistaní, que cuenta con un sistema de combate y consolas integradas. ¿Podría adaptarse a los submarinos españoles?

Cámara de mando de un submarino Agosta paquistaní, que cuenta con un sistema de combate y consolas integradas. ¿Podría adaptarse a los submarinos españoles?

En cuanto a los S-80, esperamos su entrada en servicio lo antes posible. Independientemente de que la instalación del AIP se haga antes o después de su entrega a la Armada, ahora que parece resuelto el problema de reserva de flotabilidad, serán unos submarinos dotados de un excelente sistema de combate y tecnología del S.XXI, que sin duda potenciarán las capacidades de un arma submarina que opera unas plataformas diseñadas en los años setenta. No debemos perder de vista la capacidad de ataque a tierra, que todavía depende de la -de momento inexistente- voluntad política de adquirir el misil de crucero Tomahawk, un sistema de armas para el que los S-80 han sido preparados y que reforzaría el papel estratégico de nuestra Flotilla de Submarinos.

Misil Tomahawk lanzado desde un submarino. La discreción de estas plataformas las convierte en unos excepcionales lanzadores y en un elemento estratégico indispensable.

Misil Tomahawk lanzado desde un submarino. La discreción de estas plataformas las convierte en unos excepcionales lanzadores y en un elemento estratégico indispensable.

En conclusión, desde FN creemos que es necesario una solución de transición hasta la entrada en servicio del primer S-80. Creemos también que, bien con el AIP instalado desde un principio o bien tras los primeros años de servicio, es de suma importancia que estos submarinos sean entregados a la Armada a la mayor brevedad, especialmente en la situación actual en la que no se plantea de manera oficial una solución de transición más allá de alargar la vida de la Serie 70. Consideramos, además, que la FLOSUB debería contar al menos con seis submarinos para cumplir con sus misiones, garantizando así la disponibilidad de dos de ellos en cualquier momento (incluyendo averías y otros imprevistos). Por último, creemos que es indispensable que el estamento político dote a estos nuevos buques del misil de crucero Tomahawk, armamento que el S-80 está preparado para utilizar y que sin lugar a dudas supondría un salto en las capacidades estratégicas de la Armada.

Submarino S-80, en una impresión artística. Esperamos tener pronto imágenes de sus pruebas de mar.

Submarino S-80, en una impresión artística. Esperamos tener pronto imágenes de sus pruebas de mar.

Nuestro arma submarina necesita una solución. La Flotilla de Submarinos es parte de la columna vertebral de la Armada y sus submarinistas necesitan nuevas “monturas” que garanticen no sólo la supervivencia del arma, sino el cumplimiento de su amplio espectro de misiones: desde la negación del espacio marítimo al enemigo, pasando por la guerra antisubmarina, la disuasión, las labores de inteligencia o la inserción de equipos de operaciones especiales, hasta llegar, quizás en futuro no muy lejano, a la capacidad de realizar ataques quirúrgicos con misiles de crucero. El pasado año se cumplieron 100 años de servicio del arma submarina. Demos a nuestros submarinistas los medios para defender a España en primera línea otros 100 años más.

Flosub pequeño

¡AD UTRUMQUE PARATUS!

En el próximo capítulo… FASE 2: Modernizar la Flotilla de Aeronaves.

La ofensiva de España contra DAESH. Llegó la hora de actuar en Libia

Comenzaba el año 2011 inmerso en un escenario turbulento nunca antes visto en varios países del flanco sur del Mediterráneo, zona de gran interés geoestratégico para España, y ante las sistemáticas violaciones de los Derechos Humanos que el dirigente libio Muammar Gadafi cometía contra su propia población para aplacar las protestas del pueblo por la situación que en Libia se vivía, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) adopta la resolución 1970, de 20 de Febrero, amparada en el artículo 41 del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas (NNUU) en la que se solicita el cese de la violencia por parte de las tropas gubernamentales contra su propia población y la consideración de las demandas legítimas del pueblo libio.
Ante la negativa del líder libio a cumplir las exigencias de la comunidad internacional expresadas en la Resolución 1970 del CSNU, éste adopta la Resolución 1973 con diez votos a favor y cinco en contra, en la que se autoriza el uso de todos los medios necesarios de fuerza para proteger a los civiles o a las zonas donde los haya, así como para prohibir los vuelos sobre el espacio aéreo libio (la conocida como zona de exclusión) y hacer cumplir el embargo de armas. Ésta es la primera Resolución del CSNU tras la Primavera Árabe en la que la comunidad internacional legitima a cualquier país u organización internacional a hacer uso de la fuerza para hacer cumplir las Resoluciones del CSNU y estabilizar el estado libio. Ésta fue la primera ocasión en las que las Fuerzas Armadas Españolas colaboraron en la estabilización de Libia enmarcadas en la Operación de la OTAN “Unified Protector”, con la participación de aviones F-18, un avión cisterna, uno de vigilancia, una fragata y un submarino para cumplir la Resolución de la ONU de embargo de armas y exclusión aérea en Libia.
Lo que ocurrió a continuación es sobradamente conocido por los lectores. Derrocamiento de Gadafi, desestabilización del país tras las repetidas intentonas fallidas de formar un gobierno de unidad nacional, fragmentación del país en milicias locales, y finalmente la irrupción del autodenominado Estado Islámico (EI) en el conflicto interno libio.
Así pues, y tras cinco años de estancamiento político y deterioro de las condiciones de Seguridad en Libia y en el Mediterráneo, hecho el cual afecta directa y considerablemente a la Seguridad de Europa, la ONU ha fomentado un acuerdo de formación de gobierno coherente e inclusivo recién aprobado por las partes interesadas. Sobradas son las razones por las que las fuerzas políticas locales pueden y deben ponerse de acuerdo que posibilite la propuesta de la ONU.
Es, una vez adoptado el acuerdo de formación de Gobierno, y con el consentimiento y a petición de éste, cuando de nuevo la comunidad internacional debe actuar militarmente reforzando la actual misión llevado a cabo por las tropas de la UNSMIL bajo el amparo Art.42 del Capítulo VII de la Carta de NNUU con el objetivo de eliminar la presencia del DAESH en el territorio libio y proporcionar al nuevo Gobierno todas las herramientas necesarias para que pueda asegurar la seguridad de sus ciudadanos, sus infraestructuras críticas, y el cumplimiento de la Ley. Una misión Peacebuilding que Libia necesita urgentemente a fin de poder cumplir con sus responsabilidades de estado.

Foto Libia
Foto: Reparto de territorio en Libia

Desde el 1 de Enero de 2015, y hasta el 31 de Diciembre del presente año, España ocupa un asiento en el CSNU como miembro no permanente, el máximo órgano de decisión de la ONU. Este asiento, arduo de conseguir, puede suponer múltiples prerrogativas a la nación dependiendo del grado de implicación de España en el contexto geopolítico internacional y la resolución de conflictos.

España es un país firmemente comprometido con la paz y la seguridad internacionales, y ha adoptado un enfoque multidisciplinar para combatir, desde la perspectiva multilateral, las amenazas que ponen en riesgo la estabilidad internacional. No sólo contribuye con sus tropas al sostenimiento de las misiones de Naciones Unidas, sino que es un activo promotor de la diplomacia preventiva, poniendo el énfasis en las causas profundas de los conflictos.

España ha sido y sigue siendo un actor importante en los trabajos de Naciones Unidas para hacer frente a las nuevas amenazas como el terrorismo, la piratería o la delincuencia organizada transnacional, y considera fundamental la labor de estabilización en la etapa post conflicto y a ello obedece su empeño en participar activamente y reforzar el trabajo de la Comisión de Consolidación de la Paz.

Así pues, se podría considerar que es el momento oportuno para, aprovechando el grado de influencia y decisión que proporciona la membresía a tan distinguido órgano, participar activamente en una operación militar como la que se presenta en Libia, a la postre zona de gran interés para la Seguridad Nacional, y que pudiere proporcionar pingües beneficios al país en términos políticos, económicos y comerciales. Por un lado aumentaría el prestigio internacional del país a nivel político y militar, y por otro favorecería la posición española en temas que nos concierne como el levantamiento del embargo a la isla de Cuba, la resolución del contencioso abierto con Colombia tras el hallazgo del Galeón “San José”, el posicionamiento de España como hub energético del sur de Europa, etc.

Esta nueva misión internacional, amparada bajo la legitimidad que proporcionan las resoluciones del CSNU y encuadrada en un escenario de baja-media intensidad, es una perfecta oportunidad para que España demuestre su papel de potencia media interesada y preocupada por los problemas que afectan no solamente a los intereses nacionales, sino también a aquellos de los socios comunitarios y los aliados de la OTAN. El momento no puede ser más propicio, pues tácticamente la operación requiere de unidades navales con capacidad de proyección de fuerza, una capacidad que en Europa solamente pueden proporcionar por el momento tres países: Francia, Italia y España. A pesar de que los aeródromos de Malta e Italia están relativamente próximos, las misiones CAS (Close Air Support por sus siglas en inglés) que necesitan las tropas terrestres para avanzar rápidamente sobre las posiciones del DAESH asegurando el mínimo número de bajas propias, así como las Surge Operations realizadas por los grupos de Operaciones Especiales, requieren de buques anfibios y con capacidad aeronaval de ala fija y rotatoria frente a las costas libias.

Francia, recientemente embarcada en la empresa siria, tiene a su único portaaviones realizando operaciones de combate contra los terroristas del DAESH en el Mediterráneo Oriental. Así pues, tiene su capacidad de proyección de fuerza comprometida en este escenario y no sería capaz de participar con todos los medios necesarios en esta nueva operación. Igualmente, tiene comprometido un gran número de efectivos humanos en los diferentes conflictos que asolan varios países de África, por lo que es de prever que sean proclives a apoyar con su asiento permanente en el CSNU una operación de otro socio comunitario. No obstante, conociendo el gran interés francés por la estabilidad del país, no sería descabellado que proporcionase aeronaves de reconocimiento operando desde Sigonella o cualquier otro aeródromo próximo situado en territorio europeo.

Italia sería la siguiente opción coherente en este escenario. Próxima a Libia, con capacidad total de proyección de la fuerza, afectada directamente por los flujos migratorios que proceden del país africano, y con fuertes vínculos políticos, económicos y comerciales con su antigua colonia, podría solicitar liderar esta misión o realizarla en el marco de una nueva misión de la OTAN. Si bien tiene capacidad militar y política para llevar a cabo esta empresa, es posible que su falta de apoyo en el contexto internacional sea un inconveniente para su elección. No obstante, no hay que descartar la necesaria colaboración logística que proporcionan sus bases y alguna unidad aérea o de superficie.

Reino Unido es otro país interesado en la estabilización del país, pero no tiene la capacidad aeronaval necesaria para proyectar su fuerza en un escenario tan alejado de sus fronteras, por lo que podría apoyar las labores de inteligencia en una zona de la que nunca se ha desentendido, y en la que según fuentes oficiales ya tiene desplegado un operativo en el que se incluyen miembros del Servicio de Inteligencia MI6.

Y por fin la opción de España, la opción que más interesa a nivel nacional, y sin duda la más coherente. Su asiento en el CSNU puede proporcionarle el apoyo necesario en el contexto internacional. Con buenas relaciones con los miembros permanentes del CSNU de los que evitaría el veto, podría liderar esta nueva misión de paz de la OTAN con el apoyo militar de otras naciones. España dispone de plataformas interoperables con las unidades de la US Navy, como lo demuestras las recientes pruebas realizadas a bordo del Portaaeronaves “Juan Carlos I” con aeronaves V-22 “Osprey” de los US Marine Corps y sus equipos de Operaciones Especiales.

El Presidente de EEUU, Barack Obama, ha solicitado recientemente a su Chieff of Military Staff el estudio de una operación urgente contra el DAEH en Libia, país que está viendo incrementar el número de terroristas provenientes del escenario sirio e iraquí donde los esfuerzos de la comunidad internacional están asestando un duro golpe a los fieles de Al-Baghdadi. Pero el Presidente Obama, metido de lleno en año electoral, es posible que ceda el liderazgo de la nueva misión a un aliado europeo.

Si bien es cierto que cuenta con los mejores medios de inteligencia, navales y aéreos en la zona, podría decidir operar desde un segundo plano de cara a la comunidad internacional y a su propio electorado en este escenario de baja-media intensidad, realizando Surge Operations puntuales desde el Portaaeronaves “Juan Carlos I”, y proporcionando medios logísticos y de inteligencia.

España ha conseguido durante los últimos años recuperar la confianza del aliado norteamericano, y prueba de ello es la acogida de los destructores anti-misiles con base en Rota y el contingente de los Marines y sus V-22 “Osprey” ubicados en la base de Morón, así como la reciente integración de fragatas F-100 en el escudo anti-misiles de la OTAN. No obstante, tomar el liderazgo de una misión internacional de la OTAN en el escenario libio podría reforzar la determinación del país en los asuntos de interés común y satisfacer las demandas de EEUU de una mayor participación militar de los países europeos de la OTAN en la Seguridad Colectiva, algo que España no ha podido del todo satisfacer durante los últimos años debido al negativo contexto económico.

Se preguntarán los lectores qué tipo de medios puede poner España al servicio de semejante misión. España, por su situación geográfica y su capacidad militar, puede disponer de una fuerza conjunta con plena capacidad de proyección de fuerza prolongada durante el tiempo que requiera la eliminación del DAESH y estabilización del país. Puede poner a disposición de la OTAN el portaaeronaves “Juan Carlos I”, helicópteros de transporte de tropas y de reconocimiento, y aviones de ataque a tierra Harrier AV-8B+ idóneos para misiones CAS. Dispone igualmente de los buques anfibios Galicia y Castilla, de los buques de aprovisionamiento de combate Cantabria y Patiño, de escoltas de superficie y submarinos capaces de realizar misiones de inteligencia frente a las costas libias. Puede proporcionar aviones de reabastecimiento en vuelo, sistemas de mando y control y una brigada de Infantería de Marina con todos los medios y vehículos necesarios para asegurar la infraestructura petrolífera libia, objetivo principal del DAESH y principal fuente de ingresos del país. Una vez eliminado el grupo terrorista y estabilizado el territorio libio sería necesario que la ONU, a través de una nueva misión Peacekeeping, apoyase la formación de las nuevas Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que éste sea capaz de proporcionar a sus propios ciudadanos las condiciones de Seguridad necesarias para el buen desarrollo del país.

Es de esperar que la siguiente pregunta que se hagan sea qué obtiene España de semejante iniciativa. Y aunque algunos de los beneficios, quizás los más destacables, los resumo brevemente en las siguientes líneas, son innumerables en el actual contexto globalizado.

La más importante, sin duda, es el gran número de vidas humanas en peligro. Como estamos viendo en Siria e Irak, el DAESH realiza auténticos asesinatos en serie. La eliminación de este grupo terrorista empieza por la supresión de todos y cada uno de sus santuarios. La actual presión a la que se ven sometidos en los territorios Sirio e Iraquí está motivando que éstos se desplacen a otros santuarios desde los que continuar con sus operaciones, y Libia es el territorio escogido por la falta de autoridad y control que existe en el país por parte de las fuerzas gubernamentales. Podemos considerarlo, a día de hoy, un estado fallido.

Ante la próxima llegada de la primavera al Mediterráneo, cuando las condiciones climáticas posibiliten la navegación de pequeños embarcaciones, es de prever que los bajos precios de las materias primas, especialmente del petróleo, y los conflictos armados que asolan diversos países de África y Oriente Medio atraigan de nuevo oleadas de millones de migrantes hacia la costa libia. Puesto que la frontera turca se ha visto reforzada en los últimos meses gracias al acuerdo impulsado por la Canciller alemana, Angela Merkel, el punto más débil de la costa norte de África desde el que las mafias del tráfico humano, apoyadas y financiadas por DAESH, puedan operar es precisamente éste. Millones de personas que, ya sea en calidad de refugiados o inmigrantes, Europa no puede asumir. Acabar con las mafias del tráfico de personas en Libia se considera pues indispensable.

Una misión de esta envergadura posicionaría a España en una situación privilegiada en el CSNU. Daría muestra de su capacidad para asumir las responsabilidades necesarias que faciliten la Paz y Seguridad mundial, la de sus aliados, la de sus socios comunitarios y la del propio país. Posibilitaría un entorno favorable para una futura reelección como miembro no permanente del CSNU en el futuro.

Ante la actual carrera armamentística que llevan a cabo algunos países, y la modernización de unidades navales, aéreas y terrestres de otros, el complejo industrial-militar nacional vería reforzada su imagen en el exterior. España, que actualmente cuenta con un elevado nivel de nacionalización de su material militar ( LHD “Juan Carlos I”, LPD “Galicia”, URO VAMTAC, Buque de Acción Marítima, etc.) podría dar muestra de la calidad y fiabilidad de sus productos en un escenario real. Un elemento indispensable a la hora de impulsar la exportación de material militar, lo que supone un aumento considerable de la inversión en I+D+i del país y que contribuye directamente a la creación de miles de puestos de trabajo.

Otro beneficio a tener presente es la futura presencia de empresas nacionales en la reconstrucción y desarrollo del país. Libia, un país rico en recursos naturales como el petróleo, tiene por delante la difícil labor de reconstrucción del país tras cinco años de guerra civil que ha asolado gran parte del país. Las empresas españolas, desde entidades financieras a constructoras o empresas de telecomunicaciones, verían apoyados sus intereses una vez estabilizado el país gracias a la intervención del Gobierno.

Y finalmente el fortalecimiento de la Seguridad Energética de Europa. Un país con ingentes cantidades de recursos petrolíferos, y que antes de la guerra producía casi dos millones de barriles de crudo diarios, podría proporcionar una fuente alternativa de recursos petrolíferos a Europa con una mayor presencia y cuota de petroleras nacionales en el país reforzando así el papel de España en la política de solidaridad energética de la Unión Europea. A pesar de que la producción diaria se ha reducido a menos de 400.000 barriles diarios a causa de la guerra y los ataque del DAESH a instalaciones petrolíferas, la infraestructura del país apenas se ha visto afectada. Así pues, en pocos meses podría estar de nuevo funcionando a pleno rendimiento lo que reduciría la dependencia de la importación de crudo ruso.

Como pueden observar, el interés de la comunidad internacional por la estabilización de Libia está fuertemente fundamentado, si bien aún falta por decidir los actores que acometerán tal responsabilidad bajo el marco legal impuesto por la ONU. Es, sin duda, una oportunidad inmejorable para reforzar la imagen y presencia de España en la escena internacional, donde el creciente número de conflictos requiere de una mayor actuación por parte de las potencias políticas, diplomáticas y militares. Debe ser, por tanto, una decisión de Estado ampliamente respaldada en el Congreso de los Diputados sin solución de continuidad, y que debe ser tomada sin dilación a pesar de la incertidumbre política que atraviesa el país. Quizás la legitimidad que aportan las resoluciones de la ONU y las consecuencias de una nueva temporada de flujos migratorios en el Mediterráneo ayude a disipar las posibles dudas y fuercen a las partes a toma la decisión más acertada.

¿Y si España enviara un grupo de combate a Siria?

Schepke. 20.01.16.

¿Tiene España capacidad de enviar al Mediterráneo Oriental un grupo de combate con el Juan Carlos I como buque insignia? Hoy vamos a responder a esta pregunta, complementando así un artículo anterior en el que apostábamos por el despliegue de fuerza más probable si el gobierno salido de las urnas el 20-D decidía involucrarse activamente en la lucha contra DAESH.

El portaaviones Príncipe de Asturias, tras 24 años de servicio, no llegó a participar en ninguna acción real. Esto fue motivo de numerosas críticas sobre su utilidad, si bien las razones por las que nunca fue desplegado se resumen en dos: falta de voluntad política y excesivo coste de operación, al estar su propulsión basada en turbinas (hablando de nuestro anterior buque insignia, animamos a todos a firmar esta propuesta para salvarlo del desguace y convertirlo en un museo).

Formación de despedida del portaaviones Príncipe de Asturias. Impresionante estampa del breve tiempo en que tuvimos dos plataformas con capacidad para aviación embarcada.

Formación de despedida del portaaviones Príncipe de Asturias. Impresionante estampa del breve tiempo en que tuvimos dos plataformas con capacidad para aviación embarcada.

Es cierto que en la actual situación, una de las dos razones para no desplegar un grupo de combate sigue en plena vigencia: la falta de voluntad política, más en la situación actual en la que ni siquiera se ha formado gobierno y el ejecutivo anterior ha decidido postergar una decisión sobre nuestra participación en Siria para evitar perder votos.

Pero la pregunta es: ¿Tiene España capacidad para desplegar un grupo de combate aeronaval?. Y la respuesta es, sin lugar a dudas, sí. No sólo disponemos ahora de una plataforma como el Juan Carlos I capaz de realizar operaciones aéreas con una propulsión económica basada en generadores diésel, sino que además la Armada puede aportar una escolta eficaz y los medios necesarios para el aprovisionamiento de la fuerza.

En Fuerza Naval hemos decidido dejar volar nuestra inventiva y haceros partícipes de una idea que contribuiría a restablecer el papel de España en la escena internacional reforzando nuestra aportación en la lucha contra el DAESH.

Antes de hablar de la escolta que indudablemente debe acompañar a nuestro buque insignia, debemos hablar de su componente aéreo. El Juan Carlos I es un buque muy versátil, y existen muchas combinaciones posibles. En Fuerza Naval hemos apostado por la siguiente:

– 8 AV-8B Harrier II Plus, con la misión principal de realizar misiones de ataque sobre las posiciones de DAESH.
– 2 SH-3D Sea King, con la misión principal de transportar equipos de operaciones especiales. También servirían como helicópteros logísticos para el envío de personal y material entre los buques del grupo de combate.
– 1 SH-3D Sea King AEW, con la capacidad de incrementar la alerta temprana de la fuerza en caso de que la amenaza aérea aumentara.
– 2 Tigre, helicópteros de ataque del Ejército de Tierra, que tendrían como objetivo principal escoltar a los helicópteros de transporte.
– 2 AB-212, que complementarían a los SH-3D en las misiones de transporte de tropas y apoyo logístico.

Ocho AV-8B  Harrier a popa de la cubierta de vuelo del Juan Carlos I.

Ocho AV-8B Harrier a popa de la cubierta de vuelo del Juan Carlos I.

Además del arma aérea embarcada, nuestro buque insignia podría embarcar grupos de operaciones especiales de la FGNE o de otros ejércitos, así como unidades con capacidades específicas como la URECO de Infantería de Marina, que tendrían como objetivo principal realizar misiones de SAR de combate, pero también acciones directas contra elementos terroristas, localización de objetivos y asesoramiento a las fuerzas que combaten al DAESH. El JCI también podría servir de plataforma para los MV-22 del SPMAGTF, basados en Morón.

En cuanto a la escolta de este grupo de combate, desde FN consideramos que la protección de nuestro buque insignia estaría garantizada por dos fragatas de la serie F-100 y una fragata de la serie F-80. Las F-100 ofrecerían la indispensable defensa aérea es un escenario donde ya se han producido enfrentamientos aire-aire. Las capacidades de sus misiles SM-2 se verían complementadas por las posibilidades de los AV-8B de actuar como aviones en patrulla aérea de combate, equipados con misiles AIM-120. La fragata de la serie F-80 complementaría este dispositivo de defensa aérea con sus misiles SM-1. No cabe duda que las capacidades de las F-80 son muy inferiores a las de la serie F-100, pero se trata de un tipo de buque que constituye más del 50% de nuestra fuerza de escoltas y que, en escenarios de intensidad media como Siria, todavía tienen mucho que aportar. Cada uno de estos escoltas puede ofrecer, además, protección contra otras unidades de superficie y contra submarinos. Cada uno de estos escoltas iría equipado con un helicóptero SH-60B, capaces de colaborar en la defensa de la fuerza.

Dos fragatas de la clase F-100 y dos de la clase F-80 navegando en formación.

Dos fragatas de la clase F-100 y dos de la clase F-80 navegando en formación.

El aprovisionamiento de la fuerza estaría garantizado por la presencia de uno de nuestros buques de aprovisionamiento al combate. Estos buques, además de proporcionar combustible, repuestos y víveres a las unidades del grupo de combate, aumentando su tiempo de permanencia en la mar, pueden servir para alojar a los grupos de operaciones especiales o como plataforma para los sistemas de UAV de la Armada, el Scan Eagle, que podría ser utilizado como sistema de inteligencia de la fuerza, a pesar de su limitado alcance de 62 millas desde el puesto de control. Además, puede embarcar helicópteros SH-3 para facilitar el aprovisionamiento de la fuerza y realizar otras labores logísticas.

Aunque poco probable, el grupo de combate podría ser completado por un submarino de la clase Galerna. Estas unidades, a pesar de haber sobrepasado los treinta años de servicio, servirían como disuasión a las fuerzas navales no OTAN presentes en la zona (mayormente unidades rusas). Pero sobretodo, se trata de excelentes plataformas de inteligencia que situadas a poca distancia de costa pueden recopilar información de gran utilidad para ayudar al mando a planificar sus operaciones. Ya en la Guerra de las Malvinas los submarinos británicos se posicionaron frente a los aeródromos argentinos para informar del despegue de los aviones de Buenos Aires, poniendo en alerta a sus compañeros de las unidades de superficie. En el escenario sirio, nuestros submarinos podrían realizar tareas que van desde vigilar movimientos de mercantes relacionados con el tráfico de armas hasta recopilar información mediante la interceptación de comunicaciones entre los combatientes sirios.

Composición del hipotético grupo de combate español.

Composición del hipotético grupo de combate español.

En definitiva, podemos decir que España tiene la capacidad, si bien carece de la voluntad política. Dados los compromisos actuales de nuestra Armada y el estado de los helicópteros de la FLOAN, establecer un grupo de combate como el definido en este artículo obligaría a reducir nuestro esfuerzo en otros escenarios. No podemos exigir la presencia constante de uno de nuestros buques de aprovisionamiento si la unidad que debe relevarlo se encuentra en Canadá. No sabemos si, dada la edad de los helicópteros de la Flotilla de Aeronaves, embarcar tan sólo dos AB-212 o cuatro SH-3D garantizaría la disponibilidad de aeronaves para realizar todas las misiones necesarias aún a pesar de los periodos de mantenimiento.

En cualquier caso, desplegar un grupo de combate alrededor del Juan Carlos I, si bien supondría un importante esfuerzo económico, humano y material por parte de la Armada, reforzaría sin lugar a dudas la posición internacional de España y permitiría demostrar nuestra capacidad de proyectar fuerza y colaborar con nuestros aliados en la lucha contra el terrorismo. El Príncipe de Asturias estuvo cerca, en varias ocasiones, de participar en operaciones ofensivas. Fue dado de baja sin alcanzar 25 años de servicio ni haber participado en una acción real. El gobierno de España tiene ahora la oportunidad de utilizar todo el potencial de su Armada para recuperar el lugar perdido en la escena internacional. Desde Fuerza Naval esperamos no tener que lamentar, dentro de, quizás, veinte o treinta años, que la falta de voluntad política impidió que nuestro buque insignia cumpliese con su misión en defensa de los intereses de nuestro país.