EUROPA. AÑO 2035. 10 DE MAYO.

Europa 2035 es un proyecto –distópico- de Fuerza Naval. Un homenaje a la novela “Tormenta Roja”, pero en una época totalmente distinta: 2035, y con un actor que su autor, Tom Clancy, no habría considerado relevante jamás: una Unión Europea unida por la necesidad de hacer frente a las amenazas externas. Esperamos ver vuestras reacciones… y si queréis saber cómo sigue, no dudéis en azuzar al autor.

Capítulos anteriores:

9 de mayo.

BRUSELAS, 0200 HORA LOCAL.

Sebastián Prieto acababa de conciliar el sueño cuando una inusual llamada al teléfono fijo de su domicilio en el barrio bruselense de Auderghem le despertó.

  • Comandante Prieto, soy el oficial de guardia del Cuartel General. Un coche irá a recogerle. Ha habido un incidente.-

Aquello era poco habitual en la monótona y burocrática vida que había llevado hasta entonces en Bruselas. Sólo había ocurrido una vez antes, diez meses atrás, cuando llegaron los primeros informes de inteligencia que hablaban de una invasión China sobre la isla de Taiwán.

Se duchó rápidamente, rebuscó -sin éxito- en la prensa digital algún indicio del porqué de la llamada, tomó un café para despejarse y terminó justo a tiempo, pues nada más salir a la calle vio como un coche oficial se acercaba hasta la puerta de la casa que había alquilado en aquel elitista barrio de la capital europea.

El conductor apenas le dedicó un “buenas noches”, dirigiéndose a gran velocidad hacia el noreste de la ciudad, al barrio de Haren, donde se levantaba el imponente edificio que unos años atrás había alojado el Cuartel General de la OTAN y que hoy era el Estado Mayor de la Unión Europea. El edificio que ocupaba antes, en el 150 de la Avenida de Cortenbergh, se había quedado pequeño para una Europa que empezaba a tomar conciencia de la necesidad de asumir su propia defensa, ahora que Estados Unidos tenía toda su atención en el Pacífico, dándole la espalda al viejo continente.

El nuevo Cuartel General de la OTAN, inaugurado en Bruselas en 2017. El coste de este moderno edificio ascendió a 1100 millones de euros.

Al llegar al edificio, un soldado le indicó el camino. Avanzaban hacia la entrada del ascensor que comunicaba con el búnker de aquel complejo de acero y cristal, situado 60 metros bajo tierra. El incidente debía ser más grave de lo que creía. Cuando China había invadido Taiwán, la reunión se había convocado en una de las salas del edificio principal, sobre la superficie, con absoluta tranquilidad. ¿Tal vez una de las dos partes había puesto, de nuevo, la opción de utilizar armas nucleares sobre la mesa?.

Era la primera vez que accedía a aquel búnker, aunque conocía sus características principales: algo más de cinco mil metros cuadrados, alojamiento para medio millar de personas y víveres, agua y capacidad de generar electricidad y de renovación de aire durante un año.

Al acceder a la “Sala de Situación”, Prieto vio a uno de sus compañeros de la sección de inteligencia, el coronel polaco Julius Maczek, hablando directamente con el Jefe del Estado Mayor Europeo ante la atenta mirada de su jefe, un general holandés. A través de los cristales podía ver como jóvenes oficiales trabajaban en una sala contigua a un ritmo frenético, hablando por teléfono y consultando informes en sus pantallas.

Jóvenes oficiales trabajando en la sala de trabajo contigua.

Al ver a Prieto, el coronel Maczek le pidió que se acercara. Le presentó al Jefe del Estado Mayor Europeo.

  • Este es el Capitán de Fragata Prieto, uno de nuestros analistas de inteligencia naval. Tiene mucho que aportar, estuvo destinado en Moscú-.

Prieto, completamente desubicado, intentaba entender qué ocurría con miradas furtivas hacia los oficiales que caminaban apresurados de un lado a otro. El Jefe del Estado Mayor Europeo le hizo aterrizar:

  •  Comandante, hace apenas tres horas la Federación Rusa ha iniciado una serie de ataques coordinados contra la Unión Europea. Ahora mismo varias divisiones avanzan hacia el oeste en Bielorrusia y Ucrania, y en Noruega y el mar del Norte se han producido varios ataques aéreos.

Prieto palideció. La posibilidad de un conflicto con Rusia siempre le había parecido tan remota que aquello le parecía el tráiler de alguna película de argumento fácil durante la Guerra Fría. Pero era real.

  • El Presidente de la Comisión Europea está de camino. Llegará en 15 minutos. Pónganse al día. Necesitaré que intervengan para informarle con más detalle de a qué nos enfrentamos. 

El Jefe de Estado Mayor comenzó a despachar con uno de sus ayudantes, mientras el coronel Maczek se llevaba a Prieto la sala contigua donde los analistas recopilaban informes de los distintos frentes.

  • Tus queridos rusos se abalanzan sobre nosotros – le dijo.

Maczek siempre le había parecido el típico militar de Europa del Este obsesionado con el oso ruso. Lituanos, letones, estonios, polacos, ucranianos… En los dos años que Prieto había pasado en aquel Cuartel General siempre había mirado a aquellos eslavos con recelo, pues consideraba que no eran objetivos cuando hablaban de Rusia, sino que vivían en un escenario de miedo autoimpuesto donde Moscú sólo esperaba el momento para echarse sobre sus antiguos dominios del bloque soviético.

Al fin y al cabo, de sus años como analista de inteligencia en la agregaduría de defensa española en Moscú –antes de que la Unión Europea absorbiera todas las competencias en materia de asuntos exteriores- se había traído el recuerdo de grandes amistades con militares rusos, con los que coincidía en recepciones y eventos diplomáticos y quienes lo habían tratado de igual a igual por su habilidad para soportar el vodka. Eran esas relaciones las que le habían granjeado un puesto en la inteligencia europea, siempre interesada en lo que ocurría en la Federación Rusa, pero confiada –como él- en que la crisis demográfica y las dificultades económicas que atravesaba el país hacían inviable cualquier aventura militar. Hasta ese momento, el resurgir del imperio pretendido por Putin les parecía más una maniobra política que una amenaza real.

Sin embargo, salvo que aquello fuera una pesadilla, los europeos del este, siempre temerosos de Rusia, habían demostrado tener razón.

En la sala de trabajo, contigua a la sala de reuniones principal, varios analistas comenzaron a pasarle informes. La fuerza naval que se adiestraba al norte de Escocia había sufrido un importante ataque aéreo: cinco buques hundidos y tres dañados; en Bielorrusia había informes de escaramuzas en Minsk, y de presencia de carros de combate rusos en Mogilev y Orsha; en Ucrania pasaba otro tanto, en Jarkov y Lugansk. Y en Noruega las bases aéreas de Bodø y Andøya habían sido bombardeadas con misiles de crucero y aviones “invisibles” Sukhoi 57.

Formaciones de aviones furtivos Sukhoi 57 acompañados por UAVs Okhotnik habían bombardeado las bases noruegas sin ser detectados por los sistemas de defensa aérea.

Para dos expertos en la estrategia y táctica militar rusa como Maczek y Prieto, al menos en base al conocimiento histórico de los planes soviéticos, el desarrollo del conflicto en esas primeras horas tenía dos similitudes claras: por un lado, la campaña terrestre les recordó al plan “Siete días hasta el río Rin”, salvo porque el punto de partida estaba ahora mil quinientos kilómetros al este, en la frontera oriental de Bielorrusia, y no en la de Alemania Occidental. La campaña naval, con ataques aéreos en el Mar del Norte, podía estar basada en las lecciones obtenidas en los ejercicios SPRINGEX que la Flota Soviética había llevado a cabo en la década de los ochenta.

La estrategia rusa parecía guardar muchas similitudes con la estrategia soviética.

Estas similitudes tal vez les permitieran intentar averiguar el próximo movimiento de los rusos antes de que ocurriera, anticipándose a la situación. Pero la defensa europea hibernaba. Tanto la clase política como la ciudadanía –“o como yo mismo”, pensaba Prieto- vivían en el convencimiento de que una guerra era un escenario altamente improbable en el pacífico y acomodado viejo continente. En el mejor de los casos, costaría algunos días ponerla a funcionar para conseguir organizar una respuesta.

Un analista les ensañaba algunas imágenes que ciudadanos bielorrusos subían a redes sociales desde Orsha. Prieto le pidió que se detuviera en una en la que un blindado atravesaba la arteria principal de la ciudad.

  • Ese vehículo no es ruso.
  • No – respondió Maczek – Parece un ZBL-08. De fabricación china.
El ZBL-08 es un vehículo de combate de infantería de fabricación china.

Maczek  y Prieto se miraron. Algunas semanas atrás, los satélites habían detectado varios trenes cargados de vehículos chinos en la ciudad rusa de Jabárovsk, en el este del país, en la frontera con el gigante asiático. En aquel momento pensaron que era un simple pago en especias por el combustible ruso. Ahora parecía evidente que China apoyaba con material militar la ofensiva rusa en Europa… sin duda para conseguir un segundo frente.

Nuevos informes llegaban cada poco tiempo a aquella sala de trabajo. Informes sobre paracaidistas rusos en Svalbard; salida de buques de guerra rusos de sus bases en San Petersburgo y Baltisk; ataques aéreos sobre posiciones ucranianas.

Mientras intentaban asimilar y sintetizar toda la información posible, el silencio se apoderó de la sala contigua. Acababa de hacer su entrada el Presidente de la Comisión Europea: Emmanuel Macron, que había regresado la tarde anterior de la ceremonia de adhesión a la Unión Europea en Minsk.

Emmanuel Macron (tercero por la derecha) en la “Situation Room” del Elíseo, cuando era presidente de la República Francesa.

La gente ocupó apresuradamente sus asientos. A él, un simple Capitán de Fragata en aquel mundo de Oficiales Generales, le tocaba una silla pegada a la pared, tras los asientos reservados en la mesa principal.

Macron saludó educadamente a todos los asistentes y el Jefe del Estado Mayor Europeo comenzó su exposición. Los datos eran desoladores. En apenas seis horas los rusos habían conseguido rápidas e incontestadas victorias en tres frentes. Se estimaba que habían avanzado alrededor entre 50 y 100 km en Ucrania y Bielorrusia; casi toda la fuerza naval europea, involucrada en el adiestramiento en el norte de Escocia, se refugiaba a esas horas en los fondeaderos de la escarpada costa de las Hébridas mientras organizaban el rescate de sus compañeros náufragos;  las comunicaciones con varias instalaciones militares en el norte de Noruega habían cesado repentinamente.

Macron, que atendía a las explicaciones del Jefe de Estado Mayor con el cuerpo echado hacia delante sobre la mesa, lanzó su primera pregunta:

  • ¿Cómo es posible que nadie en inteligencia haya sido capaz de prever esto?
  • Señor presidente… – el Jefe de Estado Mayor contestaba cabizbajo, sabiendo que cualquier explicación era en realidad insuficiente- en las jornadas previas habíamos detectado movimientos de fuerzas y cierto incremento en el volumen de comunicaciones. Debo reconocer que asumimos complacientemente que no se trataba más que de los ensayos y movimientos de fuerzas para las celebraciones del 90º aniversario de la rendición de la Alemania Nazi.

Macron parecía insatisfecho con la respuesta, pero obvió hacer más preguntas al respecto. Aunque sus dos legislaturas al frente de la República Francesa no le habían preparado para algo así, sabía que aquellas responsabilidades podrían depurarse más adelante. Todavía necesitaba algo de más de información antes de empezar a tomar decisiones.

  • ¿Qué medidas hemos tomado? – preguntó a continuación.
  • Hemos puesto en alerta a todas las unidades de las Fuerzas Armadas de la Unión, y particularmente a los contingentes desplegados en los países bálticos. Se ha ordenado zarpar en el menor tiempo posible a dos submarinos de misiles balísticos, adicionales a los dos submarinos ya en patrulla para garantizar nuestra capacidad de disuasión nuclear. Hemos puesto aviones de combate en vuelo para garantizar la defensa del espacio aéreo ante nuevas incursiones.
  • Entiendo – estaba claro que prefería dejar las decisiones militares en manos de los expertos. Se dirigió a la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, la antigua primera ministra danesa Helle Thorning-Schmidt – Mañana a primera hora lanzaremos un paquete de sanciones económicas a todos los integrantes del gobierno ruso. Quiero también una protesta formal ante Naciones Unidas.
La veterana política danesa había asumido el puesto de Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores.

Al fondo de la sala, un general se levantó de su asiento y alzó la voz. Era Igor Khozin, el ucraniano al frente de la sección que dirigía las operaciones militares europeas.

  • Con el debido respeto, Señor Presidente, esto no es un atentado en algún mercadillo de Navidad ni un conflicto en algún estado fallido a seis mil kilómetros de nuestras fronteras. ¡Está ocurriendo en Europa! ¡Y el agresor es una potencia nuclear y militar de primer orden! No podemos conformarnos con sanciones y protestas formales. ¡Necesitamos declarar la movilización general! ¡Dirigir una industria de guerra!. Al ritmo al que avanzan, pasado mañana estarán a las puertas de Kiev, de la frontera polaca. ¡No hay tiempo que perder! ¡Dejemos de comportarnos como la comprensiva y débil Europa y reaccionemos si no queremos tener que firmar una paz humillante con Moscú!.

El silencio se apoderó de la sala de reuniones. Muchos de los asistentes asentían con la cabeza. Aquella emergencia no tenía nada que ver con otras a las que se había enfrentado la Unión Europea. Había que tomar decisiones dramáticas, y era necesario hacerlo cuanto antes.

  • ¿Y qué reacciones propondría, general? – respondió el presidente Macron, manteniendo la compostura, como si aquella interrupción no le hubiera sorprendido lo más mínimo. Como presidente de la República Francesa había vivido momentos difíciles. Aunque ninguna de sus experiencias pasadas podía equipararse a aquello, era un político curtido.

El general guardó silencio durante algunos segundos. No esperaba que su efusiva protesta diera lugar a una propuesta de forma tan inmediata.

  • En primer lugar, hay que movilizar a todas las fuerzas disponibles: a toda la sociedad. Políticos, servidores públicos, empresarios, industria, medios de comunicación… Esta guerra sólo la ganaremos remando en la misma dirección. Debemos también considerar la opción de devolverles el golpe y no dejarles llevar la iniciativa: ¿Crimea? ¿Kaliningrado? ¿El Cáucaso? Una concentración de fuerzas de este nivel en las fronteras de Bielorrusia y Ucrania tiene que haberles obligado a dejar algún flanco débil. Necesitamos una respuesta contundente y rápida, aunque sólo sea puntual y de poco valor militar. Tenemos que hacerles ver que vamos a responder… Y, Señor Presidente, creo que no debería retrasar mucho la aplicación de la Ley de Seguridad Virtual.
Las redes rusas comenzaban a difundir noticias falsas sobre lo que ocurría en Bielorrusia. Era necesario bloquear el acceso a las redes sociales para frenar la campaña de desinformación de Moscú.

Macron sabía a qué se refería. La presencia rusa en redes sociales era abrumadora. Tenían una gran capacidad para influenciar a la opinión pública, y estaba claro que la ofensiva terrestre vendría acompañada por una profunda intoxicación de información falsa dirigida a minar la moral de la ciudadanía europea. Se dirigió al Jefe de Estado Mayor Europeo:

  • Es evidente que tenemos que tomar medidas contundentes. ¿Qué esperamos que hagan los rusos mientras preparamos nuestra respuesta?.

El Jefe de Estado Mayor hizo un gesto al general holandés que dirigía la sección de inteligencia, y este a sus oficiales Maczek y Prieto, que se dirigieron hacia el atril. Se hicieron las presentaciones oportunas.

  • El coronel Maczek y el capitán de fragata Prieto, de la sección de Inteligencia, le expondrán las distintas hipótesis sobre la línea de acción de Moscú con la información que disponemos ahora mismo.

El Jefe de Estado Mayor se hizo a un lado. Maczek comenzó entonces la exposición. 

  • Señor Presidente, los acontecimientos de las últimas horas revelan que la estrategia rusa es una revisión de los planes soviéticos de la década de los ochenta. Adaptada a nuestros tiempos, a los medios modernos en el entorno terrestre podemos esperar una invasión a gran escala de lo que ellos consideran su zona de influencia: Ucrania y Bielorrusia. Y, probablemente, una vez consigan enlazar sus fuerzas con la guarnición del enclave de Kaliningrado, vayan a por los países bálticos. Si la respuesta no es firme y confían en sus posibilidades, podemos esperar avances por los territorios de Polonia, Moldavia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía…
  • ¿Y qué pretenden en el Atlántico Norte? –dijo Macron, que asimilaba rápidamente toda aquella información.

Prieto tomó entonces la palabra.

  • Uno de los principales problemas de Rusia, Señor Presidente, es su difícil acceso a mar abierto. Su ataque a nuestras fuerzas en el Mar del Norte, que se encontraban adiestrándose, limita nuestra capacidad de reacción a corto plazo. Es probable que sus submarinos estén aprovechando el desconcierto para insertarse en el Atlántico Norte, y, desde ahí, atacar nuestros suministros, que en un 95% recibimos por vía marítima. Urge sellar la conocida como “brecha GIUK”: el espacio marítimo entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido.
Los submarinos nucleares rusos aprovechaban el desconcierto para abrirse paso a través de la “brecha GIUK”.
Fuente: The War Zone.
  • Entiendo – dijo Macron – ¿Cuál cree entonces que será su siguiente paso en este “frente”?
  • Si tenemos en cuenta que necesitan esa “brecha” abierta… creo que irán a por Islandia.

KEFLAVIK, ISLANDIA. 0630 HORA LOCAL.

Cinco millas al suroeste de Keflavik, el submarino ruso “Sankt Peterburg” permanecía parado a apenas quince metros de profundidad. A bordo, la dotación intentaba moverse lo menos posible. Cualquier desajuste en la disposición de pesos del submarino podría poner en riesgo la necesaria estabilidad de la plataforma mientras los buceadores del grupo de reconocimiento naval salían de la esclusa.

El Sankt Peterburg es un submarino clase Lada, una variante de la clase Kilo con sistema de propulsión independiente de la atmósfera. Más limitado que sus hermanos de propulsión nuclear, era sin embargo una plataforma ideal para insertar unidades de operaciones especiales.

Aquellos doce hombres pertenecían al 420º OMRP, una de las unidades de élite de la marina rusa, compuesta por los mejores soldados de la infantería de marina de Moscú. Su misión era sencilla: desplazarse hasta la costa ayudados por un “scooter” submarino; acceder al perímetro de la base aérea de Keflavik; sabotear a los seis aviones de combate allí estacionados y hacerse con el control de la pista para permitir la llegada de refuerzos.

El Comandante del “Sankt Peterburg”, Yevgeny Buturlin, sabía que llegaba tarde. Su submarino, una evolución de la exitosa clase Kilo equipada con un sistema de propulsión independiente de la atmósfera, había sufrido una pequeña avería que había impedido desarrollar la velocidad necesaria para llegar a la hora inicialmente prevista para el asalto.

Sin embargo, confiaba en los informes de sus ojos en tierra: agentes del GRU infiltrados en Islandia como parte de la tripulación de un pesquero portugués. La seguridad en la base se había reforzado en las últimas horas, pero la guarnición era pequeña y no debía suponer una amenaza para hombres entrenados como los del 420º OMRP de la Flota del Norte.

Los OMRP son las unidades de operaciones especiales de la marina rusa.

Era indispensable que aquellos hombres acabaran con la defensa aérea que la Unión Europea proporcionaba a esa peculiar isla situada sobre las placas tectónicas norteamericana y euroasiática. En aquel momento, seis modernos F-35 italianos garantizaban la defensa de la isla: se trataba de un avión muy capaz, con una bajísima superficie radar equivalente que lo hacía muy difícil de detectar para los aviones rusos. Necesitaban terminar con aquella amenaza, tomar el aeródromo y reforzar su presencia en la isla con tropas del VDV, la fuerza aerotransportada rusa.

Imagen de dos F-35 italianos frente a un hangar de Keflavik. Islandia no disponía de fuerza aérea y su seguridad estaba en manos de la rotación de distintas fuerzas europeas.

Él, como submarinista, entendía mejor que muchos la necesidad de garantizarse una salida al Atlántico Norte. Habría preferido estar al mando de uno de los modernos submarinos de ataque y propulsión nuclear de la clase Yasen. Pero sabía que, aquella vez, su misión era indispensable para que sus hermanos mayores –los SSN- pudieran desarrollar la suya: intentarían estrangular los suministros de los que dependía la economía Europea, y que en aquella guerra iban a necesitar desesperadamente: material militar americano, combustible del Golfo de Guinea, uranio australiano…

Los modernos y muy capaces submarinos de la clase Yasen tenían como misión principal atacar al tráfico marítimo europeo para estrangular sus suministros.

La Flota del Norte, la más numerosa y preparada de las cuatro fuerzas navales rusas, sería la que hiciera el trabajo sucio. Moscú no quería hacer saltar las alarmas y sabía que sacar a sus barcos y submarinos del Báltico y el Mar Negro habría llamado demasiado la atención: sus exiguas fuerzas se limitarían a desgastar y distraer a las unidades europeas que operaban en aquellos mares cerrados.

Por otro lado, el Mediterráneo lo daban por perdido. Se había convertido en un lago europeo, casi irrelevante desde que el ISIS detonara en Port Said, cuatro años atrás, una masiva bomba sucia de Cobalto-60 que había inhabilitado el uso del Canal de Suez y había reducido en un 60% el tráfico marítimo en el “Mare Nostrum”.

El operador radio sacó al Comandante Buturlin de sus reflexiones.

  • Comandante, tenemos enlace con el OMRP. Ya están en tierra. 30 minutos para llegar al objetivo e iniciar el ataque.

Ahora la suerte estaba echada.

SIAULIAI, LITUANIA. 2200 HORA LOCAL.

El capitán Carlos Escudero aceleró su avión hasta alcanzar 200 nudos y dejó la pista de la base aérea de Siauliai, en el norte de Lituania. “El mundo había cambiado mucho en menos de una semana”, pensaba, recordando el fin de semana que había pasado junto a sus compañeros en la localidad costera de Klaipeda, disfrutando de la compañía de la cerveza y las jóvenes lituanas, sin siquiera imaginar que unos días después despegarían con sus Super Hornet cargados con diez bombas JDAM de 500 kilos con intención de frenar el imparable avance ruso por Bielorrusia.

Un F-18 Super Hornet de la US Navy cargado con 10 JDAM.

El Super Hornet era una buena máquina. Algo anticuada, pero fiable y probada en combate. España habría querido unirse al programa F-35 para sustituir a sus antiguos F-18A y M, pero llegaron demasiado tarde y el coste era demasiado elevado. El Super Hornet había sido un buen relevo: polivalente, con un buen radar y una buena gama de armas que emplear. Seguía siendo inferior al Eurofighter en combate aire-aire, pero a la hora lanzar bombas no tenía nada que envidiar.

La sustitución de los F-18A Hornet por los Super Hornet había sido polémica, pero racional en la relación costes / capacidades adquiridas.

Hacerse con aquellas JDAM había costado unas cuantas horas. Allí sólo tenían misiles aire-aire. Su misión en Lituania se basaba, en realidad, en proporcionar defensa aérea a los países bálticos, demasiado pequeños –y tal vez, pensaba, demasiado huraños- como para adquirir una fuerza de aviones de combate capaz de bregar con las continuas incursiones rusas en su espacio aéreo. Hacer frente al avance de una columna motorizada no estaba dentro de sus planes cuando, dos meses antes, habían volado a Lituania desde Zaragoza para relevar al contingente francés.

Los Super Hornet españoles de camino a Lituania, con depósitos de combustible auxiliares bajo las alas.

Finalmente, aquella tarde, un avión de transporte alemán les había hecho llegar medio centenar de bombas. El Estado Mayor Europeo quería reaccionar, mostrar a Moscú sus garras después de casi veinticuatro horas sin acción. Además, la columna motorizada rusa, en su rápida avance, había dejado atrás sus baterías antiaéreas y sólo les protegía un par de sistemas Pantsir, según lo que habían podido ver los aviones no tripulados.

Ahora cuatro de los seis aviones del contingente avanzaban a 500 nudos, a apenas 1000 pies sobre el terreno, escoltados desde arriba por dos parejas de F-35 italianos que habían despegado desde Estonia y que intentarían que ningún Mig o Sukhoi ruso se acercara a los aviones españoles.

La columna que atacarían avanzaba desde la capital, Minsk, a la ciudad de Maladzyechna por la carretera principal, sin apenas preocuparse de la probabilidad de un contrataque. Según la inteligencia de que disponían, eran unos cincuenta vehículos.

Escudero, que apenas llegaba a los treinta años, echó un vistazo al display cartográfico.

  • Estamos atravesando la frontera con Bielorrusia – dijo – 90 km para el objetivo.
  • Tengo enlace con el equipo JTAC – respondió otro de los pilotos del grupo. Se refería a un grupo de militares bielorrusos que, adiestrados por la UE y leales al gobierno, se habían echado al campo y habían ido informando de los movimientos rusos a través de un teléfono satélite. Ahora guiarían a los aviones sobre sus blancos – Informan que los dos Pantsir se desplazan con el radar estibado.
El Pantsir era un temido sistema de defensa antiaérea mixto (cañón y misiles) autopropulsado.

Esa era una buena noticia. Su única defensa aérea, el afamado Pantsir, no estaba en condiciones de atacar. No lo estarían tampoco cuando cinco minutos después soltaran sus bombas sobre ellas.

El plan era sencillo. Dos de los aviones atacarían al cañón la columna, desde un lateral y volando muy bajo. Y tras esta distracción, los otros dos Super Hornet lanzarían sus bombas sobre la columna siguiendo la dirección de la carretera. Desatado el caos, la primera pareja lanzaría también su carga de 10 JDAM sobre los restos de la columna.

Al estar a 30 km del objetivo los dos grupos se separaron. Escudero y su gregario realizarían la maniobra de distracción. No era nada fácil manejar aquel avión a 500 nudos con cinco toneladas de bombas bajo las alas, sobretodo en el crepúsculo, donde la  escasa visibilidad hacia a la vez la función de aliada –para dificultar la respuesta de los atacados- como de enemiga, dificultando a los pilotos las referencias que necesitaban para que la operación no acabase en desastre.

Aproximándose desde el noreste, pronto vieron la carretera. El equipo JTAC estaba utilizando sistemas láser para indicar los blancos prioritarios a los aviones atacantes. Escudero redujo su velocidad para poder apuntar y se pegó un poco más a tierra, rozando las copas de los árboles que rodeaban la carretera. Cuando estuvo a 900 metros comenzó a disparar breves pero intensas ráfagas con su cañón M61 de 20 mm, situado en la nariz del avión.

Así se veían los disparos del cañón M61 desde la cabina del Super Hornet del capitán Escudero.

Apenas tres segundos después sobrevolaba la columna, donde su munición explosiva había empezado a sembrar el caos.

  • Todos vuestros – dijo por el circuito radio interno de su grupo.

Diez segundos más tarde, acercándose desde el noroeste, los otros dos aviones sobrevolaron la carretera dejando caer espaciadamente sus veinte bombas de 500 kilos, mientras los vehículos rusos estallaban al incendiarse sus municiones. Los supervivientes empezaban a dispersarse hacia los lados de la carretera.

Escudero y su gregario se alejaron lo suficiente como para invertir el rumbo de sus aeronaves y comenzar una última pasada. Bajo sus alas todavía cargaban otras veinte bombas JDAM. Los rusos se dispersaban desesperadamente y les disparaban con todo lo que tenían, en un intento fútil por salvar sus vidas.

El equipo JTAC seguía iluminando objetivos para facilitar aquel bombardeo nocturno. Las veinte bombas desataron un nuevo infierno en los restos de la columna rusa, aunque no tan efectivo como en la primera pasada, pues muchos vehículos y soldados se dispersaban hacia los bosques colindantes. No les habría venido mal tener algunas bombas de racimo, pensaba Escudero.

Los JTAC bielorrusos habían sido instruidos y equipados en un plan de mentorización de la Unión Europea, promovido por Polonia en vistas a que se produjera una situación como la que se desarrollaba en esos momentos.

Los cuatro aviones viraban para poner rumbo hacia el noroeste y salir a máxima velocidad de allí, de vuelta a Siauliai con los depósitos de combustible muy justos tras un vuelo bajo cargados con cinco toneladas de bombas.

A la mañana siguiente, la carretera entre Minsk y Maladzyechna ofrecía esta imagen desoladora.

Había sido fácil, pensaba Escudero. Volvían los cuatro sin que ni ellos ni sus monturas hubieran recibido daño alguno. La próxima vez no sería tan fácil: los rusos no caerían otra vez en el mismo error de dejar a sus fuerzas terrestres desprotegidas ante un ataque aéreo.

Aquella situación no dejaba de parecerle paradójica. Cuatro pilotos españoles jugándose el tipo sobre suelo bielorruso, con bombas alemanas, en defensa de una Unión Europea que había tratado a su patria con cierto desdén, convirtiéndola en un geriátrico para jubilados del norte de Europa e instalando las nuevas centrales nucleares a cambio del dinero que otros socios preferían rechazar. Pensó que aquel era el milagro de la “solidaridad europea”.

FASLANE, ESCOCIA. 2330 HORA LOCAL.

El Capitán de Navío James Killick llevaba la voz en el puente del HMS Dreadnought, guiando a su submarino de 17000 toneladas a través del “Firth of Clyde”, la bahía escocesa en la que tenía su base la fuerza de submarinos de disuasión nuclear británica, que también daba acceso al puerto de Glasgow. A su espalda, a popa de la vela del submarino, doce misiles Trident II D5 con ocho cabezas nucleares cada uno.

El HMS Dreadnought era el primer submarino de la nueva clase de SSBN llamados a renovar la flota de disuasión nuclear británica.

Era una noche agradable, al menos en comparación al tiempo inclemente que solían encontrar en sus frecuentes –aunque espaciadas- entradas y salidas de la base de Faslane. Si alguien le hubiera dicho, veinte años atrás, cuando iniciaba su carrera como submarinista, que acabaría realizando patrullas de disuasión nuclear bajo órdenes de Bruselas, jamás lo habría creído.

La base naval de Faslane, en Escocia, también conocida como HMNB Clyde, alojaba los submarinos de misiles balísticos y de ataque del Reino Unido.

En aquel momento, el Reino Unido caminaba decidido hacia el BREXIT. Luego llegaría la pandemia; la brutal crisis económica sin apoyo del Banco Central Europeo; el distanciamiento con Washington, que sólo miraba al este; las amenazas de Escocia e Irlanda del Norte de materializar sus deseos de independencia por sus desencuentros sobre la salida de la UE… Y finalmente, volvieron al redil, con una estructura de defensa europea –algo a lo que siempre se habían opuesto- que avanzaba decidida y que tuvieron que aceptar a cambio de volver a formar parte de aquel “selecto club”.

Ahora, navegaba hacia su zona de patrulla. Sólo él, de entre los 130 miembros de la dotación, sabía que se dirigían al Atlántico Sur. Su misión era sumarse a la capacidad de disuasión nuclear europea, que siempre mantenía en permanencia un SSBN francés y uno británico en una localización clasificada para garantizar que en caso de un ataque nuclear sobre Europa existiría capacidad de respuesta.

El HMS Victorious era el otro submarino británico ya en patrulla.

Dejando atrás la Isla de Arran, vio como por su proa un avión de patrulla marítima P-8 Poseidón saneaba los accesos al Firth of Clyde. Era vital que ningún submarino ruso pudiera seguir al Dreadnought a su zona de patrulla. Cuando el oficial de navegación le informó que habían cruzado el veril de 100 metros, el Capitán de Navío Killick ordenó:

  • Preparar el barco para hacer inmersión.

Normalmente esperaban a tener 200 o 300 metros de sonda, pero quería “desaparecer” cuanto antes. El lugar natural de un submarino era bajo el agua. En la navegación en inmersión profunda se basaba su principal capacidad militar: la discreción, permanecer indetectado.

Por la proa tenían hasta doce semanas de patrulla. Si el conflicto se enquistaba, tal vez más. El reactor nuclear tenía toda la autonomía que necesitaran. Sus víveres le permitirían estar en patrulla hasta seis meses. El único límite era la resistencia moral de su dotación. Pero todos eran submarinistas curtidos, y sabían que su misión era de la máxima importancia: permanecer indetectados y convencer a Moscú que el uso de armas nucleares encontraría respuesta por parte europea.

Ojalá la disuasión fuera suficiente.

Esta era la situación que todos los tripulantes del Dreadnought intentarían evitar, pero para la que estaban preparados.

Siguiente capítulo: 11 de mayo.

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12 comentarios en “EUROPA. AÑO 2035. 10 DE MAYO.

  • el 29 mayo, 2020 a las 10:41
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    Sigue soberbio!!! NECESITAMOS MÁS!!! Por favor

    Respuesta
  • el 29 mayo, 2020 a las 16:41
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    Esta interesante y mas cuando la verdadera acción esta a punto de llegar.
    ojala la siguiente llegue pronto, animo

    Respuesta
  • el 30 mayo, 2020 a las 15:09
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    Me encanta, por favor seguir así. En varios párrafos he visto reflejada la realidad y paradojas de la UE. Si se llega a hacer una novela y se publica, por favor hacerlo público que la compro seguro.

    Respuesta
  • el 30 mayo, 2020 a las 23:27
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    La caña!!! Me uno al comentario de José. En caso de que la editeis en papel, avisad que la compro. Ole por vosotros.

    Respuesta
  • el 31 mayo, 2020 a las 17:00
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    Son situaciones ya planteadas, alguna incluso filmada pero siempre estaba el hermano USA en candelero.

    Que sea una Unión Europea la protagonista es no solo novedoso sino muy interesante

    Respuesta
  • el 4 junio, 2020 a las 19:03
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    EXCELENTE RELATO. Me uno a los comentarios anteriores.
    Esta claro que el autor de los relatos ( y de la malograda FLANCO SUR), es nuestro particular TOM CLANCY.
    Deseando que llegue la siguiente entrega.
    Os animo a editar una novela con este genero, somo muchos los frikis del mismo.
    UN SALUDO Y SEGUIR CON EUROPA 2035.

    PD. Meterle a la 9º escuadrilla el F-35B y el LHD cargado de ellos.

    Respuesta
  • el 10 junio, 2020 a las 19:11
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    Estamos esperando la siguiente entrega de EUROPA 2035!!!

    Por favor darnos nuestra dosis de la historiaaaaa!!!!

    GRACIAS!!!

    Respuesta
  • el 11 junio, 2020 a las 21:25
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    Excelente!! Esperando el proximo capitulo, gracias

    Respuesta
  • el 23 junio, 2020 a las 02:46
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    Eeehh!!! ¿Qué pasa con el tercer capítulo?

    Respuesta
  • Pingback: EUROPA. AÑO 2035. 11 DE MAYO. – FUERZA NAVAL

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