Proyecto Islero: cuando España pudo convertirse en una potencia nuclear.

El 29 de octubre de 1947, un miura llamado “Islero” arrancaba la vida del famoso torero “Manolete”. 15 años después, en 1962, el nombre de este toro sería utilizado para bautizar uno de los proyectos militares más secretos de nuestra historia reciente: la fabricación de un arsenal nuclear.

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En 1951 se creaba la Junta de Energía Nuclear (JEN). Con una dirección militar, recibiría un fuerte impulso en 1955 bajo el amparo del programa “Átomos para la Paz”, en el que se aprobaba, por parte de Washington, la transferencia de tecnología norteamericana para la construcción de centrales de energía nuclear y la formación de personal clave en sus centros de investigación y universidades: uno de los elegidos para esta excepcional oportunidad de la posguerra sería el entonces Comandante del Ejército del Aire Guillermo Velarde, catedrático de física nuclear, que a su regreso a España sería nombrado Jefe de la División de Teoría y Cálculo de Reactores de la JEN.

Guillermo Velarde, en una reciente entrevista en RNE.

Guillermo Velarde, en una reciente entrevista en RNE.

Veamos ahora el contexto histórico. En 1956 Marruecos conseguía la independencia. Un año más tarde comenzaba la guerra de Ifni, en la que nuestras fuerzas armadas, dotadas mayormente de material de origen norteamericano (cedido tras los acuerdos de 1953), vieron cortadas sus alas al negarnos Washington su utilización contra su principal aliado en el Magreb.

Paracaidistas españoles en Ifni, en su primera acción de guerra.

Paracaidistas españoles en Ifni, en su primera acción de guerra.

Esta situación causó gran alarma en el gobierno de Franco. Su vicepresidente, el Capitán General Agustín Muñoz Grandes, veterano de la División Azul, encargo entonces al Almirante Otero Navascués un estudio sobre la posibilidad de desarrollar un arsenal nuclear sin levantar sospechas en la comunidad internacional.

Aunque el principal objetivo de este arsenal era disuadir a Marruecos de cualquier agresión contra los territorios españoles en el Norte de África, hacerse con armas nucleares permitiría situar a España en el selecto club de naciones con capacidad nuclear, reforzando su papel como potencia regional en el área del Mediterráneo.

El Comandante Velarde recibiría entonces el encargo de desarrollar para España cabezas nucleares basadas en Plutonio. En este proceso, apenas cuatro años después, el proyecto tuvo un golpe de suerte, que no fue tan bien considerado en la localidad almeriense de Palomares… El 17 de enero de 1966 un B-52 cargado con cuatro bombas termonucleares B28RI se estrellaba en vuelo con un avión cisterna. Su preciada carga caería sobre el sureste de España, afortunadamente sin explosionar. Un nutrido equipo de la JEN acudiría entonces al lugar del accidente antes de la retirada del material por parte de personal americano. Allí se consiguió información sobre estructura de las bombas, detonadores, núcleos… que serviría para dar un empujón al proyecto “Islero”, que hasta entonces había obtenido pocos progresos.

En la década de 1970 el proyecto iba viento en popa a toda vela. Incluso se llegó a especular con la posibilidad de realizar pruebas en el Sáhara Occidental.

En la década de 1970 el proyecto iba viento en popa a toda vela. Incluso se llegó a especular con la posibilidad de realizar pruebas en el Sáhara Occidental.

En 1968, mientras España entraba en la sospechosa lista de países con ambiciones nucleares por no firmar el TNP (Tratado de No Proliferación), se instalaba en la JEN el Coral-1, un pequeño reactor con capacidad para producir Plutonio con fines militares. Tres años después, los seis kilogramos necesarios para fabricar la primera bomba estaban cerca de alcanzarse, y había más razones para el optimismo: por un lado, España disponía de unas importantísimas reservas de uranio, de las que extraer el plutonio; por otro lado, en 1972 estaba prevista la entrada en funcionamiento de la central nuclear de Vandellós, de tecnología francesa -enemiga de las inspecciones de la OIEA- y cuyo residuo facilitaba conseguir más plutonio militar. Incluso se especuló con la posibilidad de utilizar nuestra colonia del Sahara Occidental como campo de pruebas. Sin embargo, nuestras ambiciones nucleares empezaban a distar mucho de pasar desapercibidas.

Un informe de la CIA del verano de 1973 enunciaba:

España es el único país europeo que merece atención como posible proliferador de armas nucleares en los próximos años. El país tiene reservas propias de uranio, un extenso programa nuclear con tres reactores operativos, siete en construcción y hasta 17 más proyectados, así como una planta piloto de separación química […] España ha rehusado firmar el TNP, aduciendo que las garantías de protección para los países no nucleares son insuficientes.

Central Nuclear de Vandellós, en Tarragona. De los residuos de esta central de tecnología francesa se planeaba extraer el Plutonio para las bombas.

Central Nuclear de Vandellós, en Tarragona. De los residuos de esta central de tecnología francesa se planeaba extraer el Plutonio para las bombas.

Es necesario mencionar que durante todo este tiempo el General Franco fue muy reacio a los éxitos de este proyecto, temiendo que Estados Unidos, al enterarse, aplicara sanciones económicas a la ya de por sí comprometida situación de nuestras finanzas. Carrero Blanco, sin embargo, era un firme partidario de este programa, en el que depositó sus esperanzas de que la relación entre Estados Unidos y España pasara del vasallaje a una relación entre iguales en la que Washington se comprometiera firmemente en la defensa de los intereses de Madrid.

Carrero Blanco era un político incómodo para Estados Unidos, y son varios los autores que han especulado con la posibilidad de que su muerte a manos de ETA, un día después de su entrevista con Kissinger, fuese facilitada por la CIA por orden de Washington ante la posibilidad de que el probable relevo de Franco tras la muerte del dictador fuese este marino ferozmente anticomunista y patriota.

Carrero Blanco en su reunión con Kissinger, un día antes de su muerte en manos de ETA.

Carrero Blanco en su reunión con Kissinger, un día antes de su muerte en manos de ETA.

Pero la muerte de Franco y su relevo por Carlos Arias Navarro no supusieron el final del proyecto Islero. Apenas un mes después de aquel 20 de noviembre de 1975 se aprobaba la construcción del CINSO (Centro de Investigación Nuclear de Soria), capaz de producir material para una producción de hasta 23 cabezas nucleares al año. El gobierno de Adolfo Suárez mantuvo el esfuerzo investigador para dotar a España de estas armas.

Sin embargo, el gobierno de Jimmy Carter, al conocer los avances del programa, redobló sus presiones para acabar con el Proyecto Islero, incitando a Madrid a la firma del TNP. La amenaza de sanciones económicas por parte de Estados Unidos si no se aceptaban inspecciones de la OIEA y la crisis política originada por el fallido golpe de estado del 23 de febrero de 1981 consiguieron, finalmente, frenar las ambiciones nucleares de España.

El proyecto Islero se mantuvo frágilmente con vida gracias al apoyo del gobierno de UCD de Leopoldo Calvo-Sotelo, que a pesar de su reconocido atlantismo apoyaba la idea francesa de una tercera nación nuclear europea que no dependiera, para su seguridad, de la tutela americana. En 1987, la firma del TNP por parte del gobierno del PSOE, le daría el golpe de gracia.

España renunció entonces a convertirse en una potencia nuclear, en aras de “facilitar” su acogida en la comunidad internacional, especialmente en el seno de la Unión Europea. Se renunciaba así a un proyecto que habría permitido a nuestro país gozar de una mayor independencia en política de defensa, que habría permitido a nuestro país convertirse en un importante actor regional.

A día de hoy, Ceuta, Melilla y los peñones e islas de soberanía española en el Norte de África siguen sin estar bajo el paraguas de la OTAN.

En Fuerza Naval nos hemos preguntado como sería hoy en día una España con armas nucleares. ¿Estaríamos en el Consejo de Seguridad de la ONU? Probablemente no, Israel, Pakistán, India… no han sido aceptados en este selecto club aunque posean armas nucleares. ¿Seríamos una potencia regional? Sin lugar a dudas, las armas atómicas sitúan en una posición de fuerza a su poseedor.  En el caso de Irán, por ejemplo, su programa nuclear es una forma de hacerse valer frente a potencias regionales como Pakistán (potencia nuclear) y Arabia Saudí (potencia económica) ¿Sufriríamos presiones internacionales para deshacernos de nuestro arsenal? Probablemente en un principio. Pero en la UE conviven dos potencias nucleares, Francia y Reino Unido, sin demasiados problemas. ¿Habríamos podido mantenerlo económicamente? Mantener un arsenal nuclear es un gasto extraordinario, inasumible con nuestro actual presupuesto de defensa. La única razón que creemos que haría que el gobierno aceptase este gasto sería mantener una importante posición como potencia regional ¿Y políticamente? En la actualidad política de nuestro país, es difícil ver a España como potencia nuclear. Sin embargo, quizás de haber tenido estas armas a finales de la década de los setenta nuestra historia política habría sido otra. ¿Habría intentado Marruecos “tomarnos el pulso”, como hizo en Perejil? Desde luego, lo habría pensado dos veces. En cualquier lugar, no es un conflicto de la magnitud suficiente para que España -y mucho menos la comunidad internacional- viera legitimado usar armas nucleares ¿Tendríamos ICBMs, SLBMs? Es poco probable que tuviésemos armas balísticas. Nuestro arsenal nuclear sería más parecido al de Israel: armas tácticas, lanzables desde aeronaves (en bombas o misiles) o desde submarinos mediante misiles de crucero.

AGM-142, más conocido como Popeye: el vector lanzamiento nuclear israelí.

AGM-142, más conocido como Popeye: el vector lanzamiento nuclear israelí.

Para más información, os recomendamos acudir directamente a la fuente. Animaros a comprar el libro escrito por el responsable del proyecto, Guillermo Velarde, y conoced a fondo los entresijos de esta interesante parte de nuestra Historia.

Proyecto Islero, el libro.

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DEFENSA ANTIAÉREA SUBMARINA.

¿Una revolución en la guerra marítima?

Imagine que es piloto de uno de los helicópteros SH-60B de nuestra Armada. Se encuentra, en un futuro no muy lejano, escoltando a las unidades de proyección y a los más de mil infantes de marina que transportan frente a la amenaza submarina enemiga. La fuerza a la que protege, incluida la fragata desde la que ha despegado, se encuentra a una distancia considerable, lejos de donde creen que la amenaza submarina enemiga puede estar esperándonos.

Confían en usted. Dirige a bordo a un equipo de tres hombres perfectamente adiestrado. Su aparato lleva una impresionante variedad de sensores, desde un complejo procesador para las 25 sonoboyas que puede lanzar hasta un detector de anomalías magnéticas, pasando por una potente cámara infrarroja, un sensor de detección de emisiones electromagnéticas y un radar que aprovecha la altura de vuelo para ganar cualquier contacto en el horizonte. De cada lateral cuelga un torpedo Mk-46, suficientemente veloz y preciso como para eliminar cualquier submarino enemigo. Se desplaza casi diez veces más rápido que los buques de superficie para investigar cualquier posible contacto. Acústicamente, es indetectable para un enemigo que confía principalmente en su sonar para saber lo que le rodea. Pero además, aporta una ventaja vital frente a las fragatas que protegen a la fuerza: es invulnerable. O al menos lo ha sido hasta ahora.

Helicóptero SH-60B

Helicóptero SH-60B

Para no alertar al submarino vuela con el radar apagado. Su cámara infrarroja busca metódicamente sobre la superficie para detectar cualquier mástil. Es posible que el submarino quiera confirmar, a través de sus periscopios o de sus sensores de guerra electrónica, la presencia de nuestra fuerza naval. Y quizás eso le obligue a ser indiscreto.

Al final, después de muchos vuelos que han requerido un gran esfuerzo y concentración de las distintas dotaciones de los SH-60 que protegen a la fuerza, hay suerte. Parece que la cámara infrarroja ha detectado algo: un punto de calor minúsculo sobre la superficie de las frías aguas del Atlántico. Pone rumbo hacia el punto de calor para seguir investigando. Puede que se trate de un barril a la deriva. Quizás sólo sea una gaviota que ha amerizado para descansar. Inmediatamente, se informa por radio a la fuerza. Están casi a cuarenta millas, pero los torpedos modernos tienen un gran alcance y ante la posibilidad de que hayamos detectado a un submarino, no conviene correr riesgos. Inmediatamente, los buques que transportan a los infantes de marina ponen rumbo de evasión mientras los escoltas adoptan una postura más agresiva y ponen sus sónares a transmitir.

Nuestro helicóptero sigue acercándose. La imagen de la cámara infrarroja no es todavía muy precisa. Podría tratarse de dos mástiles, posiblemente el sensor de emisiones electromagnéticas, que busca los radares de nuestros barcos, y un periscopio para vigilancia. Lo más probable es que si el submarino nos ve acercarnos arríe sus periscopios e intente evadirse. Si da tiempo a identificar sin lugar a dudas los mástiles, el helicóptero lanzará un torpedo. Si no, quizás sea necesario lanzar algunas sonoboyas y confirmar que se trata de un submarino antes de gastar una de nuestras valiosas armas.

Helicóptero SH-60F, con sonar calable. España no dispone de esta versión.

Helicóptero SH-60F, con sonar calable. España no dispone de esta versión.

El helicóptero está ahora a apenas dos millas y no parece haber ninguna duda de que se trata de los mástiles de un submarino. Están perdidos. Casi sin esperarlo, oirán un torpedo entrar en el agua y empezar a transmitir tan cerca que no tendrán tiempo a evadirse. El oficial de guardia en el periscopio ni siquiera habrá visto llegar al helicóptero en acercamiento. El copiloto prepara el lanzamiento del arma. Pero algo inusual ocurre. De repente, la superficie del agua se quiebra. Un objeto acaba de llegar a superficie, y en su parte inferior se aprecia, acto seguido, la ignición de un motor cohete.

En los pocos segundos que preceden al derribo de nuestro helicóptero, la primera impresión es que estamos ante el lanzamiento de un misil antisuperficie, probablemente un Sub-Harpoon. Sin embargo, el misil vira rápidamente hacia la aeronave. Tenemos tan poco tiempo de reacción que las bengalas que intentan captar la atención del misil no sirven de nada. Horas después, otro helicóptero de nuestra Armada encuentra los restos de la aeronave flotando sobre la superficie. No ha habido supervivientes.

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¿Qué ha ocurrido? Veamos las cosas desde la óptica del comandante del submarino enemigo.

Su misión es acercarse, sin ser detectado, a la fuerza naval española. Y a la distancia óptima de lanzamiento de sus torpedos, atacar las unidades más valiosas: aquellas que transportan los contingentes de infantería de marina o los suministros vitales para mantener el esfuerzo de guerra. Bajo su mando tiene una obra maestra de la ingeniería alemana. Un submarino tipo 214 dotado de propulsión independiente de la atmósfera, lo que le permite ser muy discreto. Sabe que su mayor amenaza son los medios aéreos. Los escoltas no le preocupan demasiado, tiene una gran ventaja acústica sobre ellos y si se acercan demasiado, siempre puede poner un torpedo en el agua para ahuyentarles de sus esfuerzos por darle caza.

Los operadores sonar le han informado de la presencia de una serie de contactos que acústicamente parecen buques de guerra españoles. Quiere confirmarlo antes de abandonar su zona de espera para interceptar a los barcos del enemigo. Sube a cota periscópica e iza el mástil de exploración electromagnética. Efectivamente, en esa misma dirección hay transmisiones radar similares a las que podrían esperarse de los buques españoles. Mientras los operadores de guerra electrónica analizan la información, él vigila el horizonte por si se acercase alguna aeronave. Tradicionalmente han sido la principal amenaza para las fuerzas submarinas, y siguen siendo un enemigo temible. Pero ahora tiene otras opciones si apareciera un helicóptero o un avión de patrulla marítima.

A través de la cámara infrarroja del periscopio observa algo que le llama la atención. Un punto de calor que vuela nivelado, lo que descarta que sea un pájaro. Ha sido descuidado. Los mástiles han estado expuestos demasiado tiempo, y ahora un helicóptero les ha detectado. No transmitía con el radar, así que no ha habido alerta previa. No hay duda de que se dirige hacia ellos, y en cuanto tengan claro que se trata de un submarino, lanzarán uno de sus torpedos justo sobre su vertical, lo que les hará muy difícil escapar. Si en sus tubos no llevase cuatro ejemplares de su nueva arma, sólo le quedaría arriar todo, bajar a la cota de evasión e intentar escapar. Pero ahora tiene otra opción.

Misil IDAS

Misil IDAS

Decide permanecer en cota periscópica. Ya le han detectado, y tendrá que intentar acercarse a la fuerza naval española en otra ocasión. Pero ahora, evadirse no es su única opción. Puede pasar datos precisos sobre la posición del helicóptero aprovechando que lo tiene en el periscopio. El oficial de armas introduce los datos en una consola y da la orden de fuego. A los pocos segundos, uno de los cuatro misiles IDAS alojados en uno de sus ocho tubos lanzatorpedos sale hacia la superficie, arrancando su motor cohete. La cámara infrarroja de la parte delantera del misil envía imágenes a través de un cable de fibra óptica conectado con la consola de armas del submarino. El oficial de armas distingue claramente que se trata de un SH-60B y durante la fase de aproximación, da órdenes al misil para evitar las bengalas que intentan distraer su atención. ¡Impacto!. El helicóptero se precipita al mar envuelto en llamas y el comandante del submarino empieza una evasión que puede llevarle días hasta encontrar una nueva posición de lanzamiento. Ha perdido la oportunidad de atacar, pero ha escrito una nueva página en la historia de la guerra submarina.

Defensa activa frente a defensa pasiva.

Hasta ese momento, y desde la aparición del submarino en los escenarios de guerra marítima del S.XX, las aeronaves han sido el adversario por excelencia de los submarinos. Durante la II Guerra Mundial, la presión de los aviones de patrulla marítima basados en tierra y en portaaviones salvó el sistema de convoyes indispensable para el sostenimiento de Gran Bretaña y forzó el desarrollo del snorkel, convirtiendo a los sumergibles en verdaderos submarinos al aumentar exponencialmente el porcentaje de tiempo en inmersión, ya que les permitía cargar baterías sin estar en superficie. El snorkel permitió enfrentar la amenaza aérea con tácticas pasivas. La evasión se convirtió en la principal defensa, relegando al pasado las piezas de artillería antiaérea que poblaban la cubierta de los U-Boat. El desarrollo de la propulsión nuclear, que permite a los submarinos permanecer en inmersión profunda –esto es, alejados de los peligros de la cota periscópica- durante meses si es necesario, no hizo más que convencer a la comunidad submarinista que la mejor defensa frente a las aeronaves era evitar la detección a toda costa. Sin embargo, mientras los submarinos confiaban su defensa a sus posibilidades de evasión en cota profunda, los medios aéreos antisubmarinos evolucionaban en completísimas plataformas de armas guiadas y sensores que aportaban, frente a los buques de superficie, dos principales ventajas: la velocidad y, sobretodo, la invulnerabilidad.

Las aeronaves son la mayor amenaza para los submarinos desde la II Guerra Mundial.

Las aeronaves son la mayor amenaza para los submarinos desde la II Guerra Mundial.

Durante la Guerra Fría, sólo existieron tímidos intentos en proporcionar verdaderas opciones de defensa activa frente a las aeronaves antisubmarinas. Soviéticos y británicos elaboraron complejos sistemas para lanzar misiles de corto alcance desde versiones instaladas en mástiles similares a los periscopios. No es hasta finales de los años ochenta que surge el concepto SUBSAM (Submarine Surface-to-Air Missile), un proyecto de la Agencia de Investigaciones Avanzadas de la Defensa (DARPA, en sus siglas inglesas) que surge para contrarrestar los estudios de la Unión Soviética dirigidos a conseguir la capacidad de lanzar desde cota periscópica versiones de los misiles SA-7 y SA-14 frente a los P-3, SH-3 y SH-60 americanos. El fracaso del diseño ruso basado en el misil de guía infrarroja SA-14 Strela (dadas las condiciones de humedad reinantes en el ambiente marítimo) dirige a los americanos hacia un desarrollo basado en el misil de guía radárica AMRAAM alojado en el cuerpo de la versión de lanzamiento submarino del misil Tomahawk. Esta configuración permitiría aprovechar la autonomía del Tomahawk, haciendo posible al misil orbitar alrededor de una hora sobre la posición del submarino y sirviendo como elemento disuasorio de cualquier aeronave en aproximación. La idea original era conseguir que el AMRAAM se desprendiese del cuerpo del Tomahawk en caso de una detección, utilizando su velocidad de Mach 4 para alcanzar el blanco, eliminando cualquier amenaza para el submarino. La imposibilidad de que el operador pudiese discriminar si el misil atacaba a una unidad enemiga o a una aeronave amiga o neutral acabó con el programa.

Los británicos intentaron instalar, sin mucho éxito, un lanzador de misiles BlowPipe en un mástil para sus submarinos.

Los británicos intentaron instalar, sin mucho éxito, un lanzador de misiles BlowPipe en un mástil para sus submarinos.

En 1992 las empresas Aerospatiale y DASA, comienzan el desarrollo del programa Polyphem. Inicialmente se trataba de un misil con capacidades exclusivamente antibuque, pero en 1996 se añade la posibilidad de dotar al misil de capacidad antiaérea. Surge el proyecto Tritón. A diferencia del proyecto americano basado en el AMRAAM, el Tritón incorporaría guiado mediante un cable de fibra óptica, de forma que el operador podría controlar todas las fases de vuelo del misil. Además, incluía una guía infrarroja para guiado autónomo.

El proyecto fue cancelado en 2007, pero aportó innovaciones que serían aprovechadas para otras iniciativas de defensa activa ante aeronaves antisubmarinas. Disponía de un modo de búsqueda en trayectoria helicoidal, explorando todo el horizonte, lo que permitía atacar aeronaves enemigas aún sin tener datos precisos del blanco (lo que normalmente ocurre si el submarino no tiene ningún mástil izado). Además, utilizaba los contenedores de lanzamiento ya existentes para la versión submarina del misil Exocet, lo que le proporcionaba la ventaja adicional de romper la superficie a media milla de la posición del submarino, evitando revelar su posición exacta.

En 2006 los americanos dan un nuevo impulso al proyecto SUBSAM, esta vez con una versión del popular misil Sidewinder, también conocido como ASRAAM. El desarrollo incorporaba innovaciones importantes: resolvía los problemas derivados de lanzar desde una posición estática un misil diseñado para ser lanzado a las altas velocidades de un avión de combate y permitía su utilización desde los tubos de lanzamiento vertical de los misiles Tomahawk mediante unas cápsulas desechables denominadas SACS, diseñadas para adaptar cualquier tipo de misil a su utilización desde submarinos.

Desarrollos actuales.

Lamentablemente, todos los proyectos anteriores apenas consiguieron pasar de simples prototipos. Pero muchas de estas enseñanzas han sido aplicadas en el desarrollo de la primera promesa de revolución en la guerra submarina: el misil alemán IDAS.

Se trata de un desarrollo conjunto de las compañías alemanas HDW y Dhiel, y de la noruega Kongsberg, basado en el misil aire-aire Iris-T y sus nada desdeñables prestaciones: un alcance de 20 km, un techo de 20.000 metros y una velocidad de Mach 3. El IDAS es el sucesor natural de las investigaciones del proyecto Tritón, y hereda muchas de sus innovaciones. Dispone de un cableado redundante de fibra óptica que permite al operador recibir señal de vídeo normal y de cámara infrarroja, lo que además le permite atacar buques de pequeño porte y objetivos en tierra. Utiliza su trayectoria helicoidal para explorar todo el horizonte si no existen datos precisos del blanco. Y es capaz de navegar en inmersión antes de romper la superficie, evitando delatar la posición exacta del submarino.

Presenta, adicionalmente, otras mejoras. No necesita ser encapsulado, sino que alcanza la superficie por sus propios medios. Los misiles se almacenan en grupos de cuatro en contenedores de tamaño similar a un DM2A4, lo que permite disponer de cuatro misiles ocupando un único tubo de diámetro estándar. Algunas fuentes mencionan también la posibilidad de alojar el arma en un mástil multifunción de la compañía alemana Gabler, tal y como ocurría en los frustrados desarrollos de la Guerra Fría. Además, el sistema ofrece al operador el control de todas las fases del vuelo, permitiéndole seleccionar el blanco más amenazante de entre todos los detectados, destruir el misil en vuelo o incluso elegir el punto de impacto idóneo, si estamos atacando una unidad de superficie.

El sistema ha sido probado desde submarinos alemanes en 2008 y 2011. Noruega y Turquía también han demostrado recientemente su interés por dotar a sus submarinos de este misil.

Pruebas de lanzamiento del misil IDAS

Pruebas de lanzamiento del misil IDAS

Por su parte, las compañías DCNS y MDBA han presentado un proyecto, también derivado del Tritón. El sistema puede ser utilizado desde un lanzador integrado en un mástil (mediante una adaptación del misil tierra-aire Mistral) o utilizando las cápsulas de lanzamiento que usa la versión submarina del Exocet para lanzar una modificación del misil aire-aire Mica. Se trata de adaptar al entorno submarino misiles ya existentes, por lo que el riesgo del proyecto se estima bajo.

Existen además otras alternativas en estudio, que incluyen, por ejemplo, la integración en un mástil de un sistema de láser de alta energía como el embarcado en el USS Ponce para hacer frente a la amenaza de drones y pequeñas embarcaciones. El principal inconveniente de este sistema es su alto consumo de energía, que sin embargo no supone un excesivo problema para los submarinos con propulsión nuclear. El ya mencionado mástil Triple-M de la empresa alemana Gabler ofrece otra interesante alternativa: la instalación de un cañón Rheinmetall de 30mm que, alojado en un mástil estanco, permite enfrentar aeronaves antisubmarinas a corta distancia.

Un cambio en las reglas del juego en la guerra naval.

Hoy en día, las aeronaves antisubmarinas pueden permitirse investigar, clasificar y atacar un contacto submarino sin sentir su seguridad amenazada ni preocuparse de conceptos como la Stand-off Distance (distancia máxima de acercamiento según el alcance de las armas antiaéreas del enemigo). Aprovechan, además de esta invulnerabilidad, las ventajas inherentes a sus plataformas: velocidad muy superior a la de los buques escolta, sistemas de combate que integran una amplia variedad de armas y sensores o la capacidad de barrer grandes áreas en poco tiempo.

P-3 Orion, durante años, el avión antisubmarino por excelencia.

P-3 Orion, durante años, el avión antisubmarino por excelencia.

Las armas antiaéreas submarinas están llamadas a igualar este desequilibrio. Obviamente, la discreción es la principal virtud de un submarino, así que es poco probable que existan enfrentamientos directos o provocados entre las aeronaves submarinas y sus objetivos. La evasión seguirá siendo la primera opción. Pero si un submarino tiene la certeza de haber sido detectado, si aprecia en su sonar las transmisiones activas de sonoboyas o sónares calables que suelen preceder a un ataque, podrá defenderse. Sin embargo, la principal ventaja que aportan estos sistemas es otra: conseguir ejercer cierta disuasión, acabar frente a la tranquila invulnerabilidad de las aeronaves de patrulla marítima que las ha convertido en el arma más eficaz contra la amenaza submarina.

Estos sistemas son especialmente necesarios en submarinos de propulsión no nuclear, dado que su dependencia, en mayor o menor medida, de realizar snorkel en cota periscópica periódicamente y su menor velocidad de evasión les convierte en presas más fáciles. Tal es el caso del S-80, el futuro submarino español, una plataforma que será uno de los pilares estratégicos de la defensa española de las próximas décadas y que podría incorporar opciones antiaéreas como el misil IDAS -que además utiliza contenedores de similares características al torpedo alemán DM2A4, arma que ya está previsto utilizar a bordo de la nueva serie de submarinos- para aumentar exponencialmente sus posibilidades de supervivencia ante una acción antisubmarina enemiga.

Misil IDAS

Misil IDAS

Por otro lado, el progresivo desplazamiento de la guerra naval hacia el litoral, donde las sondas son, por regla general, menores y por tanto se hace más difícil evadirse utilizando medidas pasivas (como la variación de cota), hace patente la necesidad de dotar a los submarinos de un sistema de defensa antiaérea como los que se han expuesto en los últimos párrafos de este artículo.

Por supuesto, la guerra es un juego de evolución, de supervivencia de los más adaptados. Ante la emergencia de amenazas a la invulnerabilidad de las aeronaves antisubmarinas surgen desarrollos como el P-8 Poseidón americano, actualmente en servicio en los Estados Unidos y la India, y que probablemente reemplazará a la flota estadounidense de aviones P-3 Orión. Esta aeronave es capaz de lanzar sonoboyas guiadas por GPS en alturas superiores al techo operativo de los misiles en desarrollo. Incluso se están desarrollando pequeños planeadores no tripulados para transportar torpedos desde grandes alturas de lanzamiento hasta la vertical del submarino amenaza, evitando así que la aeronave de patrulla marítima tenga que entrar en la Stand-off Distance.

El HAASW, destinado a acercar los torpedos lanzados desde 20.000 pies a la superficie del mar.

El HAASW, destinado a acercar los torpedos lanzados desde 20.000 pies a la superficie del mar.

Pero abierto el camino para dotar a los submarinos de misiles antiaéreos, los nuevos retos presentados por la amenaza aérea –como en el caso del P-8 Poseidón- no tardarán en encontrar desarrollos de armas más capaces que intentarán desestabilizar el equilibrio que pronto existirá entre aeronaves y submarinos.

Así es el interior del P-8.

Así es el interior del P-8.

Así se defiende el espacio aéreo español.

Sin lugar a dudas, la defensa del espacio aéreo español constituye una de las misiones más importantes de nuestras Fuerzas Armadas. Con un esfuerzo prolongado las 24 horas del día, los 365 días del año, el peso de esta misión recae en el Ejército del Aire, si bien las unidades de artillería antiaérea del Ejército de Tierra y las fragatas de la Armada contribuyen constantemente a la protección de nuestro espacio aéreo.

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La importancia de esta misión es tal que en los últimos años se ha creado el Mando de Defensa y Operaciones Aéreas (MDOA), bajo dependencia directa del Jefe de Estado Mayor de la Defensa, la máxima autoridad militar. Este Mando, delegado al Comandante del Mando Aéreo de Combate del Ejército del Aire (MACOM) es responsable del planeamiento, conducción y seguimiento de las operaciones de vigilancia, seguridad, control y policía aérea en los espacios aéreos de soberanía, responsabilidad e interés nacional.

EL CEREBRO.

El Mando Aéreo de Combate está ubicado en Torrejón de Ardoz. Desde la reestructuración de la OTAN en 2010, comparte ubicación con el CAOC TJ, el centro que coordina la vigilancia del espacio aéreo de los miembros de la OTAN en el Sur de Europa, desde las Islas Azores hasta Rumanía.

Área de responsabilidad del CAOC de Torrejón.

Área de responsabilidad del CAOC de Torrejón.

El control del espacio aéreo español se realiza a través de la Jefatura del Sistema de Mando y Control, que tiene bajo su mando tres unidades principales:

– El Grupo Central de Mando y Control (GRUCEMAC), ubicado en Torrejón de Ardoz y también conocido como “Pegaso”.
– El Grupo Norte de Mando y Control, ubicado en Zaragoza y conocido como “Polar”, que se alterna cada semana con “Pegaso” en la responsabilidad de controlar nuestro espacio aéreo.
– El Grupo de Alerta y Control (GRUALERCON), situado en la Base Aérea de Gando, Gran Canaria, responsable de la defensa aérea de las islas y conocido como “Papayo”.

Sala de Control del GRUCEMAC en Torrejón.

Sala de Control del GRUCEMAC en Torrejón.

Estos tres centros, perfectamente integrados a través de avanzados sistemas de comunicaciones que comparten información con el resto de aliados, son apoyados por el Grupo de Circulación Aérea Operativa, también ubicado en Torrejón de Ardoz y que, a través de sus escuadrillas en Madrid, Barcelona, Sevilla y Las Palmas, coordinan con las autoridades civiles el control del espacio aéreo e informando a Grupos de Mando y Control de los movimientos de aeronaves.

Existe además un Grupo Móvil de Mando y Control, que a diferencia de Pegaso, Polar y Papayo, puede ser desplegado en cualquier lugar del territorio nacional o del extranjero, ofreciendo un puesto alternativo de mando y control con todos los medios necesarios.

LOS OJOS.

Pero ¿De qué información se nutren estos centros de Mando y Control?. España, por desgracia, no dispone de aeronaves de alerta aérea temprana, pero sin embargo cuenta con una amplia red de escuadrones de vigilancia aérea equipados con modernos radares tridimensionales LANZA (fabricado por la española Indra) y RAT-31 (fabricado por la italiana Alenia), ubicados por norma en los puntos más altos de la Península Ibérica y las Islas. Estos escuadrones de vigilancia aérea son los siguientes:

– EVA 1, ubicado en El Frasno (Zaragoza), con indicativo “Siesta”.
– EVA 2, ubicado en Villatobas (Toledo), con indicativo “Matador”.
– EVA 3, ubicado en Constantina (Sevilla), con indicativo “Bolero”.
– EVA 4, ubicado en Rosas (Gerona), con indicativo “Samba”.
– EVA 5, ubicado en Aitana (Alicante), con indicativo “Kansas”.
– EVA 7, ubicado en Sóller (Mallorca), con indicativo “Embargo”.
– EVA 9, ubicado en Motril (Granada), con indicativo “Orión”.
– EVA 10, ubicado en Noya (La Coruña), con indicativo “Nécora”.
– EVA 11, ubicado en Álcala de los Gazules (Cádiz), con indicativo “Perseo”.
– EVA 12, ubicado en Espinosa de los Monteros (Burgos), con indicativo “Lira”.
– EVA 13, ubicado en Sierra Espuña (Murcia), con indicativo “Dragón”.
– EVA 21, ubicado en Vega de San Mateo (Gran Canaria), con indicativo “Nieves”.
– EVA 22, ubicado en Haría (Lanzarote), con indicativo “Siroco”.

Cobertura radar de la red de Escuadrones de Vigilancia Aérea.

Cobertura radar de la red de Escuadrones de Vigilancia Aérea.

Esta estructura de escuadrones de vigilancia aérea está en permanente renovación y ampliación. Los EVAs 11 y 12 entraron en servicio en 2000 y 2002, respectivamente, y en la última década se ha constituido el EVA 14 en Villanubla, Valladolid. En 2013 se completó la sustitución de los antiguos radares americanos por los modelos tridimensionales españoles e italianos. Y en los últimos años, la integración cada vez más frecuente de las fragatas de la clase F-100 en el sistema de defensa aérea nacional, gracias a su potente radar SPY-1D y a sus capacidades de comunicaciones con satélite, han convertido a estos magníficos escoltas en un vector más de la vigilancia de nuestro espacio aéreo, que además aporta las capacidades de sus temibles misiles SM-2.

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EL SISTEMA NERVIOSO.

Para que los EVAs puedan nutrir de información a los centros de Mando y Control, y estos a su vez puedan emitir órdenes a las unidades de reacción rápida, la defensa aérea nacional mantiene un sistema de comunicaciones que es considerado uno de los mayores activos estratégicos de nuestro país.

La antigua Red de Microondas, hoy en día integrada en la Red Conjunta de Telecomunicaciones de las Fuerzas Armadas, proporciona la columna vertebral de las comunicaciones de nuestra defensa aérea, monitorizada permanentemente desde el Estado Mayor del Aire en Moncloa. La ubicación de los repetidores de la red de microondas es mantenida con la debida reserva, al constituir uno de los pilares de nuestra capacidad de respuesta ante las amenazas a las que puede enfrentarse nuestro espacio aéreo.

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EL MÚSCULO.

La capacidad de reacción ante amenazas aéreas en nuestro país depende, principalmente, de los aviones en QRA (Quick Reaction Alert). En España, cinco bases aéreas mantienen parejas de cazas de reacción rápida. En las islas Canarias, dos F-18 del Ala 46, montan guardia permanentemente en Gando. En la Península, los Eurofighter de las Alas 11 y 14 de Morón y Albacete, y los F-18 de las Alas 12 y 15 de Torrejón y Zaragoza, comparten esta responsabilidad, habiendo al menos cuatro aviones siempre disponibles para reaccionar ante cualquier eventualidad.

F-18 del Ala 12, basada en Torrejón de Ardoz

F-18 del Ala 12, basada en Torrejón de Ardoz

Tanto el F-18 como el más moderno Eurofighter son aviones con una buena capacidad en combate aire-aire (podría decirse que excelente en el caso del EF-2000), y además disponen de armamento avanzado para cumplir su cometido, como son los misiles IRIS-T o SideWinder para el combate a corta distancia, o los misiles AIM-120 AMRAAM o AIM-7 Sparrow para el combate más allá del horizonte visual.

Eurofighter del Ala 14 en el reciente despliegue en Lituania.

Eurofighter del Ala 14 en el reciente despliegue en Lituania.

Estos aviones permanecen guarecidos en hangares “bunkerizados” y listos para despegar en un tiempo máximo de 15 minutos (la realidad es que en los ejercicios que se realizan constantemente, el tiempo de reacción es mucho menor). Los pilotos, vestidos con mono de vuelo y preparados para subirse a la cabina en cuanto suene la alarma. La defensa aérea española no descansa ni un sólo minuto a lo largo del año.

F-18 estacionado frente a un hangar reforzado de alerta.

F-18 estacionado frente a un hangar reforzado de alerta.

En el mar, como hemos mencionado antes, y especialmente en caso de conflicto, las modernas fragatas F-100, pero también las más veteranas F-80, pueden contribuir a la defensa aérea creando una barrera de misiles SM-1 y SM-2, probablemente la familia de misiles antiaéreos navales más capaz en el mercado (si bien es cierto que ya existen modelos mucho más avanzados como el SM-3 o el SM-6, con capacidad incluso de derribar misiles balísticos).

F-102 lanzando un misil Standard SM-2.

F-102 lanzando un misil Standard SM-2.

El Ejército de Tierra, por su parte, aporta la artillería antiaérea. Además de los 92 cañones bitubo Oerlikon de 35 mm, con direcciones de tiro Skyguard y Skydor, los regimientos de artillería antiaérea (RAAA) disponen de una gran variedad de sistemas de misiles. El más capaz, probablemente, sea el misil Patriot. España dispone de tres baterías de este misil (1 adquirida en 2004 y las dos restantes adquiridas recientemente), que pertenecen al RAAA 81 de Marines, Valencia. El RAAA 74, con bases en Sevilla y Cádiz, dispone de seis baterías de misiles Hawk, con bastantes años en servicio. El RAAA 71, con base en Cartagena, dispone de seis baterías de misiles Aspide y tres de misiles NASAMS (existe una batería de misiles NASAMS adicional en el archipiélago Canario).

Batería Patriot.

Batería Patriot.

Aunque estas baterías se encuentran habitualmente en sus acuartelamientos, su gran movilidad permite desplegarlos a lo largo y ancho del territorio nacional. Existen planes para, en caso de conflicto, organizar la defensa efectiva de instalaciones militares, industriales y energéticas vitales para la seguridad nacional.

¿ESTÁN NUESTROS CIELOS BIEN PROTEGIDOS?

Desde Fuerza Naval consideramos que, en comparación con otras áreas que presentan bastantes carencias en el seno de nuestras Fuerzas Armadas, la defensa aérea está bien organizada y equipada.

Sin embargo, todo es susceptible de mejorar. Consideramos que el actual despliegue de EVAs es suficiente, como también lo es la calidad de los equipos utilizados (el radar LANZA ha demostrado ser un equipo excepcional para controlar el espacio aéreo). Sin embargo, la adquisición de aviones de alerta aérea temprana permitiría reforzar y extender nuestra capacidad de control del espacio aéreo, ya que su altura de vuelo proporciona unos alcances radar excepcionales.

En el mercado hay opciones interesantes… como el Wedgetail adquirido por Turquía, Australia o Corea del Sur…

E7A - Wedgetail

E7A – Wedgetail

O el C-295 AEW, un proyecto ofrecido por EADS-CASA que además se fabricaría en nuestro país.

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El número de “interceptores” aguanta la comparación con nuestros socios europeos (cosa que no ocurre en otras comparaciones referidas a nuestra capacidad militar). Frente a los 235 cazas británicos (aquí quizás deberíamos decir “vecino”, en lugar de “socio”), los 243 franceses, los 189 alemanes, los 144 italianos y los -sorpresa- 231 griegos, España dispone de un nada despreciable número de 146 cazas, si bien hay que tener en cuenta que el porcentaje de aviones operativos -que desconocemos- es uno de los datos más importantes a tener en cuenta, y estimamos que será mayor en los países del norte que en las naciones mediterráneas.

La artillería antiaérea del Ejército de Tierra ha dado pasos en la dirección correcta al adquirir las dos baterías adicionales de misiles Patriot, pero consideramos que es necesario unificar materiales y modernizar el inventario. Sustituir progresivamente las baterías de misiles Hawk por baterías adicionales de Patriot y reemplazar los Aspide por nuevas baterías de NASAMS sería una buena opción, al menos a ojos de Fuerza Naval.

Y como resumen, aquí os dejamos un vídeo con una demostración de las capacidades de nuestra defensa aérea…

Espías desde el Cielo.

Este fin de semana, los redactores de Fuerza Naval hemos tenido la oportunidad de ver “Espías desde el Cielo”, película británica dirigida por Gavin Hood y que narra un interesante supuesto de operación antiterrorista en Nairobi, donde se reúne una hipotética célula de Al Shabaab entre cuyos miembros se encuentran ciudadanos británicos y norteamericanos.

La película ha obtenido un 6.9 de media en las críticas de los usuarios de FilmAffinity, e incluso críticas muy positivas de los nada belicistas críticos cinematográficos de nuestro país.

MQ-9 Reaper despegando en Afganistán.

MQ-9 Reaper despegando en Afganistán.

Y es que “Espías desde el Cielo” trata con bastante realismo algunos de los dramas de la guerra moderna. Desde el difícilmente asumible riesgo de bajas colaterales hasta la crudeza y abstracción con la que los operadores de UAVs manejan desde las Vegas estas polémicas máquinas de guerra, “Eye in the Sky” ofrece al espectador un relato realista y completo sobre las operaciones antiterroristas contemporáneas, con colaboración entre aliados y fuerzas locales, aviones no tripulados, reglas de enfrentamiento y consideraciones políticas.

La base aérea de Creech, en Indian Springs, Nevada, hogar de gran parte de los escuadrones de UAV de la USAF.

La base aérea de Creech, en Indian Springs, Nevada, hogar de gran parte de los escuadrones de UAV de la USAF.

Llama particularmente la atención las condiciones de trabajo de los operadores de los Reaper (por cierto, el mismo modelo que el seleccionado por el Ejército del Aire español), que desde unos contenedores en la base aérea de Creech, Nevada, controlan aviones no tripulados en la otra punta del globo durante ocho o doce horas, realizando en ocasiones ataques con misiles Hellfire o bombas GBU-12 o GBU-38 para después volver a sus casas a cenar con la familia y ver un partido de la NFL. No es de extrañar que sea una de las unidades con mayor porcentaje de suicidios de las fuerzas armadas americanas.

Sala de control de UAV Predator en la base aérea de Holloman, Nuevo México.

Sala de control de UAV Predator en la base aérea de Holloman, Nuevo México.

En definitiva, una buena película, realista y esclarecedora sobre las particularidades de la guerra moderna.

Operación Sandblast.

Hace unos días hablábamos en nuestra página de Sea Orbit, la operación con la que la US Navy demostró la capacidad de una fuerza de buques de superficie de propulsión nuclear de circunnavegar el globo sin reabastecerse en 1964. Pero existía un precedente: el submarino USS Tritón, que tras rodear la Tierra sumergido en 1960, se había adelantado cuatro años a la gesta de la Task Force One.

La idea original le pertenecía al Capitán de Navío Evan P. Aurand, asistente naval del presidente Eisenhower. Su mayor preocupación era la posibilidad de perder la oportunidad de hacer una demostración tecnológica de ese calibre, tras haber visto como la Unión Soviética adelantaba a los Estados Unidos en la carrera espacial.

Apenas un año antes del comienzo de la operación Tritón, la marina soviética había recibido sus primeros submarinos de propulsión nuclear de la clase November, y todo apuntaba a que intentarían circunnavegar el globo. Dado que en mayo de 1960 estaba prevista una reunión entre Eisenhower y Khrushchev -un momento que sin duda ambas superpotencias aprovecharían para demostrar su capacidad tecnológica y militar-, Aurand propuso al Jefe de Operaciones Navales (CNO), Almirante Arleigh Burke, el “Proyecto Magallanes”. Este último, consciente de los beneficios que completar una misión como aquella aportaría al prestigio de la US Navy y de los Estados Unidos, no dudó en aceptar.

Para la misión se designó al USS Tritón, el submarino nuclear más potente y más caro en servicio en la marina americana. Su planta propulsora, compuesta por dos reactores, le permitía dar una velocidad de hasta 30 nudos en inmersión. Su comandante era además un oficial de renombre, el Capitán de Navío Edward L. Beach, veterano de la II Guerra Mundial y excelente narrador de su experiencia en combate, autor de libros indispensables como “¡Submarino!” y “Run Silent, Run Deep”.

"Run Silent, Run Deep", una de las novelas escritas por Edward L. Beach.

“Run Silent, Run Deep”, una de las novelas escritas por Edward L. Beach.

El Tritón había sido entregado a la marina de los Estados Unidos en noviembre de 1959. A comienzos de 1960 aguardaba la orden de comenzar su crucero de resistencia, que debía llevarle a aguas europeas. Sin embargo, el Capitán de Navío Beach recibió la orden de personarse en Washington para una reunión secreta en el Pentágono el día 4 de febrero. Aquel día nació la Operación Sandblast: el crucero de resistencia del Tritón sería en realidad una navegación alrededor del globo que serviría no sólo para demostrar el potencial de la fuerza submarina de propulsión nuclear de los Estados Unidos, sino también para llevar a cabo experimentos de diversa índole.

El Capitán de Navío Edward L. Beach a bordo del Tritón.

El Capitán de Navío Edward L. Beach a bordo del Tritón.

Su ruta debía emular la primera circunnavegación de la historia, iniciada por Magallanes y finalizada por el marino español Juan Sebastián de Elcano. Se trataba de una operación secreta, de la que no se informaría a la dotación (a excepción de los oficiales y el suboficial más antiguo) hasta estar en alta mar. La derrota se preparó en una sala de cartas secreta en el cuartel general de las fuerzas submarinas del Atlántico. Como el crucero de resistencia inicial tenía prevista una duración menor –y embarcar 35 toneladas de víveres para 120 días de vuelta al mundo no es una tarea que pudiera pasar desapercibida- se “engañó” a los suboficiales y a la marinería diciéndoles que tras visitar Europa harían unas maniobras en el Caribe.

Derrota del Tritón en su circunnavegación.

Derrota del Tritón en su circunnavegación.

A bordo viajarían, desconocedores de la proeza que el Tritón se proponía acometer, un fotógrafo de National Geographic, un psicólogo del Centro de Estudios Médicos de Submarinos, un geofísico, un oceanógrafo, un ingeniero encargado del primer sistema de navegación inercial embarcado en un submarino y un representante de Electric Boat, fabricante del submarino.

Tras realizar un estricto protocolo de pruebas de mar el 15 de febrero de 1960, el 16 de febrero el Tritón se hacía a la mar desde la base de submarinos de New London, Connecticut. 24 horas después de dejar puerto, el Comandante Beach informaba a toda la dotación –que empezaba a preguntarse porque navegaban con rumbo SE si su destino era Europa- de la verdadera naturaleza de su misión.

Es fácil imaginar el entusiasmo con el que la dotación del Tritón asumió su misión. Beach, consciente del esfuerzo que iba a requerir de cada uno de ellos, decidió mantener un nivel de actividad “no muy elevado”, con ejercicios los lunes, martes, jueves y sábados, con limpiezas y mantenimientos los viernes y con los miércoles y los domingos como días de descanso.

Es necesario recordar que nos encontramos en 1960, con submarinos sin GPS, sin navegación inercial (aunque el Tritón llevara a bordo el primer prototipo) y sin generadores de oxígeno. Todas las noches la nave del Comandante Beach debía subir a regenerar la atmósfera interior para garantizar una concentración de gases admisible, pero también a obtener una situación por observación de cuerpos celestes a través de un sextante acoplado al periscopio.

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El 24 de febrero, el Tritón pasaba junto al archipiélago de San Pedro y San Pablo, punto de partida “real” de su viaje alrededor del mundo. Horas después cruzaba el Ecuador por primera vez, celebrándolo, como buenos marinos, con un banquete y fiesta para el Rey Neptuno.

Ceremonia de paso del Ecuador a bordo del Tritón.

Ceremonia de paso del Ecuador a bordo del Tritón.

Navegando en demanda del Cabo de Hornos, la misión estuvo a punto de fracasar. A nuevas incidencias con la planta de propulsión nuclear se sumaba un serio problema médico. Uno de los suboficiales sufría un fortísimo cólico nefrítico que obligaba a evacuarle. Al empeorar su situación, Beach decidió contactar con su cuartel general, que concertó un encuentro en las proximidades de Montevideo con el crucero Macon. Preocupado por la posibilidad de fracasar en su misión, pero también por la salud del suboficial enfermo, Beach decidió intentar una evacuación sin soplar lastres (es decir, sin hacer superficie), exponiendo únicamente la altura de vela necesaria para permitir la apertura de la escotilla superior.

Tras completar la evacuación con éxito, el Tritón continuo con rumbo al Cabo de Hornos, entrando en el océano Pacífico el día 7 de marzo. Tras perder el sondador por un mal aislamiento del cableado, su única forma de evitar una colisión con una “aguja” no cartografiada era emitir continuamente con el sonar activo para detectar cualquier obstáculo por la proa. Pese a todo, la dotación del Tritón, comprometida con el cumplimiento de la misión, no se rendía, y acometía reparaciones muy superiores a las que correspondían a ese primer escalón de mantenimiento, llegando incluso a fabricar dos prototipos de sondadores artesanales, uno de ellos basado en… ¡una olla de cocina!.

Su derrota les llevaba por las proximidades de la Isla de Pascua, y más tarde, de Hawai. El día 23 de marzo, el Tritón atravesaba la línea internacional de cambio de fecha y el 28 llegaba a Guam. A continuación pondría rumbo a Filipinas, a donde llegaría el 1 de abril, avistando al periscopio el monumento dedicado a Magallanes en la isla de Mactán, último lugar que pisaría con vida el célebre marino portugués.

Ese mismo día, el Tritón fue detectado por un inesperado espectador: un joven filipino subido a una canoa que miraba con atención el periscopio que dejaba una singular estela a apenas cincuenta metros de él. El Comandante Beach, que le observada desde el periscopio de su modernísima nave, comentaría sobre este singular encuentro: “Menudo abismo -siglos de desarrollo científico- nos separaban a él y a mí” (por cierto, la revista National Geographic identificaría meses después a este joven como Rufino Baring, un pescador de diecinueve años que relataría aquel momento como un encuentro con un monstruo marino).

Rufino Baring pasando un mal trago...

Rufino Baring pasando un mal trago…

El 3 de abril el Tritón se adentraba en el océano Índico a través del Estrecho de Lombok, donde el cambio en la salinidad del agua (y por tanto en su densidad) le haría perder 40 metros de cota en apenas 40 segundos. Durante su navegación en demanda del Cabo de Buena Esperanza, se llevó a cabo una prueba de “resistencia” de la atmósfera. Prescindiendo de la renovación de atmósfera nocturna, el Tritón resistió catorce días, generando oxígeno a través de “candelas”, unos artilugios cuya combustión produce este gas necesario para la vida, y eliminando el dióxido de carbono a través de un producto químico. Durante tres de estos días se prohibió a la dotación fumar, en un singular experimento que sirvió al psicólogo de a bordo para determinar los nocivos efectos (psicológicos, al menos) de la abstinencia del tabaco en las personas –argumento que sirvió para, posteriormente, prohibir fumar a bordo de la flota submarina de los Estados Unidos-.

El día 17, el Tritón doblaba el Cabo de Buena Esperanza y entraba de nuevo en el Atlántico. El 25, avistaban de nuevo el archipiélago de San Pedro y San Pablo, completando así la primera circunnavegación submarina. Pero aún quedaba un hito por cumplir: con objeto de honrar la derrota original de Magallanes, el Tritón navegó en demanda de las costas de Cádiz, donde se ubica el puerto de Sanlúcar de Barrameda, punto de origen del viaje de este marino portugués al servicio de la corona española, a cuyo ayuntamiento se le entregó una placa conmemorativa del viaje de este submarino americano.

La vuelta al mundo del Tritón.

La vuelta al mundo del Tritón.

El 10 de mayo, el Tritón hacía superficie en las proximidades de Delaware. El comandante Beach sería helitransportado ese mismo día a Washington para la rueda de prensa que el presidente Eisenhower daría a la prensa anunciado la proeza de la nave y la dotación de este héroe de la II Guerra Mundial. El día 11, con el Capitán de Navío Beach de nuevo a bordo, el Tritón atracaba en su base de New London.

Momento en que un helicóptero recoge al Comandante Edward L Beach para llevarle hasta Washington.

Momento en que un helicóptero recoge al Comandante Edward L Beach para llevarle hasta Washington.

Finalizaba así la Operación Sandblast, en las que el Tritón, manteniendo una velocidad media de 18 nudos, había circunnavegado el globo en 60 días, había cruzado el ecuador cuatro veces, y había alcanzado el record (que aún ostenta) de la circunnavegación más rápida de la historia.

Parche del submarino USS Tritón.

Parche del submarino USS Tritón.

Pero además, la Operación Sandblast serviría para recoger una gran cantidad de datos oceanográficos, hidrográficos y geofísicos. Se recogieron muestras de agua de cada uno de los tramos de su derrota, permitiendo analizar las condiciones de propagación acústica que la fuerza submarina americana encontraría en cada una de sus zonas de operaciones. Se registraron datos de corrientes marinas, de variaciones del campo gravitatorio terrestre, de accidentes oceanográficos no cartografiados.

Por otro lado, se comprobó la bondad del sistema de navegación inercial y de su empleo a bordo de submarinos, y se recibieron por primera vez comunicaciones en la banda de muy baja frecuencia (VLF) a través de boyas de comunicaciones largables. Ambos sistemas serían vitales para el desarrollo de la entonces recién creada fuerza de disuasión nuclear submarina.

Por último, los estudios psicológicos llevados a cabo a bordo sirvieron para determinar los efectos de las durísimas condiciones de aislamiento a las que están sometidos los submarinistas, estudios que sirvieron incluso a la NASA para el desarrollo de su programa de vuelos espaciales tripulados.

Pero por encima de todo, la gesta del Tritón sirvió para reafirmar la superioridad tecnológica –al menos en cuanto a propulsión nuclear y fuerza submarina- de los Estados Unidos frente a la Unión Soviética, a pesar de que la prevista reunión de París entre Khruschev y Eisenhower, así como otros actos dirigidos a publicitar la proeza del Comandante Beach y su dotación, fueran cancelados tras el derribo del U-2 de Gary Powers.

En cualquier caso, la Operación Sandblast recibió una amplísima cobertura mediática. Artículos en las revistas y periódicos más importantes del país, entrevistas en televisión a miembros de la dotación, documentales, libros, conferencias… La dotación recibió diversas consideraciones, siendo quizás la más reseñable la “Presidential Unit Citation” con una pequeña esfera terrestre dorada que distinguiría a los integrantes de la tripulación del Tritón por completar con éxito esta odisea del Siglo XX.

Presidential Unit Citation con el globo terrestre dorado.

Presidential Unit Citation con el globo terrestre dorado.

Para el que quiera ver algunas interesantes imágenes sobre este viaje, os dejamos este documental…

Potenciando la Armada en diez cómodos pasos. Fase I: Resucitar el Arma Submarina.

La semana pasada hablábamos del Plan Alta Mar, elaborado a finales de los ochenta y responsable, en gran parte, de la entrada en servicio de las unidades que hoy en día componen la Armada Española. Desde Fuerza Naval concluíamos que era indispensable elaborar un nuevo plan naval, dotado de suficientes recursos económicos y dirigido a convertir a la Armada Española en una marina capaz de proyectar fuerza y garantizar la defensa de los intereses de España.

Y eso es lo que nos hemos planteado hacer. Proponer lo que desde nuestro (a veces experimentado) punto de vista necesitaría la Armada para cumplir con su misión. Y lo hacemos conscientes de que nuestro particular “Plan Naval” será objeto de opiniones -mayormente críticas- de todo tipo. Sin duda, la mayoría de vosotros, tras leer nuestras propuestas, os surgirá una pregunta: ¿cómo se paga todo esto?…

Bien, la respuesta es que ahora mismo NO se puede pagar. España invierte en defensa un exiguo porcentaje del PIB. Las fuentes más optimistas estiman este gasto en un 0.9%, cuando la OTAN recomienda un gasto del 2%. En la visita de Barack Obama a Europa el pasado mes de abril, el presidente americano dijo en Hannover: “Seré sincero. Europa ha sido en ocasiones autocomplaciente con su propia defensa […] Es por ello que cada miembro de la OTAN debe contribuir con su parte proporcional, un 2% del PIB, algo que no siempre ocurre”.

Por esta razón, el plan sólo es realizable si el gobierno que saldrá (o no) de las urnas el 26J decide escuchar la recomendación de Obama y aumentar el gasto en defensa. Sin duda es necesario definir la viabilidad económica del plan, pero nuestra intención es hacer propuestas razonables capaces de solventar las principales carencias de nuestra Armada sin entrar en detalles sobre su financiación. Por una simple razón: la defensa de España no debería tener precio.

España merece una Fuerza Naval dimensionada en concordancia a su estatus como nación marítima.

España merece una Fuerza Naval dimensionada en concordancia con su estatus como nación marítima.

Os rogamos, por tanto, que en las diez entradas que completarán esta serie veáis detrás a los colaboradores de esta página, razonando ilusionados sobre la manera más eficaz de reforzar nuestras capacidades navales, y soñando con la muy remota posibilidad de remover alguna conciencia política, de conseguir llegar a alguien que al leernos llegue a la conclusión de que “hay que hacer algo con la Armada”.

RESUCITAR EL ARMA SUBMARINA.

Y hemos decidido empezar por aquí. Sin lugar a dudas, el Arma Submarina se encuentra actualmente en una situación crítica. En el año 2000 la Armada disponía de ocho submarinos. Hoy en día sólo sobreviven tres. El S-71 Galerna, el S-73 Mistral y el S-74 Tramontana acumulan más de treinta años de servicio en sus cuadernas. Y ante el retraso de la Serie 80, es posible que terminen acumulando una década más.

El Mistral en una reciente visita a la Ría de Pontevedra. Foto de "Pontevedra Viva"

El Mistral en una reciente visita a la Ría de Pontevedra. Foto de “Pontevedra Viva”

Esta es una de las carencias más graves de nuestra Fuerza Naval. La solución no es, en absoluto, sencilla. La Armada está “hipotecada” con el proyecto S-80. La inversión en tiempo y dinero del Ministerio de Defensa en este programa ha alcanzado un punto de no retorno, donde los costes de cancelar el programa son inasumibles. Quizás, una pequeña serie de dos unidades de la clase Scorpene habría servido de transición para adaptar la Flotilla de Submarinos al S.XXI y evitar la situación actual, en la que cualquier retraso del astillero (embarcado en un proyecto extremadamente complejo) se traduce en un perjuicio a la capacidad submarina de la Armada.

El submarino chileno O'Higgins, de la clase Scorpene, construido en Navantia Cartagena. Podrían haber sido unas buenas unidades de transición.

El submarino chileno O’Higgins, de la clase Scorpene, construido en Navantia Cartagena. Podrían haber sido unas buenas unidades de transición.

Desgraciadamente (en opinión de Fuerza Naval), tras el divorcio de Navantia y DCNS, la opción del Scorpene ya no está sobre la mesa. Distintas fuentes barajan 2020 como fecha de entrega de la primera unidad de la Serie 80, pero existen todavía algunas incógnitas que la falta de transparencia sobre el programa no ayuda a aclarar. ¿Funciona el AIP? ¿Lo desarrolla Técnicas Reunidas? ¿Abengoa continúa en el programa? ¿El S-82 pasará a ser el S-81? ¿Se recortará la serie a sólo tres unidades? ¿Hay dinero para asumir los errores de diseño detectados? ¿Saldrá el primer submarino con AIP?. Quizás en la Critical Design Review de este verano obtengamos algunas respuestas a estas preguntas.

Plano del interior del submarino S-80. El diseño ha sufrido un incremento de 7 mts de eslora para solucionar el problema de reserva de flotabilidad.

Plano del interior del submarino S-80. El diseño ha sufrido un incremento de 7 mts de eslora para solucionar el problema de reserva de flotabilidad.

Desde Fuerza Naval presentamos dos alternativas. La primera alternativa pasa por “copiar” el programa de submarinos portugueses. 800 millones de euros que servirían para adquirir dos submarinos tipo 214 a los astilleros alemanes HDW, incluyendo un programa de formación para nuestras dotaciones, que arrastran un importante retraso tecnológico. Se trata de un tipo de submarino moderno y probado, que podría servir como elemento de transición hasta la entrada en servicio de los S-80, con sistemas compatibles con estos (misiles SubHarpoon, torpedos DM2A4, comunicaciones por satélite de INDRA…) y que además mantendría con cierta dignidad -total en materia tecnológica, parcial en cuanto a número de unidades- la capacidad submarina de la Armada dando tiempo a Navantia y sus socios a completar el programa S-80 con éxito.

Submarino portugués Tridente, de la clase 214 (en realidad, 209PN). Sin lugar a dudas, nuestros vecinos han dado un salto de gigante en cuanto a capacidad submarina.

Submarino portugués Tridente, de la clase 214 (en realidad, 209PN). Sin lugar a dudas, nuestros vecinos han dado un salto de gigante en cuanto a capacidad submarina.

Pero los sueños, sueños son. Lo más probable es que simplemente nos limitemos a esperar a la botadura del S-81 (o S-82), ya que aunque prometimos no enfrascarnos en discusiones presupuestarias, 800 millones de euros adicionales para la FLOSUB serían difíciles de conseguir. Por esta razón, nuestra segunda alternativa pasa por acometer una modernización completa de los submarinos de la Serie 70 que siguen en servicio…

Los medios de comunicación se han hecho eco de la posibilidad de que se apruebe una quinta gran carena, lo que significaría que estas veteranas unidades continuarían en servicio hasta 2025. En la última década se les ha dotado de un periscopio optrónico, de comunicaciones por satélite y de nuevos sonares. Desde Fuerza Naval creemos que podría hacerse más: actualizar el sistema de baterías, instalar un sistema de combate, reemplazar parte de su vetusta maquinaria. Muchas de estas modificaciones existen y han sido aplicadas a los submarinos Agosta paquistaníes (incluyendo la capacidad de lanzar misiles Exocet y el sistema AIP francés “MESMA”). Quizás, convertir dos de nuestros S-70 en “S-70 PLUS” facilitaría la transición al S-80, garantizaría la capacidad submarina de la Armada y -quién sabe- daría lugar a plantear la posibilidad de volver a una fuerza submarina de al menos seis unidades.

Cámara de mando de un submarino Agosta paquistaní, que cuenta con un sistema de combate y consolas integradas. ¿Podría adaptarse a los submarinos españoles?

Cámara de mando de un submarino Agosta paquistaní, que cuenta con un sistema de combate y consolas integradas. ¿Podría adaptarse a los submarinos españoles?

En cuanto a los S-80, esperamos su entrada en servicio lo antes posible. Independientemente de que la instalación del AIP se haga antes o después de su entrega a la Armada, ahora que parece resuelto el problema de reserva de flotabilidad, serán unos submarinos dotados de un excelente sistema de combate y tecnología del S.XXI, que sin duda potenciarán las capacidades de un arma submarina que opera unas plataformas diseñadas en los años setenta. No debemos perder de vista la capacidad de ataque a tierra, que todavía depende de la -de momento inexistente- voluntad política de adquirir el misil de crucero Tomahawk, un sistema de armas para el que los S-80 han sido preparados y que reforzaría el papel estratégico de nuestra Flotilla de Submarinos.

Misil Tomahawk lanzado desde un submarino. La discreción de estas plataformas las convierte en unos excepcionales lanzadores y en un elemento estratégico indispensable.

Misil Tomahawk lanzado desde un submarino. La discreción de estas plataformas las convierte en unos excepcionales lanzadores y en un elemento estratégico indispensable.

En conclusión, desde FN creemos que es necesario una solución de transición hasta la entrada en servicio del primer S-80. Creemos también que, bien con el AIP instalado desde un principio o bien tras los primeros años de servicio, es de suma importancia que estos submarinos sean entregados a la Armada a la mayor brevedad, especialmente en la situación actual en la que no se plantea de manera oficial una solución de transición más allá de alargar la vida de la Serie 70. Consideramos, además, que la FLOSUB debería contar al menos con seis submarinos para cumplir con sus misiones, garantizando así la disponibilidad de dos de ellos en cualquier momento (incluyendo averías y otros imprevistos). Por último, creemos que es indispensable que el estamento político dote a estos nuevos buques del misil de crucero Tomahawk, armamento que el S-80 está preparado para utilizar y que sin lugar a dudas supondría un salto en las capacidades estratégicas de la Armada.

Submarino S-80, en una impresión artística. Esperamos tener pronto imágenes de sus pruebas de mar.

Submarino S-80, en una impresión artística. Esperamos tener pronto imágenes de sus pruebas de mar.

Nuestro arma submarina necesita una solución. La Flotilla de Submarinos es parte de la columna vertebral de la Armada y sus submarinistas necesitan nuevas “monturas” que garanticen no sólo la supervivencia del arma, sino el cumplimiento de su amplio espectro de misiones: desde la negación del espacio marítimo al enemigo, pasando por la guerra antisubmarina, la disuasión, las labores de inteligencia o la inserción de equipos de operaciones especiales, hasta llegar, quizás en futuro no muy lejano, a la capacidad de realizar ataques quirúrgicos con misiles de crucero. El pasado año se cumplieron 100 años de servicio del arma submarina. Demos a nuestros submarinistas los medios para defender a España en primera línea otros 100 años más.

Flosub pequeño

¡AD UTRUMQUE PARATUS!

En el próximo capítulo… FASE 2: Modernizar la Flotilla de Aeronaves.

Operación Sea Orbit

En 1964, el Vicealmirante John S. McCain (padre del senador republicano del mismo nombre) propuso formar una fuerza de tareas integrada únicamente por buques de propulsión nuclear, con objeto de circunnavegar el globo, dejar ver el pabellón de las barras y estrellas y demostrar el nivel técnico de la fuerza naval americana.

Con este objetivo, el 13 de mayo de 1964 se creó la Task Force One, en las proximidades de Pollensa, Mallorca, bajo el mando del Contraalmirante Bernard M. Strean. Al USS Enterprise, primer portaaviones nuclear de la US Navy, se unieron los cruceros USS Long Beach y USS Bainbridge, que habían partido de Norfolk el 28 de abril.

Postal conmemorativa de la operación Sea Orbit.

Postal conmemorativa de la operación Sea Orbit.

Esta peculiar agrupación comenzó su crucero el 31 de julio en el Estrecho de Gibraltar, barajando desde ahí la costa occidental africana en demanda del Cabo de Buena Esperanza, que alcanzaron el 10 de agosto. En su tránsito, navegaron por las proximidades de Rabat, Dakar, Freetown, Monrovia y Abidjan y Ciudad del Cabo, invitando a las autoridades locales a bordo y transportándolas mediante aeronaves C-1A Trader. Además, realizaron ejercicios con la marina sudafricana.

A continuación, cruzaron el Canal de Mozambique, realizaron una breve visita para las autoridades kenianas en las proximidades de Mombasa y entraron en el puerto de Karachi, tras adiestrarse con tres barcos de la marina paquistaní. Navegando en demanda de Australia, realizaron un ejercicio con el grupo de combate del HMS Victorius (aquellos maravillosos años en que la Royal Navy todavía podía permitirse mantener grupos de combate en la otra punta del globo) y posteriormente se dispersaron para entrar en tres puertos australianos. El Long Beach lo haría en Melbourne, el Enterprise en Sidney, y el Bainbridge en Fremantle. Posteriormente el Long Beach y el Bainbridge recalarían también en Wellington, Nueva Zelanda.

Derrota seguida por la Task Force One.

Derrota seguida por la Task Force One.

La agrupación cruzó el Pacífico Sur, alcanzó el Cabo de Hornos y comenzó a navegar con rumbo norte a través del Atlántico, organizando visitas protocolarias en Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro. El 3 de octubre de 1964 concluía el crucero con la llegada del USS Enterprise y el USS Long Beach a la base de Norfolk, mientras que el USS Bainbridge atracaba en su base en Charleston.

La Task Force One completó su crucero en 65 días, 57 de ellos en la mar, navegando un total de 30216 millas náuticas manteniendo una velocidad media de 22 nudos sin necesidad de abastecerse de combustible o víveres. Los buques de la agrupación habían cruzado el ecuador cuatro veces y en su navegación de poco más de dos meses experimentaron dos inviernos, dos veranos, un otoño y una primavera.

Imagen de la Task Force One en formación en columna.

Imagen de la Task Force One en formación en columna.

La US Navy demostraba así que sus unidades de propulsión nuclear podían ser rápidamente reasignadas a nuevas áreas de operaciones sin necesidad de grandes consideraciones logísticas. El crucero había servido, además, para enseñar el pabellón. Las visitas “aerotransportadas” a bordo del USS Enterprise encontraban, tras el nada delicado aterrizaje, una formación de 72 infantes de marina y 230 marineros perfectamente formados para recibirles. El poder aeronaval de esta fuerza era patente y quedaría grabado en la retina de los afortunados invitados de la agrupación. En palabras del ministro de educación, salud y bienestar de Senegal, que acudió en representación de su presidente, “asistimos a una demostración que sólo una gran nación podía ofrecer […] me habría gustado que nuestra juventud pudiera haber visto lo que es trabajar duro”.

En cuanto a los buques que participaron, el USS Enterprise continuó en servicio hasta el año 2012. Los cruceros USS Long Beach y USS Bainbridge fueron dados de baja en 1995 y 1996, respectivamente, en un momento en que la marina norteamericana decidió deshacerse de las unidades de superficie de propulsión nuclear, a excepción de los portaaviones. Sin embargo, ambos buques participaron en las operaciones navales más importantes de los ochenta y comienzos de los noventa, destacando la participación del Long Beach en las pruebas de lanzamiento de los primeros misiles Tomahawk embarcados.

El USS Long Beach tras las modificaciones incorporadas en la década de los ochenta. Destacan las "cajas" de cubierta que alojaban los lanzadores de misiles Tomahawk

El USS Long Beach tras las modificaciones incorporadas en la década de los ochenta. Destacan las “cajas” que alojaban los lanzadores de misiles Tomahawk sobre la cubierta de vuelo

Aquí os dejamos un vídeo conmemorativo de esta histórica operación de la Guerra Fría.

El rearme australiano.

El otro día hablábamos de la victoria de DCNS para hacerse con el multimillonario contrato australiano de 34.000 millones para la construcción de 12 submarinos. Se trata de una enorme suma de dinero, que sirve como reflejo del interés de Canberra por reforzar su poder militar. El programa de submarinos no es un proyecto aislado, sino una rama más de un ambicioso plan de adquisiciones de material militar iniciado por Australia.

En 2009 el gobierno australiano publicó su libro blanco de la defensa, titulado Defendiendo a Australia en el Siglo de Asia-Pacífico: Fuerza 2030. Desde la crisis de Timor Oriental en el año 1999, Canberra buscaba una evolución en su política de defensa con el objetivo de conseguir unas fuerzas con mayor capacidad expedicionaria. La emergencia de China y la dependencia de los Estados Unidos eran los principales argumentos para defender la potenciación de las capacidades militares australianas.

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ROYAL AUSTRALIAN NAVY.

Por parte de la Royal Australian Navy el plan incluye la construcción de dos series de escoltas llamados a sustituir a las fragatas de las clases ANZAC y ADELAIDE. El más conocido es, quizás, el programa de los destructores HOBART, iniciado antes de la redacción del documento. Este programa, dirigido por el astillero español NAVANTIA, dotará a la RAN de tres destructores (y quizás un cuarto) equipados con el sistema de combate AEGIS. Se espera que estos buques estén equipados con el misil STANDARD SM-6 y misiles de crucero.

El HMAS Hobart en grada.

El HMAS Hobart en grada.

Pero además existe un proyecto para la construcción de nueve escoltas de hasta 7.000 toneladas de desplazamiento, equipados con misiles SM-3 y de crucero, sónares de largo alcance y capacidad de operar aeronaves no tripuladas. Es probable que el ganador de este concurso no se decida hasta 2018 pero entre los “contendientes” están las fragatas Tipo 26 británicas, las alemanas MEKO 400, las IVER HUITFELD danesas o la F-105 española.

En cuanto a capacidades anfibias, Australia ha adquirido dos LHD similares al JUAN CARLOS I, que fueron construidos en el astillero de NAVANTIA en Ferrol. Estos buques, junto con la adquisición de un antiguo buque de la Royal Fleet Auxiliary británica, el LARGS BAY, potencian enormemente las capacidades de proyección de la RAN, que hasta ahora disponía de dos LST tipo Newport modificadas y del HMAS Tobruk.

Comparación del LHD Canberra con los escoltas de la RAN.

Comparación del LHD Canberra con los escoltas de la RAN.

Existen otros programas en desarrollo. Además de la masiva inmersión en potenciar su arma submarina, la RAN va a sustituir su flota de 16 helicópteros S-70B SEAHAWK por 24 MH-60R. Además, tiene en servicio 6 NH-90. Por otro lado, el proyecto SEA 1654 pretende dotar a la RAN de dos buques de aprovisionamiento al combate, un programa que NAVANTIA tiene opciones de ganar con la clase “Cantabria”, después de que el A-15 de la Armada Española pasase un año al servicio de la marina austral. Además, Australia prevé la construcción de hasta 20 buques de patrulla en alta mar. DAMEN, FASSMER y LURSSEN están entre los finalistas para la construcción de estos patrulleros, si bien NAVANTIA podría optar al concurso con sus BAM (Buques de Acción Marítima).

MH-60R del paquete, entregado a la RAN en la factoría de Lockheed Martin.

MH-60R del paquete, entregado a la RAN en la factoría de Lockheed Martin.

Quizás el único aspecto a mejorar de este ambicioso programa de adquisición de armamento es la falta de medios de ala fija para los LHD Canberra y Adelaide, si bien se ha puesto sobre la mesa la posibilidad de adquirir cazabombarderos F-35B y convertiplanos MV-22 Osprey.

ROYAL AUSTRALIAN AIR FORCE.

Otra gran beneficiaria del programa Fuerza 2030 es la RAAF. El programa AIR 6000 prevé la adquisición de hasta 100 F-35, llamados a sustituir a los F-18 Hornet. Es necesario destacar que, además, Australia ha adquirido 24 Super Hornet (que no entran en el plan de sustituciones) y 12 EA-18 Growlers de Guerra Electrónica. Reseñar también que los dos primeros F-35 ya han sido entregados y están siendo operados como aviones de adiestramiento en bases de la USAF.

Wedgetails de la RAAF.

Wedgetails de la RAAF.

Y es que la RAAF lleva ya algunos años inmersa en este proceso de potenciación. Se han adquirido 6 E-7A Wedgetail y 2 G-550 de alerta temprana y mando y control. 5 aviones cisterna A-330 MRTT han entrado en servicio, y se espera que pronto lo hagan otros dos. Su capacidad de transporte estratégico se ha visto potenciada con la compra de 8 C-17 Globemaster. Además, ha adquirido ocho aeronaves P-8 Poseidón, el avión ASW más capaz del mercado, llamado a sustituir al P-3 Orión en la RAAF y en la USN. Se ha aprobado la compra de 10 C-27 Spartan (una decisión que mejorará sus capacidades de transporte táctico, aunque nos habría gustado que la balanza se hubiera inclinado a favor del C-295 de EADS-CASA).

MRTT australiano repostando dos F-18 españoles durante las pruebas. Cabe recordar que estos aviones son adaptados en Getafe.

MRTT australiano repostando dos F-18 españoles durante las pruebas. Cabe recordar que estos aviones son adaptados en Getafe.

En cuanto a UAVs, parece ser que Canberra duda sobre la adquisición de 7 MQ-4C Global Hawk con los que complementar a los dos IAI Heron que ya están en servicio. Los Global Hawk serían empleados en tareas de vigilancia marítima, pero existe además otro proyecto para la adquisición de un número indeterminado de MQ-9 Reapers (adquirido recientemente por España).

ROYAL AUSTRALIAN ARMY.

El ejército de tierra australiano es sin lugar a dudas la unidad menos afectada (para su desgracia) por el programa Fuerza 2030, si bien este incluye la nada desdeñable adquisición de 7 nuevos helicópteros pesados CH-47F, 22 helicópteros de ataque Tigre, 30 MRH-90, UAVs Scan Eagle y RQ-7 Shadow, hasta 1100 LAVs y nuevas piezas remolcadas de 155 mm (35 obuses M-777).

Helicóptero de ataque Tigre australiano.

Helicóptero de ataque Tigre australiano.

CONCLUSIÓN.

Australia, un país con un enorme potencial económico dada su diversidad de recursos naturales y la amplitud de su territorio, está llamada a convertirse en una potencia de la región de Asia-Pacífico, una vez consiga hacer despegar su principal factor limitante: su escasa población.

El programa Fuerza 2030 supone una importante potenciación de sus capacidades militares, convirtiendo a la RAAF es una fuerza aérea con capacidad estratégica y material de primera calidad, y potenciando a la RAN, que sin embargo carecerá, al menos a medio plazo, de las bondades de disponer de aeronaves de ala fija embarcables.

El ejército australiano -si bien ya quisiéramos un programa de modernización así en el ET español- es la unidad menos favorecida por el programa, lo que por otro lado va en consonancia con la peculiaridad de Australia, una nación-continente, que requiere principalmente de unidades proyectables para defender sus intereses en Asia-Pacífico.

Australia, dispuesta a comerse el mundo.

Australia, dispuesta a comerse el mundo.

DCNS se hace con el contrato de los submarinos australianos

Australia ha confirmado que la francesa DCNS es la ganadora de un contrato valorado en 34.000 millones de euros para la construcción de doce submarinos llamados a sustituir a sus seis unidades de la clase Collins.

Submarinos clase Collins, espina dorsal del actual arma submarina australiana y fuente de numerosos disgustos.

Submarinos clase Collins, espina dorsal del actual arma submarina australiana y fuente de numerosos disgustos.

El modelo elegido, denominado SHORTFIN BARRACUDA, es una versión de propulsión diésel-eléctrica del futuro submarino nuclear de ataque francés BARRACUDA. Se trata de un buque de 4000 toneladas de desplazamiento, 99 metros de eslora, mástiles no penetrantes, propulsión mediante pump-jet y timones en cruz.

El SHORTFIN BARRACUDA francés. En las impresiones artísticas todos tienen buena pinta.

El SHORTFIN BARRACUDA francés. En las impresiones artísticas todos tienen buena pinta.

El contrato incluye la transferencia de tecnología y la construcción en Adelaida de los doce submarinos, lo que supondrá 2.800 puestos de trabajos directos y más de 30.000 indirectos. La experiencia francesa en este campo (construcción en astilleros extranjeros y transferencia de tecnología) ha sido clave en el proceso de selección, donde otros competidores como la alemana TKMS o el consorcio japonés formado por KAWASAKI-MITSUBISHI habían presentado también sus proyectos. Navantia, que en su día optaba a este multimillonario contrato y que tenía una buena posición de partida tras haber construido dos LHD y tres DDG para el país austral, tuvo que retirarse discretamente al revelarse los problemas de diseño del S-80.

Sin lugar a dudas el hecho de que la balanza se haya inclinado hacia la opción francesa garantiza la polémica durante los próximos días. Desde Fuerza Naval, a pesar de no conocer los detalles del contrato, consideramos la decisión como poco acertada.

El programa australiano ha estado condicionado, principalmente, por la necesidad de construir un submarino con un gran radio de acción. No se trata únicamente de una cuestión de autonomía, de capacidad de combustible o víveres. Se trata también de habitabilidad. En palabras de Andrew Davies, director del Instituto Australiano de Política Estratégica, las opciones alemana y japonesa no tenían en cuenta la necesidad de acomodar a una dotación lo suficientemente grande como para garantizar los relevos y, por tanto, el descanso de los submarinistas. Literalmente, menciona que “el hecho de que los japoneses sean más bajos que los australianos ha jugado en contra del Soryu”.

Desde Fuerza Naval consideramos, sin embargo, que las opciones alemana y japonesa tenían mucho que ofrecer. Por un lado, ambos son países con una gran experiencia en construir submarinos de conocida reputación. Puede que el reto de construir en el extranjero fuera algo nuevo para Japón, que nunca se ha embarcado en una empresa de exportación militar de este calibre. Pero Italia y Grecia han fabricado submarinos alemanes bajo licencia.

El U-216, base de la oferta alemana.

El U-216, base de la oferta alemana.

Además, los sistemas AIP alemanes y japoneses son conocidos por sus buenos resultados, frente a los módulos MESMA franceses, que sólo están funcionando a bordo de los Agosta B paquistaníes y cuya eficiencia está en duda. Por otro lado, el constructor alemán ofrece mayor flexibilidad a la hora de adaptarse a los sistemas de armas elegidos por el cliente, e incluye entre sus opciones el torpedo DM2A4, considerado el torpedo pesado más capaz en servicio. Los submarinos japoneses, por su parte, ya operan el Sub-Harpoon y un torpedo similar al MK48 americano: el Tipo 89.

Submarino japonés clase Soryu. No sólo tiene buena pinta. La foto es en Hawaii, y este archipiélago está a unas cuantas millas de distancia de Japón.

Submarino japonés clase Soryu. No sólo tiene buena pinta. La foto es en Hawaii, y este archipiélago está a unas cuantas millas de distancia de Japón.

La Royal Australian Navy, que sigue una tradición eminentemente “americana”, tendrá una más que probable preferencia por misiles como el Sub-Harpoon o el torpedo Mk48 ADCAP para equipar a sus submarinos. Se trata de armas probadas (frente a las supuestas virguerías que incorporarán los torpedos F21 franceses) y que ya existen en su inventario. Es cierto que DCNS puede intentar integrar un sistema de combate y armas americanas a bordo del SHORTFIN BARRACUDA. El problema es que no lo ha hecho nunca (y esto es algo en lo que Navantia podría haber destacado).

Esta es la pinta que tiene un Sub-Harpoon al romper la superficie.

Esta es la pinta que tiene un Sub-Harpoon al romper la superficie.

En cualquier caso, desde Fuerza Naval (como observadores ajenos a consideraciones políticas), creemos que dadas las necesidades australianas (preferencia por equipos y armas americanos, necesidad de una gran autonomía y de una buena habitabilidad) la opción más acertada habría sido la de reducir el programa a seis submarinos de la clase Virginia americana. Existen artículos de prensa que aseguran que el ofrecimiento existió, dada la buena relación entre Washington y Camberra. Sin embargo, la más que probable reacción del pueblo australiano en contra de la construcción de submarinos con propulsión nuclear hizo desechar esta opción. De esta forma, la RAN perdía la oportunidad (ya que los fondos para un programa de esta envergadura existían) de pasar a formar parte del selecto club de poseedores de SSN, un arma con unas capacidades inigualables para el escenario naval de Asia-Pacífico.

Detallado infografía para convenceros de que el Virginia era la mejor opción, aunque fueran la mitad de submarinos.

Detallada infografía para convenceros de que el Virginia era la mejor opción, aunque fueran la mitad de submarinos.

El arte de comunicar con submarinos.

Como muchos sabréis, la característica principal de un submarino es su discreción. Como oí en una ocasión a un experimentado comandante de uno de nuestros submarinos de la clase Delfín, con los medios antisubmarinos de hoy en día, un submarino detectado es un submarino hundido.

Evitar la detección implica una importante disciplina en todo lo que se refiere a operaciones ruidosas, a exposición de mástiles y, por supuesto, a la transmisión de cualquier tipo de onda electromagnética. Y no nos referimos únicamente al radar, equipo proscrito de cualquier submarino con un mínimo de espíritu combativo, especialmente ahora que los telémetros láser sobre periscopio permiten obtener distancias muy precisas con poco riesgo de contra-detección. Nos referimos a las transmisiones de comunicaciones.

Ya durante la II Guerra Mundial, el almirante Dönitz estableció las líneas maestras de la comunicación con submarinos: la radiodifusión. Una estación en tierra transmite órdenes en baja frecuencia. Estas órdenes (entonces cifradas por la máquina enigma y hoy en día por equipos más modernos) vuelan en todas direcciones y se repiten periódicamente, porque nadie sabe donde o cuando las recibirá el submarino. Éste evitará comunicar, en la medida de lo posible, porque sus antenas de HF son indiscretas y le ponen en riesgo de ser detectado.

La famosa máquina Enigma alemana

La famosa máquina Enigma alemana

Evidentemente, hoy en día hay otras opciones. Los enlaces mediante antenas de comunicaciones por satélite son muy difíciles de detectar, y permiten a los submarinos una conexión rápida y segura con sus estados mayores en tierra, si bien es cierto que obliga a exponer un mástil, y por tanto, ofrece al enemigo una oportunidad de detección. Por esta razón, la radiodifusión sigue siendo el medio principal de mando y control con los submarinos.

Un buen resumen de las opciones de comunicaciones de los submarinos, según su discreción.

Un buen resumen de las opciones de comunicaciones de los submarinos, según su discreción.

Ahora bien… ¿cómo recibe estas ondas un submarino?. La solución pasa por las transmisiones de baja frecuencia. Toca hacer un rápido recordatorio de física. A mayor longitud de onda, y por tanto menor frecuencia, la atenuación es menor y los alcances son mayores. España, por ejemplo, cuenta con una antena de LF en Guardamar del Segura (Alicante) para comunicar con sus submarinos. Esta antena, que pertenecía a la marina de los Estados Unidos y que se instaló en 1962, en los años más duros de la Guerra Fría, es, con sus 370 metros, la estructura más alta del país (aquí toca otro recordatorio de física… a menor frecuencia, y mayor longitud de onda, mayor debe ser el tamaño de la antena).

Antena de Guardamar del Segura, conocido por todo buen veraneante del Levante español.

Antena de Guardamar del Segura, conocida por todo buen veraneante del Levante español.

Según Wikipedia, las ondas de VLF son capaces de penetrar la superficie del mar hasta alrededor de 20 metros de profundidad. Es una penetración bastante importante, si tenemos en cuenta la mala relación entre el agua y las ondas electromagnéticas. Pero no es suficiente para alertar, por ejemplo, a un submarino de misiles balísticos a 200 metros de profundidad esperando la orden para comenzar el apocalipsis.

¿Y cual es la solución? Bien… bajar un poco más la frecuencia y construir antenas más grandes. Si utilizamos la banda de frecuencia ELF (3-300 Hz) obtenemos una penetración en el agua de cientos de metros. Las leyes más básicas dicen que la longitud de una antena debe ser la mitad de la longitud de onda de la transmisión a realizar… Esto arroja como resultado, haciendo un cálculo rápido, que necesitamos una antena de unos 3500 km de longitud. Tarea nada fácil, por otro lado.

Así que no queda otra que utilizar el planeta tierra como antena. Enterramos un dipolo aquí, otro a 100 km de distancia y ponemos una planta eléctrica capaz de alimentarla. Si el terreno tiene poca conductividad, las ondas utilizaran otras capas de la corteza terrestre para conducir la electricidad, creando así una antena gigante. Dada esta complejidad, sólo hay dos estaciones ELF en el mundo. No hay que tener mucha imaginación para deducir donde se encuentran: Estados Unidos y Rusia (aunque existen informes que insinúan que India ha construido una estación de este tipo). En fin, algún día hablaremos con más detalle del Proyecto Sanguine americano y del ZEVS soviético.

Esquema de la instalación de ELF del Proyecto Sanguine.

Esquema de la instalación de ELF del Proyecto Sanguine.

Viendo el tamaño de las antenas, podemos imaginar que no es fácil instalar algo así a bordo de un submarino. Por esa razón, la radiodifusión es una comunicación en un sólo sentido. El submarino recibe en estas bajas frecuencias, pero es incapaz de transmitir.

Otro aspecto importante a tener en cuenta (y volvemos de nuevo a la física) es que a menor frecuencia, menor tasa de datos por segundo. Una transmisión en ELF contiene normalmente sólo grupos de tres caracteres que pertenecen a un código. Estos códigos son normalmente “bellringers”, es decir, advertencias para tomar acciones adicionales que aclararán cual es su misión. De esta forma, un submarino balístico, en patrulla a cota profunda en mitad del Pacífico, recibiría un “bellringer” indicándole que subiera a cota periscópica para recibir instrucciones adicionales.

Otro gráfico donde podéis ver las virtudes de cada una de las bandas de frecuencia utilizadas en la comunicación con submarinos.

Otro gráfico donde podéis ver las virtudes de cada una de las bandas de frecuencia utilizadas en la comunicación con submarinos.

Estados Unidos desarrolló también un sistema de transmisión en baja frecuencia embarcado en aviones, con objeto de evitar quedarse sin medios de mando y control si los cuarteles generales en tierra eran destruidos. Se trata del E-6 TACAMO, una versión del B-707 con una inmensa antena largable, del que se construyeron 16 unidades y que a pesar de pertenecer a la US Navy están basados tierra adentro, en la base aérea de Offutt, Nebraska (que por otro lado alberga el USSTRATCOM, o cuartel general de las fuerzas estratégicas americanas).

E-6 TACAMO, el avión del día del juicio final.

E-6 TACAMO, el avión del día del juicio final.

Por supuesto, un submarino puede comunicarse de otras formas. Desde el afamado Gertrude, o teléfono submarino, que utiliza el agua como medio para la transmisión de ondas acústicas que pueden ser recibidas por otros submarinos o barcos de superficie, hasta antenas de UHF o VHF iguales a las utilizadas por el resto de unidades navales. Quizás, la novedad más llamativa sea la de las conocidas como SLOT BUOYS, una suerte de boyas desechables que son largadas por el submarino con un mensaje que es retransmitido (con un retraso programado, si es necesario para evitar la detección) al alcanzar la superficie. ¿Estarán equipados nuestros S-80 con estos ingenios?