Operación Félix: los planes alemanes para invadir la península ibérica.

Junio de 1940. Francia ha caído y las fuerzas alemanas se preparan para invadir las Islas Británicas en el marco de la operación León Marino. Sin embargo, Hermann Göring cree que la prioridad es otra: dominar el Estrecho de Gibraltar y convertir el Mediterráneo en el Mare Nostrum del Eje. La idea es secundada por otros militares, como Guderian y Jodl. Creen que tomar la Península conseguirá cortar las comunicaciones de Gran Bretaña con su imperio oriental. Juntos intentan persuadir a Hitler de la viabilidad del plan, que recibe el nombre en clave de Operación Félix. La idea convence a Adolf Hitler.

Una delegación de la inteligencia militar alemana visita a Franco en el mes de julio. Al frente está el jefe de la Abwehr, Wilhem Canaris, un experto en España y, además, líder de un grupo de militares alemanes opuestos a las tesis de Hitler.

El Almirante Wilhem Canaris era el jefe de Inteligencia Militar -Abwehr- de Hitler.

Canaris sabe que Gibraltar es un objetivo estratégico cuya toma puede alterar el curso de la guerra. Sabe también que para que la Wehrmatch pueda asaltar Gibraltar necesitan la colaboración de Franco, pues no pueden arriesgarse a entrar por la fuerza y abrir un nuevo frente en España, con una orografía muy complicada y una población curtida en la Guerra Civil, dispuesta a tomar las armas frente a cualquier agresión externa.

Además, Gibraltar es un hueso duro de roer. Los británicos han evacuado a toda la población civil, y sólo residen en el Peñón los operarios del puerto y los miembros de la guarnición reforzada que custodian La Roca.

Focos antiaéreos iluminan el cielo sobre el Peñón de Gibraltar durante un ataque aéreo.

Por tanto, la solución pasa por desalentar a Franco y mantenerlo fuera del conflicto. En Agosto se reúne con el cuñado del “Caudillo”, Ramón Serrano Súñer. Serrano Súñer está a punto de convertirse en Ministro de Asuntos Exteriores, y tiene una gran influencia sobre el dictador.

Canaris le explica (y más tarde lo haría directamente a Francisco Franco) que, si España entra en la guerra, corren el riesgo de una invasión aliada de la Península. Y por otro lado le convence de que Hitler no invadirá España si Franco se niega a cooperar, argumentado que estará demasiado ocupado con el desarrollo de la Operación Barbarroja: la invasión de la Unión Soviética. Sólo la entrada de Portugal en la contienda junto a los aliados justificaría una invasión no autorizada de la Península. También le hace una atrevida confesión: está convencido de que Alemania no ganará la guerra.

Mientras, en Berlín, Hitler aprueba los planes para tomar el Peñón. Las cosas no van bien en la Operación León Marino, pues la RAF está asestando duros golpes a la Luftwaffe. La idea de su Estado Mayor es que dos Cuerpos de Ejército atraviesen los Pirineos: uno se dirigiría a Gibraltar. El otro custodiaría la frontera con Portugal, en previsión de un contraataque aliado a través del territorio luso. Como curiosidad, decir que el sector de Sevilla estaba previsto que fuera custodiado por una de las unidades más temidas de las fuerzas alemanas: la división SS Totenkopf (Calavera).

Los alemanes pretendían utilizar hasta 150 “robots” Goliath, operados a control remoto y dotados con una carga explosiva.

Franco, que no tiene ningún interés en introducir a nuestro depauperado país en las fauces del mayor conflicto de la historia de la humanidad, oficializa sus condiciones para que España entre en la lucha del lado de Alemania: Gibraltar, las colonias francesas de Marruecos, oeste de Argelia y Camerún, armas, trigo y combustible. Estas tres últimas peticiones eran, en realidad, indispensables para sostener la paupérrima economía de posguerra en España.

Las condiciones son inaceptables para Alemania. En la reunión entre Hitler y Franco en Hendaya, el 23 de octubre de 1940, Hitler insiste en que España debe entrar en la guerra del lado del Eje, a cambio de Gibraltar. El resto de las peticiones no pueden ser atendidas. Francisco Franco da entonces mil respuestas elusivas durante siete horas evitando comprometer la suerte de su país. La reunión es un fracaso.

Hitler y Franco se reunieron en la fronteriza localidad francesa de Hendaya. El Fuhrer confesaría más tarde a Mussolini que la reunión con el Caudillo había sido un auténtico calvario.

A lo largo de los últimos meses de 1940, Hitler se obsesiona con la idea de asaltar Gibraltar, y planea cruzar los Pirineos en enero de 1941. Considera incluso la posibilidad de invadir Portugal para hacerse con el control de toda la Península, aún con la negativa de Franco. Las fuerzas alemanas tomarían además el Norte de África y las Islas Canarias, ofreciendo así nuevas bases navales para sus U-boot.

Plan inicial de la Operación Félix, donde dos Cuerpos de Ejército atravesarían los Pirineos. Uno de ellos se encargaría de Gibraltar y el otro sellaría la frontera con Portugal para evitar un contraataque británico.

Canaris vuelve a reunirse con el Caudillo en diciembre, pero este se niega a aceptar las condiciones alemanas, alegando que España no está en condiciones de apoyar logísticamente a las fuerzas de la Wehrmacht, dado el estado de las infraestructuras y de las reservas de alimentos. Además, no quiere arriesgarse a un contragolpe británico que suponga un bloqueo del indispensable comercio marítimo para la Península (máxime tras la negativa alemana a acceder a sus demandas de combustible y víveres) o la pérdida de las Islas Canarias o de las colonias en África.

Hitler considera que Franco está cometiendo un gran error, según le confiesa a Mussolini en una misiva. Pero ante la inminencia de la fecha marcada para comenzar la invasión de la Unión Soviética, es necesario plantearse si la Operación Félix es viable o es necesario cancelarla. Pronto esos dos Cuerpo de Ejército serían necesarios en el frente oriental, y no conviene invadir España sin el apoyo de Madrid, pues podrían encontrarse con una fuerte resistencia apoyada por los británicos0.

Pese a las presiones diplomáticas de última hora por parte de Berlín y Roma, España permanecerá [relativamente] neutral hasta el final de la contienda.

En los documentos del diplomático italiano se recoge una cita de Hitler relativa al encuentro en Hendaya, en la que supuestamente comentó a Mussolini:

¡Preferiría que me arrancaran cuatro dientes que volver a reunirme con ese hombre otra vez!

Tras la guerra, el Mariscal de Campo Keitel diría: “En lugar de atacar Rusia, debimos haber estrangulado al Imperio Británico cerrando el Mediterráneo. El primer paso habría sido tomar Gibraltar. Esa fue otra gran oportunidad perdida”.

Gibraltar mantuvo una importancia estratégica clave para las operaciones británicas durante toda la contienda.

¿Habría ganado Alemania la guerra de haber llevado a cabo la Operación Félix antes de empezar a cavar su tumba en Rusia?. La respuesta a esta pregunta está muy discutida.

Recientemente, el historiador James Holland sentenciaba que las fuerzas alemanas enfrentaban numerosos problemas logísticos que les habrían conducido a la derrota en cualquier caso. Pero la realidad es que haber tomado Gibraltar habría convertido al Mediterráneo en terreno de juego del eje, dificultando enormemente la comunicación del Reino Unido con su imperio oriental y asegurando a Alemania el suministro de combustible desde los campos petrolíferos del Norte de África.

Planes alemanes para cerrar el Mediterráneo en favor del Eje.

Privar al Reino Unido de los suministros que procedían de su imperio en Oriente Próximo, el este de África y Asía podría haber acabado en la sumisión de Gran Bretaña tras los estragos que en 1940 provocaban los submarinos alemanes al transporte marítimo con rumbo a las islas. No en vano, en 2013 el Reino Unido desclasificó documentos que revelaban que el gobierno de Churchill había invertido el equivalente a más de 200 millones de dólares de hoy en día en sobornar a altos cargos del Ejército y del gobierno español para mantener a nuestro país al margen de la contienda a toda costa.

Quién sabe. Tal vez de haber tomado Gibraltar, hoy la esvástica ondearía en Trafalgar Square (y probablemente también en Cibeles).

De haberse llevado a cabo, la operación Félix podría haber cambiado el curso de la guerra, y tal vez, permitir una victoria alemana.

Churchill: El instante más oscuro.

Fuerza Naval ha tenido la oportunidad de asistir esta semana al estreno de la película “El instante más oscuro”, dirigida por Joe Wright y protagonizada por Gary Oldman. La película narra la llegada al poder de Winston Churchill en mayo de 1940, coincidiendo con la invasión alemana de los Países Bajos, Bélgica y Francia.

La película muestra el lado humano de Winston Churchill, con sus dudas y miedos sobre ofrecer una resistencia numantina al imparable avance alemán en Europa o doblegarse ante la atractiva oportunidad de un tratado de paz que salvara a Gran Bretaña de los horrores de la guerra.

Para aquellos amantes de la IIGM, se trata de un filme indispensable, cargado de significado, y donde se reproducen dos de los más famosos discursos de Winston Churchill: “Sangre, sudor, lágrimas y sufrimiento” y “No nos rendiremos jamás”.

¡Lucharemos en las playas, en los aeródromos, en los campos y en las calles. Lucharemos en las colinas. No nos rendiremos jamás!

¡Lucharemos en las playas, en los aeródromos, en los campos y en las calles. Lucharemos en las colinas. No nos rendiremos jamás!

No tengo nada que ofrecer salvo sangre, sufrimiento, lágrimas y sudor.

No tengo nada que ofrecer salvo sangre, sufrimiento, lágrimas y sudor.

La película hace también referencia a una graciosa anécdota: la primera vez que Churchill hizo el símbolo de la V de Victoria lo hizo mostrando el dorso de la mano… que en los barrios obreros británicos era una forma de “mandar a tomar por culo”.

¡Fuck off! ¡A tomar por culo!

¡Fuck off! ¡A tomar por culo!

También se menciona en este largometraje una cita habitualmente usada por Churchill, y que sería de total aplicación a los tiempos modernos, en los que la sociedad no entiende la necesidad de mantener unas Fuerzas Armadas bien preparadas y capaces de defender lo que esa misma sociedad representa:

“Habló pues el valiente Horacio, capitán de la puerta: A todo hombre de esta tierra tarde o temprano le llega la muerte ¿Qué mejor manera de morir puede tener un hombre que la de enfrentarse a su terrible destino, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?”

El escenario principal de la película es el “War Cabinet”, el conjunto de búnqueres desde donde se dirigió la guerra. Fuerza Naval tuvo oportunidad de visitar estas instalaciones, hoy abiertas al público, en una visita a Londres. Sin duda una visita muy interesante donde se pueden ver las salas de reuniones, de mapas estratégicos e incluso el catre que Churchill se hizo instalar por si debía pasar la noche en el búnquer, si bien es sabido que nunca tuvo intención de esconderse de la Luftwaffe y dormía habitualmente en su dormitorio de Downing Street.

La "War Room" o sala de guerra de Churchill, abierta al público desde 1984.

La “War Room” o sala de guerra de Churchill, abierta al público desde 1984.

Como cualquier museo británico, el Churchill War Rooms está perfectamente conservado, cuidando hasta el más mínimo detalle.

Como cualquier museo británico, el Churchill War Rooms está perfectamente conservado, cuidando hasta el más mínimo detalle.

Lorient: la base de submarinos.

En 1940, con la invasión de Francia, la Kriegsmarine obtenía uno de sus objetivos estratégicos: bases en el Atlántico. Disponer de enclaves en la costa atlántica francesa evitaba el arriesgado tránsito alrededor de las islas británicas para sus submarinos. Ciudades como Brest, Lorient, St. Nazaire, La Rochelle o Burdeos fueron espectadoras, hasta los últimos días de la guerra, de la entrada y salida del arma más temida por los aliados: los U-Boat.

Imagen de la década de los 40 de Lorient, y plano con la disposición de los muelles para submarinos.

Imagen de la década de los 40 de Lorient, y plano con la disposición de los muelles para submarinos.

Hace algunos meses, uno de los editores de esta página ha tenido la oportunidad de visitar Lorient, en la Bretaña francesa. Con escaso atractivo turístico, la ciudad es un imán para todo entusiasta de la II Guerra Mundial. En su puerto se levanta una estructura tosca de hormigón, dirigida a proteger de los bombardeos aliados el arma más preciada de Doenitz, sus submarinos.

Acceso al museo.

Acceso al museo.

Hoy en día, los llamados búnkeres de Keroman alojan un centro de práctica de vela, con exclusivos astilleros dedicados a este deporte ocupando los anitguos diques de submarinos. Incluso se ha publicado recientemente que serán utilizados para obtener energía solar, con la instalación de una serie de paneles solares en sus tejados. Pero la realidad es que Lorient alberga una obra maestra de la ingeniería militar.

En la antigua base alemana puede visitarse el submarino francés de la clase Daphne "La Flore".

En la antigua base alemana puede visitarse el submarino francés de la clase Daphne “La Flore”.

Construidos por obreros franceses, los búnkeres K1, K2, K3 y el inconcluso K4 eran capaces de albergar hasta 30 submarinos. La presencia de esta fuerza de submarinos en la ciudad convirtió a Lorient en el objetivo de numerosos bombardeos aliados, que incapaces de destruir los búnkeres, decidieron acabar con la mano de obra forzosa de los alemanes: los habitantes de Lorient y sus viviendas. Las más de 60.000 bombas incendiarias lanzadas sobre la ciudad son la razón por la que Lorient no es en absoluto un centro turístico, a diferencia de otras muchas poblaciones bretonas, sino más bien una ciudad reconstruida con prisa tras la posguerra.

Bombas anti-bunker TallBoy, empleadas sin éxito contra la base de submarinos.

Bombas anti-bunker TallBoy, empleadas sin éxito contra la base de submarinos.

La base fue utilizada por la Marine Nationale francesa hasta 1997, y renombrada Base Ingeniero Stosskopf, un francés germanoparlante que actuó como director de las obras de construcción de los búnkeres mientras ofrecía a la resistencia valiosísima información sobre los movimientos de los submarinos alemanes.

Emblemas de las dos flotillas de submarinos basadas en Lorient, y placa en homenaje a los obreros fallecidos que participaron en la construcción de la base.

Emblemas de las dos flotillas de submarinos basadas en Lorient, y placa en homenaje a los obreros fallecidos que participaron en la construcción de la base.

En la actualidad, además de “La ciudad de la vela”, la base Keroman alberga el submarino museo Flore, un museo sobre métodos de supervivencia en un submarino, y la posibilidad de visitar el interior de algunos de los búnkeres Keroman, aunque lo cierto es que uno puede campar a sus anchas por los diques para submarinos sin que nadie se interponga en su camino.

Interior de uno de los diques. Como puede verse es empleado por embarcaciones de recreo.

Interior de uno de los diques. Como puede verse es empleado por embarcaciones de recreo.

Salida al mar de los diques del búnquer K3. La foto está tomada desde un pantalán para embarcaciones de recreo.

Salida al mar de los diques del búnquer K3. La foto está tomada desde un pantalán para embarcaciones de recreo.

Todavía queda algún resquicio del origen alemán de los búnqueres.

Todavía queda algún resquicio del origen alemán de los búnqueres.

A pocos kilómetros, en un lugar llamado Larmor-Plage, se levanta una bonita mansión hoy día propiedad de la marina francesa: Villa Kerillón fue la sede del Cuartel General de Doenitz en Lorient hasta 1942, momento en que la acción de los comandos británicos en St. Nazaire aconsejó trasladar al Almirante a París. Rodeada de búnkeres, resistió a los bombardeos y sirvió como centro de mando de quién se convertiría en el líder de la Alemania nazi tras el suicidio de Hitler.

Villa Kerillon, Cuartel General de Doenitz en Lorient.

Villa Kerillon, Cuartel General de Doenitz en Lorient.

Pese a parecer una residencia normal y corriente, estaba completamente fortificada y disponía de un búnquer subterráneo para resistir los bombardeos (que nunca alcanzaron la casa).

Pese a parecer una residencia normal y corriente, estaba completamente fortificada y disponía de un búnquer subterráneo para resistir los bombardeos (que nunca alcanzaron la casa).