DEFENSA ANTIAÉREA SUBMARINA.

¿Una revolución en la guerra marítima?

Imagine que es piloto de uno de los helicópteros SH-60B de nuestra Armada. Se encuentra, en un futuro no muy lejano, escoltando a las unidades de proyección y a los más de mil infantes de marina que transportan frente a la amenaza submarina enemiga. La fuerza a la que protege, incluida la fragata desde la que ha despegado, se encuentra a una distancia considerable, lejos de donde creen que la amenaza submarina enemiga puede estar esperándonos.

Confían en usted. Dirige a bordo a un equipo de tres hombres perfectamente adiestrado. Su aparato lleva una impresionante variedad de sensores, desde un complejo procesador para las 25 sonoboyas que puede lanzar hasta un detector de anomalías magnéticas, pasando por una potente cámara infrarroja, un sensor de detección de emisiones electromagnéticas y un radar que aprovecha la altura de vuelo para ganar cualquier contacto en el horizonte. De cada lateral cuelga un torpedo Mk-46, suficientemente veloz y preciso como para eliminar cualquier submarino enemigo. Se desplaza casi diez veces más rápido que los buques de superficie para investigar cualquier posible contacto. Acústicamente, es indetectable para un enemigo que confía principalmente en su sonar para saber lo que le rodea. Pero además, aporta una ventaja vital frente a las fragatas que protegen a la fuerza: es invulnerable. O al menos lo ha sido hasta ahora.

Helicóptero SH-60B

Helicóptero SH-60B

Para no alertar al submarino vuela con el radar apagado. Su cámara infrarroja busca metódicamente sobre la superficie para detectar cualquier mástil. Es posible que el submarino quiera confirmar, a través de sus periscopios o de sus sensores de guerra electrónica, la presencia de nuestra fuerza naval. Y quizás eso le obligue a ser indiscreto.

Al final, después de muchos vuelos que han requerido un gran esfuerzo y concentración de las distintas dotaciones de los SH-60 que protegen a la fuerza, hay suerte. Parece que la cámara infrarroja ha detectado algo: un punto de calor minúsculo sobre la superficie de las frías aguas del Atlántico. Pone rumbo hacia el punto de calor para seguir investigando. Puede que se trate de un barril a la deriva. Quizás sólo sea una gaviota que ha amerizado para descansar. Inmediatamente, se informa por radio a la fuerza. Están casi a cuarenta millas, pero los torpedos modernos tienen un gran alcance y ante la posibilidad de que hayamos detectado a un submarino, no conviene correr riesgos. Inmediatamente, los buques que transportan a los infantes de marina ponen rumbo de evasión mientras los escoltas adoptan una postura más agresiva y ponen sus sónares a transmitir.

Nuestro helicóptero sigue acercándose. La imagen de la cámara infrarroja no es todavía muy precisa. Podría tratarse de dos mástiles, posiblemente el sensor de emisiones electromagnéticas, que busca los radares de nuestros barcos, y un periscopio para vigilancia. Lo más probable es que si el submarino nos ve acercarnos arríe sus periscopios e intente evadirse. Si da tiempo a identificar sin lugar a dudas los mástiles, el helicóptero lanzará un torpedo. Si no, quizás sea necesario lanzar algunas sonoboyas y confirmar que se trata de un submarino antes de gastar una de nuestras valiosas armas.

Helicóptero SH-60F, con sonar calable. España no dispone de esta versión.

Helicóptero SH-60F, con sonar calable. España no dispone de esta versión.

El helicóptero está ahora a apenas dos millas y no parece haber ninguna duda de que se trata de los mástiles de un submarino. Están perdidos. Casi sin esperarlo, oirán un torpedo entrar en el agua y empezar a transmitir tan cerca que no tendrán tiempo a evadirse. El oficial de guardia en el periscopio ni siquiera habrá visto llegar al helicóptero en acercamiento. El copiloto prepara el lanzamiento del arma. Pero algo inusual ocurre. De repente, la superficie del agua se quiebra. Un objeto acaba de llegar a superficie, y en su parte inferior se aprecia, acto seguido, la ignición de un motor cohete.

En los pocos segundos que preceden al derribo de nuestro helicóptero, la primera impresión es que estamos ante el lanzamiento de un misil antisuperficie, probablemente un Sub-Harpoon. Sin embargo, el misil vira rápidamente hacia la aeronave. Tenemos tan poco tiempo de reacción que las bengalas que intentan captar la atención del misil no sirven de nada. Horas después, otro helicóptero de nuestra Armada encuentra los restos de la aeronave flotando sobre la superficie. No ha habido supervivientes.

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¿Qué ha ocurrido? Veamos las cosas desde la óptica del comandante del submarino enemigo.

Su misión es acercarse, sin ser detectado, a la fuerza naval española. Y a la distancia óptima de lanzamiento de sus torpedos, atacar las unidades más valiosas: aquellas que transportan los contingentes de infantería de marina o los suministros vitales para mantener el esfuerzo de guerra. Bajo su mando tiene una obra maestra de la ingeniería alemana. Un submarino tipo 214 dotado de propulsión independiente de la atmósfera, lo que le permite ser muy discreto. Sabe que su mayor amenaza son los medios aéreos. Los escoltas no le preocupan demasiado, tiene una gran ventaja acústica sobre ellos y si se acercan demasiado, siempre puede poner un torpedo en el agua para ahuyentarles de sus esfuerzos por darle caza.

Los operadores sonar le han informado de la presencia de una serie de contactos que acústicamente parecen buques de guerra españoles. Quiere confirmarlo antes de abandonar su zona de espera para interceptar a los barcos del enemigo. Sube a cota periscópica e iza el mástil de exploración electromagnética. Efectivamente, en esa misma dirección hay transmisiones radar similares a las que podrían esperarse de los buques españoles. Mientras los operadores de guerra electrónica analizan la información, él vigila el horizonte por si se acercase alguna aeronave. Tradicionalmente han sido la principal amenaza para las fuerzas submarinas, y siguen siendo un enemigo temible. Pero ahora tiene otras opciones si apareciera un helicóptero o un avión de patrulla marítima.

A través de la cámara infrarroja del periscopio observa algo que le llama la atención. Un punto de calor que vuela nivelado, lo que descarta que sea un pájaro. Ha sido descuidado. Los mástiles han estado expuestos demasiado tiempo, y ahora un helicóptero les ha detectado. No transmitía con el radar, así que no ha habido alerta previa. No hay duda de que se dirige hacia ellos, y en cuanto tengan claro que se trata de un submarino, lanzarán uno de sus torpedos justo sobre su vertical, lo que les hará muy difícil escapar. Si en sus tubos no llevase cuatro ejemplares de su nueva arma, sólo le quedaría arriar todo, bajar a la cota de evasión e intentar escapar. Pero ahora tiene otra opción.

Misil IDAS

Misil IDAS

Decide permanecer en cota periscópica. Ya le han detectado, y tendrá que intentar acercarse a la fuerza naval española en otra ocasión. Pero ahora, evadirse no es su única opción. Puede pasar datos precisos sobre la posición del helicóptero aprovechando que lo tiene en el periscopio. El oficial de armas introduce los datos en una consola y da la orden de fuego. A los pocos segundos, uno de los cuatro misiles IDAS alojados en uno de sus ocho tubos lanzatorpedos sale hacia la superficie, arrancando su motor cohete. La cámara infrarroja de la parte delantera del misil envía imágenes a través de un cable de fibra óptica conectado con la consola de armas del submarino. El oficial de armas distingue claramente que se trata de un SH-60B y durante la fase de aproximación, da órdenes al misil para evitar las bengalas que intentan distraer su atención. ¡Impacto!. El helicóptero se precipita al mar envuelto en llamas y el comandante del submarino empieza una evasión que puede llevarle días hasta encontrar una nueva posición de lanzamiento. Ha perdido la oportunidad de atacar, pero ha escrito una nueva página en la historia de la guerra submarina.

Defensa activa frente a defensa pasiva.

Hasta ese momento, y desde la aparición del submarino en los escenarios de guerra marítima del S.XX, las aeronaves han sido el adversario por excelencia de los submarinos. Durante la II Guerra Mundial, la presión de los aviones de patrulla marítima basados en tierra y en portaaviones salvó el sistema de convoyes indispensable para el sostenimiento de Gran Bretaña y forzó el desarrollo del snorkel, convirtiendo a los sumergibles en verdaderos submarinos al aumentar exponencialmente el porcentaje de tiempo en inmersión, ya que les permitía cargar baterías sin estar en superficie. El snorkel permitió enfrentar la amenaza aérea con tácticas pasivas. La evasión se convirtió en la principal defensa, relegando al pasado las piezas de artillería antiaérea que poblaban la cubierta de los U-Boat. El desarrollo de la propulsión nuclear, que permite a los submarinos permanecer en inmersión profunda –esto es, alejados de los peligros de la cota periscópica- durante meses si es necesario, no hizo más que convencer a la comunidad submarinista que la mejor defensa frente a las aeronaves era evitar la detección a toda costa. Sin embargo, mientras los submarinos confiaban su defensa a sus posibilidades de evasión en cota profunda, los medios aéreos antisubmarinos evolucionaban en completísimas plataformas de armas guiadas y sensores que aportaban, frente a los buques de superficie, dos principales ventajas: la velocidad y, sobretodo, la invulnerabilidad.

Las aeronaves son la mayor amenaza para los submarinos desde la II Guerra Mundial.

Las aeronaves son la mayor amenaza para los submarinos desde la II Guerra Mundial.

Durante la Guerra Fría, sólo existieron tímidos intentos en proporcionar verdaderas opciones de defensa activa frente a las aeronaves antisubmarinas. Soviéticos y británicos elaboraron complejos sistemas para lanzar misiles de corto alcance desde versiones instaladas en mástiles similares a los periscopios. No es hasta finales de los años ochenta que surge el concepto SUBSAM (Submarine Surface-to-Air Missile), un proyecto de la Agencia de Investigaciones Avanzadas de la Defensa (DARPA, en sus siglas inglesas) que surge para contrarrestar los estudios de la Unión Soviética dirigidos a conseguir la capacidad de lanzar desde cota periscópica versiones de los misiles SA-7 y SA-14 frente a los P-3, SH-3 y SH-60 americanos. El fracaso del diseño ruso basado en el misil de guía infrarroja SA-14 Strela (dadas las condiciones de humedad reinantes en el ambiente marítimo) dirige a los americanos hacia un desarrollo basado en el misil de guía radárica AMRAAM alojado en el cuerpo de la versión de lanzamiento submarino del misil Tomahawk. Esta configuración permitiría aprovechar la autonomía del Tomahawk, haciendo posible al misil orbitar alrededor de una hora sobre la posición del submarino y sirviendo como elemento disuasorio de cualquier aeronave en aproximación. La idea original era conseguir que el AMRAAM se desprendiese del cuerpo del Tomahawk en caso de una detección, utilizando su velocidad de Mach 4 para alcanzar el blanco, eliminando cualquier amenaza para el submarino. La imposibilidad de que el operador pudiese discriminar si el misil atacaba a una unidad enemiga o a una aeronave amiga o neutral acabó con el programa.

Los británicos intentaron instalar, sin mucho éxito, un lanzador de misiles BlowPipe en un mástil para sus submarinos.

Los británicos intentaron instalar, sin mucho éxito, un lanzador de misiles BlowPipe en un mástil para sus submarinos.

En 1992 las empresas Aerospatiale y DASA, comienzan el desarrollo del programa Polyphem. Inicialmente se trataba de un misil con capacidades exclusivamente antibuque, pero en 1996 se añade la posibilidad de dotar al misil de capacidad antiaérea. Surge el proyecto Tritón. A diferencia del proyecto americano basado en el AMRAAM, el Tritón incorporaría guiado mediante un cable de fibra óptica, de forma que el operador podría controlar todas las fases de vuelo del misil. Además, incluía una guía infrarroja para guiado autónomo.

El proyecto fue cancelado en 2007, pero aportó innovaciones que serían aprovechadas para otras iniciativas de defensa activa ante aeronaves antisubmarinas. Disponía de un modo de búsqueda en trayectoria helicoidal, explorando todo el horizonte, lo que permitía atacar aeronaves enemigas aún sin tener datos precisos del blanco (lo que normalmente ocurre si el submarino no tiene ningún mástil izado). Además, utilizaba los contenedores de lanzamiento ya existentes para la versión submarina del misil Exocet, lo que le proporcionaba la ventaja adicional de romper la superficie a media milla de la posición del submarino, evitando revelar su posición exacta.

En 2006 los americanos dan un nuevo impulso al proyecto SUBSAM, esta vez con una versión del popular misil Sidewinder, también conocido como ASRAAM. El desarrollo incorporaba innovaciones importantes: resolvía los problemas derivados de lanzar desde una posición estática un misil diseñado para ser lanzado a las altas velocidades de un avión de combate y permitía su utilización desde los tubos de lanzamiento vertical de los misiles Tomahawk mediante unas cápsulas desechables denominadas SACS, diseñadas para adaptar cualquier tipo de misil a su utilización desde submarinos.

Desarrollos actuales.

Lamentablemente, todos los proyectos anteriores apenas consiguieron pasar de simples prototipos. Pero muchas de estas enseñanzas han sido aplicadas en el desarrollo de la primera promesa de revolución en la guerra submarina: el misil alemán IDAS.

Se trata de un desarrollo conjunto de las compañías alemanas HDW y Dhiel, y de la noruega Kongsberg, basado en el misil aire-aire Iris-T y sus nada desdeñables prestaciones: un alcance de 20 km, un techo de 20.000 metros y una velocidad de Mach 3. El IDAS es el sucesor natural de las investigaciones del proyecto Tritón, y hereda muchas de sus innovaciones. Dispone de un cableado redundante de fibra óptica que permite al operador recibir señal de vídeo normal y de cámara infrarroja, lo que además le permite atacar buques de pequeño porte y objetivos en tierra. Utiliza su trayectoria helicoidal para explorar todo el horizonte si no existen datos precisos del blanco. Y es capaz de navegar en inmersión antes de romper la superficie, evitando delatar la posición exacta del submarino.

Presenta, adicionalmente, otras mejoras. No necesita ser encapsulado, sino que alcanza la superficie por sus propios medios. Los misiles se almacenan en grupos de cuatro en contenedores de tamaño similar a un DM2A4, lo que permite disponer de cuatro misiles ocupando un único tubo de diámetro estándar. Algunas fuentes mencionan también la posibilidad de alojar el arma en un mástil multifunción de la compañía alemana Gabler, tal y como ocurría en los frustrados desarrollos de la Guerra Fría. Además, el sistema ofrece al operador el control de todas las fases del vuelo, permitiéndole seleccionar el blanco más amenazante de entre todos los detectados, destruir el misil en vuelo o incluso elegir el punto de impacto idóneo, si estamos atacando una unidad de superficie.

El sistema ha sido probado desde submarinos alemanes en 2008 y 2011. Noruega y Turquía también han demostrado recientemente su interés por dotar a sus submarinos de este misil.

Pruebas de lanzamiento del misil IDAS

Pruebas de lanzamiento del misil IDAS

Por su parte, las compañías DCNS y MDBA han presentado un proyecto, también derivado del Tritón. El sistema puede ser utilizado desde un lanzador integrado en un mástil (mediante una adaptación del misil tierra-aire Mistral) o utilizando las cápsulas de lanzamiento que usa la versión submarina del Exocet para lanzar una modificación del misil aire-aire Mica. Se trata de adaptar al entorno submarino misiles ya existentes, por lo que el riesgo del proyecto se estima bajo.

Existen además otras alternativas en estudio, que incluyen, por ejemplo, la integración en un mástil de un sistema de láser de alta energía como el embarcado en el USS Ponce para hacer frente a la amenaza de drones y pequeñas embarcaciones. El principal inconveniente de este sistema es su alto consumo de energía, que sin embargo no supone un excesivo problema para los submarinos con propulsión nuclear. El ya mencionado mástil Triple-M de la empresa alemana Gabler ofrece otra interesante alternativa: la instalación de un cañón Rheinmetall de 30mm que, alojado en un mástil estanco, permite enfrentar aeronaves antisubmarinas a corta distancia.

Un cambio en las reglas del juego en la guerra naval.

Hoy en día, las aeronaves antisubmarinas pueden permitirse investigar, clasificar y atacar un contacto submarino sin sentir su seguridad amenazada ni preocuparse de conceptos como la Stand-off Distance (distancia máxima de acercamiento según el alcance de las armas antiaéreas del enemigo). Aprovechan, además de esta invulnerabilidad, las ventajas inherentes a sus plataformas: velocidad muy superior a la de los buques escolta, sistemas de combate que integran una amplia variedad de armas y sensores o la capacidad de barrer grandes áreas en poco tiempo.

P-3 Orion, durante años, el avión antisubmarino por excelencia.

P-3 Orion, durante años, el avión antisubmarino por excelencia.

Las armas antiaéreas submarinas están llamadas a igualar este desequilibrio. Obviamente, la discreción es la principal virtud de un submarino, así que es poco probable que existan enfrentamientos directos o provocados entre las aeronaves submarinas y sus objetivos. La evasión seguirá siendo la primera opción. Pero si un submarino tiene la certeza de haber sido detectado, si aprecia en su sonar las transmisiones activas de sonoboyas o sónares calables que suelen preceder a un ataque, podrá defenderse. Sin embargo, la principal ventaja que aportan estos sistemas es otra: conseguir ejercer cierta disuasión, acabar frente a la tranquila invulnerabilidad de las aeronaves de patrulla marítima que las ha convertido en el arma más eficaz contra la amenaza submarina.

Estos sistemas son especialmente necesarios en submarinos de propulsión no nuclear, dado que su dependencia, en mayor o menor medida, de realizar snorkel en cota periscópica periódicamente y su menor velocidad de evasión les convierte en presas más fáciles. Tal es el caso del S-80, el futuro submarino español, una plataforma que será uno de los pilares estratégicos de la defensa española de las próximas décadas y que podría incorporar opciones antiaéreas como el misil IDAS -que además utiliza contenedores de similares características al torpedo alemán DM2A4, arma que ya está previsto utilizar a bordo de la nueva serie de submarinos- para aumentar exponencialmente sus posibilidades de supervivencia ante una acción antisubmarina enemiga.

Misil IDAS

Misil IDAS

Por otro lado, el progresivo desplazamiento de la guerra naval hacia el litoral, donde las sondas son, por regla general, menores y por tanto se hace más difícil evadirse utilizando medidas pasivas (como la variación de cota), hace patente la necesidad de dotar a los submarinos de un sistema de defensa antiaérea como los que se han expuesto en los últimos párrafos de este artículo.

Por supuesto, la guerra es un juego de evolución, de supervivencia de los más adaptados. Ante la emergencia de amenazas a la invulnerabilidad de las aeronaves antisubmarinas surgen desarrollos como el P-8 Poseidón americano, actualmente en servicio en los Estados Unidos y la India, y que probablemente reemplazará a la flota estadounidense de aviones P-3 Orión. Esta aeronave es capaz de lanzar sonoboyas guiadas por GPS en alturas superiores al techo operativo de los misiles en desarrollo. Incluso se están desarrollando pequeños planeadores no tripulados para transportar torpedos desde grandes alturas de lanzamiento hasta la vertical del submarino amenaza, evitando así que la aeronave de patrulla marítima tenga que entrar en la Stand-off Distance.

El HAASW, destinado a acercar los torpedos lanzados desde 20.000 pies a la superficie del mar.

El HAASW, destinado a acercar los torpedos lanzados desde 20.000 pies a la superficie del mar.

Pero abierto el camino para dotar a los submarinos de misiles antiaéreos, los nuevos retos presentados por la amenaza aérea –como en el caso del P-8 Poseidón- no tardarán en encontrar desarrollos de armas más capaces que intentarán desestabilizar el equilibrio que pronto existirá entre aeronaves y submarinos.

Así es el interior del P-8.

Así es el interior del P-8.

Potenciando la Armada en diez cómodos pasos. Fase II: Modernizar la Flotilla de Aeronaves.

La semana pasada comenzábamos esta serie de artículos dedicada a proponer medidas urgentes para potenciar nuestra Fuerza Naval. Para esta segunda entrega hemos decidido afrontar un reto de vital importancia para mantener la capacidad combativa de nuestra Armada: modernizar la Flotilla de Aeronaves. Y lo hacemos sabiendo que seremos objeto de más críticas, si cabe, que las recibidas la semana pasada, ya que las opciones para convertir nuestro Arma Aérea en una unidad moderna y eficaz son mucho más amplias. Insistimos, es necesario definir la viabilidad económica del plan, pero nuestra intención sigue siendo elaborar propuestas razonables sin entrar en detalles sobre su financiación. Por la misma simple razón: la defensa de España no debería tener precio.

2. MODERNIZAR LA FLOTILLA DE AERONAVES.

Si existe otra unidad dentro de la Armada que necesita una actuación urgente, esa es la Flotilla de Aeronaves. Si uno compara las unidades que existían antes de la redacción del Plan Alta Mar y las que existen hoy en día, encontrará numerosas similitudes. La 3ª, 4ª, 5ª y 6ª escuadrilla parecen haberse detenido en el tiempo. Si existe algún cambio es sólo porque el número de unidades original ha menguado. No por nada la Armada Española tiene el helicóptero Sea King más antiguo en servicio (y el primer SH-3D fabricado), joya que se disputan -a la espera de su retirada- algunos de los museos aeroespaciales más importantes de los Estados Unidos.

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Actualmente la Flotilla de Aeronaves dispone de 7 helicópteros AB-212 en la 3ª Escuadrilla, que están siendo modernizados; 4 aviones Cessna Citation II (3 unidades) y VII (1 ejemplar) en la 4º Escuadrilla; 10 helicópteros SH-3D (3 de ellos en versión de alerta temprana) en la 5ª Escuadrilla; 9 helicópteros Hughes 500 MD en la 6ª Escuadrilla; 13 aviones AV-8B Harrier (1 de ellos biplaza) en la 9ª Escuadrilla; 12 helicópteros SH-60B en la 10ª Escuadrilla; y cuatro drones ScanEagle en la 11ª Escuadrilla.

Con el programa de adquisición del NH-90 naval paralizado, actualmente sólo existen en firme dos programas dirigidos a potenciar la FLOAN: la ya comentada modernización de la 3ª escuadrilla y la adquisición de dos helicópteros SH-60F -en versión de transporte de tropas- para potenciar la 5ª escuadrilla y unificar los modelos en servicio.

AB-212 modernizado. Los cambios con respecto al modelo original son francamente visibles.

AB-212 modernizado. Los cambios con respecto al modelo original son francamente visibles.

Se trata, sin duda, de programas de insuficiente calado para encontrar una solución a la situación de obsolescencia y escasez de medios de la FLOAN. Es cierto que en los últimos años se han tomado decisiones acertadas, destacando principalmente la incorporación de los sistemas Scan Eagle, o del Cessna Citation VII. Pero en general, se ha retrocedido en capacidades: tras la conversión de los Sea King, no disponemos de helicópteros con sonar calable; se han retirado del servicio el 25% de la flota de Harrier; la alerta aérea temprana de la Flota requiere una urgente modernización.

Scan Eagle, el UAV elegido por la Armada.

Scan Eagle, el UAV elegido por la Armada.

En Fuerza Naval consideramos que la Flotilla de Aeronaves necesita un programa completo de potenciación y modernización. Los medios aéreos son un multiplicador de fuerza indispensable de cualquier Armada moderna, que incrementan notablemente la capacidad de proyectar el poder naval. Y por esa razón nos hemos propuesto remozar cada una de las escuadrillas, de arriba a abajo.

La Tercera Escuadrilla.

Los siete “gatos” que componen la 3ª Escuadrilla forman parte de un pedido inicial de 14 helicópteros adquiridos entre 1974 y 1980. Desde 1987, su misión principal ha sido el transporte de tropas. Desde 2013 la escuadrilla está inmersa en un proceso de modernización por parte de las empresas SENER e INAER en Albacete. El programa consiste en la introducción de avances en aviónica y nuevas capacidades como radar, FLIR, AIS y GPS, grúa de carga, sistema de visión nocturna y sistemas de autoprotección (detección de misiles, protección balística y asientos blindados). La Armada ha recibido ya dos helicópteros completamente modernizados.

Cabina de un AB-212 modernizado.

Cabina de un AB-212 modernizado.

Desde Fuerza Naval creemos que si este programa no estuviese ya en ejecución lo más recomendable sería la sustitución de todos los AB-212, quizás por helicópteros del tipo SH-60, por eso de unificar modelos. Pero ahora que el Ministerio de Defensa ha comprometido recursos económicos en esta modernización estamos dispuestos a sacar el mejor partido de estos veteranos. Eso sí, modernizar e incorporar a la 3ª Escuadrilla los 6 helicópteros del mismo tipo que el Ejército de Tierra opera con el BHELMA VI en las Islas Canarias ayudaría a alcanzar una cifra un poco más digna (13) de unidades en servicio.

La modernización permitirá a estos helicópteros cumplir con mayor eficacia no sólo sus misiones como transporte de tropas, sino como unidad aérea embarcada en escoltas y patrulleros de la Armada, especialmente en los Buques de Acción Marítima que ya se han desplegado en varias ocasiones con este modelo de helicóptero en el océano Índico como parte de la Operación Atalanta de lucha contra la piratería.

La Cuarta Escuadrilla.

Aunque esta escuadrilla cumple un gran número de misiones auxiliares, consideramos que su modernización no debe ser prioritaria, si bien es cierto que -con dinero de sobre- debería plantearse la opción de adquirir tres Cessna Citation VII para reemplazar a los Citation II que siguen en servicio.

Cessna Citation en la plataforma de la Base Naval de Rota.

Cessna Citation en la plataforma de la Base Naval de Rota.

En una opinión muy personal de los autores de esta página, y dado que la propia Armada define el apoyo logístico a unidades de la Armada como misión principal de esta escuadrilla, consideramos que tal vez debería plantearse su sustitución por una unidad de mayor porte y versatilidad, bien sean C-295 o los más económicos C-212 que, modernizados, incrementarían la capacidad logística de la escuadrilla y permitirían realizar el resto de misiones encomendadas a esta unidad (desde vigilancia marítima a colaboración con maniobras, pasando por un -más incómodo- transporte de autoridades).

La Quinta Escuadrilla.

Para la quinta escuadrilla, y aunque no hay quinta mala, dada su avanzada “edad” proponemos una medida radical. La baja de 6 de los 7 helicópteros SH-3D de transporte de tropas (que serían utilizados para repuestos), la conversión de uno de ellos para realizar labores de alerta temprana, y la modernización de los tres SH-3W incluyendo la instalación de la versión más avanzada del Searchwater 2000 y, a ser posible, Link 16.

Helicóptero SH-3W con radar Searchwater.

Helicóptero SH-3W con radar Searchwater.

De esta forma, la quinta escuadrilla quedaría reducida a cuatro unidades SH-3W modernizadas, que mantendrían la capacidad de alerta aérea temprana de la flota, con un nuevo radar y un excelente sistema de transferencia de datos, y con seis de los viejos “quintas” como fuente de repuestos. Estos helicópteros podrían, además, cumplir misiones como Target Reporting Units y como unidad conductora de Strike Packages.

La Sexta Escuadrilla.

Otra de las escuadrillas más veteranas, la sexta escuadrilla, cuenta actualmente con nueve helicópteros Hughes 500. Se trata de unidades adquiridas en la década de los setenta, que necesitan una modernización, pero que cumplen a muy bajo coste con un gran número de misiones auxiliares, que van desde el adiestramiento de nuevos pilotos hasta misiones de reconocimiento, pasando por transporte de personal a apoyo a operaciones especiales.

Es en esta última misión donde creemos que la sexta escuadrilla todavía tiene mucho que aportar. Una modernización y la instalación de armamento permitiría convertir a estos helicópteros en una plataforma ideal para la cada vez más capaz Fuerza de Guerra Naval Especial. No en vano este helicóptero es la base del MH-6 Little Bird empleado por el escuadrón 160th SOAR Night Stalkers de operaciones especiales.

Imagen artística de dos MH-6 Little Bird con componentes de un equipo de operaciones especiales a bordo.

Imagen artística de dos MH-6 Little Bird con componentes de un equipo de operaciones especiales a bordo.

Sin lugar a dudas, se trata de una aeronave que por su versatilidad y bajo coste de operación y mantenimiento conviene mantener en servicio, si bien es necesario tener en mente la necesidad de un sustituto a medio plazo.

La Séptima Escuadrilla.

Sí, es cierto, fue desactivada en 1984, tras sólo 12 años en activo. Pero nuestra intención es reactivarla. La Infantería de Marina Española, la más antigua del mundo, es una fuerza potente y capaz, y disponer de helicópteros de ataque le ofrecería una excelente herramienta de apoyo aéreo cercano. Una buena opción para dotar a esta escuadrilla sería la evolución de los AH-1G Cobra que la formaron en 1972. El AH-1W Super Cobra, principal helicóptero de combate del US Marine Corps, es una plataforma versátil y potente, que además ofrece un coste de adquisición reducido: 11 millones de dólares frente a los, por ejemplo, 33 millones de euros (en un cálculo optimista) que cuesta un NH-90. La relación de amor del USMC con esta veterana aeronave da fe de su fiabilidad y su capacidad combativa. Nuestra apuesta pasa por la adquisición de ocho unidades de este tipo.

AH-1W Super Cobra. Sin duda merecen una segunda oportunidad en la Armada.

AH-1W Super Cobra. Sin duda merecen una segunda oportunidad en la Armada.

La Novena Escuadrilla.

Sobre este apartado podemos garantizar que la polémica está servida. Existe un sustituto para el AV-8B Harrier: el F-35B. Pero existe un inconveniente. Es tremendamente caro. La página oficial del F-35 estima el coste de la versión VSTOL -y es muy optimista- en 104 millones de dólares. Evindentemente, nos encantaría ver una novena escuadrilla con 24 F-35B, pero esto saldría, como mínimo, por 2500 millones de dólares. Quizás a medio plazo podríamos encontrar una solución colaborativa con el Ejército del Aire. Pero de momento, pensemos en como sobrevivir con los nobles y ya veteranos AV-8B.

AV-8B Harrier. Apoyo aéreo cercano de la Infantería de Marina y defensa aérea de la Flota.

AV-8B Harrier. Apoyo aéreo cercano de la Infantería de Marina y defensa aérea de la Flota.

Se trata de un excelente avión para misiones de apoyo aéreo cercano. La instalación del APG-65 y la capacidad de lanzar el misil AMRAAM lo convirtió, además, en un vector más -mejorable, por supuesto- de la defensa aérea de la fuerza. Ahora mismo hay en servicio 12 unidades, además de un avión biplaza. Desde Fuerza Naval creemos que el número perfecto serían 24 aviones (sí, quizás parezcan muchos, pero nuestra Fase III explicará porqué). ¿Y como conseguirlos? ¿Cómo mantenerlos en servicio hasta poder encontrar -más bien pagar- un sustituto?. Quizás la solución pase por el stock del USMC, que será dado progresivamente de baja durante los próximos años, pero que hoy en día mantiene 111 aviones en servicio. Por otro lado, esperamos que todavía se puedan rescatar los 4 AV-8B no modernizados retirados de servicio en 2014. De otra de las opciones, el AMARG, ya hablamos en un artículo anterior. En cuanto al mantenimiento, parece necesario llegar algún tipo de acuerdo con Boeing para garantizar el soporte a estos emblemáticos aviones.

Mantener aviación embarcada de ala fija permite a la Armada pertenecer a un selecto club de fuerzas navales capaces de emplear un medio que no sólo permite mejorar la defensa aérea de la fuerza, sino también proporcionar apoyo aéreo cercano a las unidades en tierra o efectuar misiones de reconocimiento de alto riesgo.

La Décima Escuadrilla.

Probablemente la escuadrilla más operativa y eficaz de la Flotilla de Aeronaves. Con 12 helicópteros del modelo SH-60B, creemos que está capacitada para cumplir con las misiones encomendadas, si bien -como veremos más adelante- la guerra antisubmarina necesita nuevas “monturas”. Destacar como único aspecto negativo la tan ansiada y aún no operativa opción de contar con los misiles Hellfire en estas excelentes aeronaves.

Helicóptero de la 10ª Escuadrilla con ametralladora GAU.

Helicóptero de la 10ª Escuadrilla con ametralladora GAU.

La Undécima Escuadrilla.

Nuestra escuadrilla más joven, dotada con un sistema Scan Eagle y cuatro drones. La incorporación de los UAV a la Armada ha llegado tarde, pero ha llegado. Sin lugar a dudas deberá ser potenciada en los próximos años. Desde Fuerza Naval esperamos ver la incorporación de nuevos sistemas UAV, ya sea el Scan Eagle de Boeing o alguno de los interesantes modelos existentes en el mercado, como el Pelícano de Indra o el MQ-8 Fire Scout de Northrop Grumman.

Infografía de ABC sobre el UAV Scan Eagle.

Infografía de ABC sobre el UAV Scan Eagle.

La Duodécima Escuadrilla.

Sí, acabamos de crear una nueva escuadrilla. Pero con una buena razón: potenciar la guerra antisubmarina, una de nuestras grandes preocupaciones. Y para ello hemos decidido optar por un viejo conocido de la FLOAN: el SH-60. Pero esta vez queremos hacernos con 12 ejemplares del modelo F. Y la razón para elegir este modelo es su sonar calable. Como decíamos al principio de este artículo, con la modificación de los SH-3D España perdió esta capacidad, y en un mundo centrado en el combate litoral contra submarinos cada vez más silenciosos, la guerra antisubmarina vuelve a decantarse por la detección activa. Estos 12 helicópteros adicionales permitirían, además, garantizar que cualquier de nuestros escoltas (más tarde hablaremos sobre si tenemos suficientes o no) se desplieguen siempre con una Unidad Aérea Embarcada.

Aeronaves antisubmarinas y sónares calables: una deuda pendiente de la Armada.

Aeronaves antisubmarinas y sónares calables: una deuda pendiente de la Armada.

La Decimocuarta Escuadrilla.

Nos hemos saltado el número 13, y no es por casualidad. Todo el mundo sabe (o debería saber) que los marinos son excelentes supersticiosos. Esta decimocuarta escuadrilla vendría a cubrir el hueco dejado por la quinta escuadrilla tras nuestra remodelación, aportando nuevas unidades aéreas para el transporte de fuerzas de Infantería de Marina y otras labores logísticas. El aparato elegido: de nuevo el SH-60. Como veis estamos comprometidos en la unificación de modelos. En este caso optamos por el MH-60S, una aeronave basada en realidad en la versión terrestre del SH-60, el UH-60, y especialmente adaptada para el transporte. Se trata, de nuevo, de un helicóptero probado y fiable, del que ya conocemos la mayor parte de los secretos de mantenimiento. Convenientemente armado, sería un excelente medio de asalto helitransportado, sin descuidar la posibilidad de realizar labores logísticas entre unidades de la Armada.

Marines de los Estados Unidos realizando Fast-Rope desde un MH-60S.

Marines de los Estados Unidos realizando Fast-Rope desde un MH-60S.

La Decimoquinta Escuadrilla.

¿Otra más? Sí, no nos hemos vuelto locos, aunque esta vez quizás nos busquemos la enemistad de alguien en el Ejército del Aire. Nosotros, los creadores de Fuerza Naval, exigimos la transferencia de las unidades de ala fija de patrulla marítima, como parte de la que sería la 15ª Escuadrilla de aeronaves, con objeto de potenciar un vector de nuestra defensa que ha caído en el olvido, que consideramos indispensable para potenciar la guerra antisubmarina en nuestro país y que bajo control de la Armada realizaría una labor reconocida y eficaz para la defensa de nuestro país.

P-3 Orión, veterana aeronave antisubmarina que modernizada tiene todavía mucho que decir.

P-3 Orión, veterana aeronave antisubmarina que modernizada tiene todavía mucho que decir.

Pero obviamente, necesitamos una inversión en medios. La teoría dice que el Ejército del Aire tiene 5 P-3 (3xM, 1xB y 1xA) en servicio. Los rumores aseguran que son menos. Y ni siquiera se ha completado la transformación al modelo M. Desde Fuerza Naval contemplamos varias opciones:

– Opción más realista: la adquisición de unidades adicionales del modelo P-3 Orión, hasta alcanzar las 12 unidades, modernizados al estándar MIKE y con una revisión completa que garantice la capacidad de patrulla marítima hasta la entrada en servicio de un digno sucesor.
– Opción más optimista: la adquisición de nuevas aeronaves de patrulla marítima, con capacidades similares al P-3 Orión. En realidad, y descartando el prohibitivo P-8 Poseidón, el único modelo que sobrevuela nuestras cabezas es el P-1 japonés, una razonable opción ahora que Tokio ha levantado las restricciones a la exportación de material militar.
– Opción contra el desastre: la adquisición de C-295 MPA. Sí, se construyen aquí y crearían empleo. Su coste no es excesivo. Pero sin embargo se trata de una aeronave de inferiores capacidades a las de sus hermanos mayores. No es, en absoluto, nuestra opción preferida, pero ante la posibilidad -esperamos que remota- de perder la capacidad de patrulla marítima, podría constituir un último recurso.

Avión de patrulla marítima japonés P-1, fabricado por Kawasaki. Una opción moderna, más capaz (sobre el papel) que el P-3 Orión y más económica que el P-8 Poseidón americano.

Avión de patrulla marítima japonés P-1, fabricado por Kawasaki. Una opción moderna, más capaz (sobre el papel) que el P-3 Orión y más económica que el P-8 Poseidón americano.

Conclusión.

Hasta aquí llegan nuestras fantasías. Como en anteriores episodios, estamos abiertos a todo tipo de crítica y esperamos generar un debate constructivo sobre el estado actual y el futuro de nuestra Flotilla de Aeronaves, elemento vital de nuestra Armada para el que urge una solución que modernice e incremente los medios disponibles. Estos medios aéreos constituyen un importantísimo multiplicador de fuerza en la guerra naval moderna. Encontremos los recursos para dotar a nuestra Armada de una FLOAN completa y capaz.

Un repaso rápido a nuestras propuestas dejaría una Flotilla de Aeronaves compuesta por las siguientes escuadrillas:

– 3ª Escuadrilla: 12 AB-212 (Transporte de tropas).
– 4ª Escuadrilla: 3 Cessna Citation II y 1 Cessna Citation VII (Tareas logísticas).
– 5ª Escuadrilla: 4 SH-3W (Alerta aérea temprana).
– 6ª Escuadrilla: 8 Hughes 500 (Operaciones especiales y adiestramiento).
– 7ª Escuadrilla: 8 AH-1W Super Cobra (Apoyo aéreo cercano).
– 9ª Escuadrilla: 24 AV-8B Harrier (Apoyo aéreo cercano y defensa aérea de la fuerza).
– 10ª Escuadrilla: 12 SH-60B (Guerra de superficie y antisubmarina).
– 11ª Escuadrilla: Drones Scan Eagle (Reconocimiento y vigilancia).
– 12ª Escuadrilla: 12 SH-60F (Guerra de superficie y antisubmarina).
– 14ª Escuadrilla: 12 MH-60S (Transporte de tropas y tareas logísticas).
– 15ª Escuadrilla: 12 P-3M Orión (Patrulla marítima y guerra antisubmarina).

MV-22 Ospreys. Se ha especulado con la posibilidad de adquirir este modelo pero, por un lado, limitarían las plataformas capaces de operarlo, y por otro se trata de una aeronave de alto coste de adquisición.

Harrier y MV-22 Ospreys a bordo del Juan Carlos I. Se ha especulado con la posibilidad de adquirir este modelo pero, por un lado, limitarían las plataformas capaces de operarlo, y por otro se trata de una aeronave de alto coste de adquisición.

Obviamente, quedan muchos aspectos por definir. El primero y más habitual ¿Cómo se paga todo esto?. Bien, ya hablamos en el capítulo inicial de esta serie de la necesidad de subir el presupuesto de defensa. En cualquier caso las plataformas que proponemos no son excesivamente caras. ¿Cuantos pilotos hacen falta? ¿Donde se adiestrarían? Además de la Base Naval de Rota ¿Debería habilitarse otra base aeronaval donde dispersar parte de estas unidades (¿Quizás en Alvedro, La Coruña, por su cercanía a Ferrol?; ¿O en San Javier, Murcia, por su cercanía a Cartagena?). Estas y otras muchas cuestiones quedan en el aire. Esperamos, sin embargo, haber plantado una semilla en vuestras conciencias sobre la necesidad de invertir recursos en potenciar el Arma Aérea de la Armada.

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Y en la próxima entrega… Fase III: La necesidad de una segunda cubierta.

El Plan Alta Mar, 26 años después.

Sobre el Plan Alta Mar se han escrito excelentes artículos. Este análisis se basa en el meticuloso trabajo realizado por Iñigo Puente para la Revista Naval en diciembre de 1997, y por el Almirante Ricardo Álvarez-Maldonado para su libro “Crónica de la Armada Española, 1939-1997”, editado por la entonces Empresa Nacional Bazán. Nuestro objetivo es, sin embargo, analizar la actualidad de la Armada Española en 2016 frente a los planes de sus líderes para reforzarla a principios de la década de los 90.

Comenzaremos a hablar del Plan General de la Armada (PLANGENAR) de 1978, un documento doctrinal que sustituía al PLANGENAR 72/79. Este plan de 1978 incluía entre sus objetivos “La mentalización del pueblo español de la condición marítima de España”, objetivo que aún hoy día está lejos de cumplirse, pero además, recalcaba la necesidad de mantener dos grupos de combate (esto es, dos portaaviones), una fuerza anfibia capaz de poner en la playa dos Batallones Reforzados de Desembarco, un arma submarina de entre doce y dieciséis unidades y entre 30 y 40 escoltas.

El PLANGENAR 78 estaba condicionado por la experiencia de la Marcha Verde, que había coincidido con un periodo de mantenimiento del Dédalo, lo que había impedido a España contar con un grupo aeronaval durante la crisis. De ahí la necesidad de mantener dos grupos de combate, que además permitirían mantener operaciones militares de gran intensidad sostenidas en el tiempo.

El glorioso y breve momento en que tuvimos dos portaaviones.

El glorioso y breve momento en que tuvimos dos portaaviones.

Evidentemente, y a pesar de haber sido redactado durante la Guerra Fría, se trataba de un plan ambicioso, que fue recortado a lo largo de la década de los ochenta por las distintas ediciones del Plan Estratégico Conjunto de la Junta de Jefes de Estado Mayor.

EL PLAN ALTA MAR.

En 1988, el entonces AJEMA, Almirante Nardiz, y su Estado Mayor, elaboraron un plan viable, que fueron adaptando a la realidad presupuestaria hasta su publicación en 1990 tras la firma del Ministro de Defensa, Narcís Serra.

El Almirante Nardiz, padre del Plan Alta Mar.

El Almirante Nardiz, padre del Plan Alta Mar.

Consultando el Jane’s Fighting Ships de 1990-1991, la Armada Española tenía entonces en servicio:

– Los 4 submarinos de la Serie 70.
– Los 4 submarinos de la Serie 60.
– El portaaviones Príncipe de Asturias.
– 4 destructores de la clase Gravina.
– 5 fragatas de la clase Baleares.
– 4 fragatas de la clase Santa María (la F-84 se entregó ese año).
– 6 corbetas de la clase Descubierta.
– 4 corbetas (utilizadas como patrulleros) de la clase Atrevida.
– 6 patrulleros de la clase Lázaga.
– Más de 60 patrulleros menores.
– 2 Transportes de ataque de la clase Castilla.
– 3 LST de la clase Velasco.
– 4 dragaminas de la clase Guadalete.
– 8 dragaminas de la clase Júcar.

Portaaeronaves Dédalo y destructor Churruca, buques de la Armada de los 80, en un cuadro de Aledo.

Portaaeronaves Dédalo y destructor Churruca, buques de la Armada de los 80, en un cuadro de Aledo.

Según el Almirante Álvarez Maldonado, el orden de prioridad a la hora de adquirir nuevos buques era: escoltas, logísticos, cazaminas, buques anfibios, dragaminas y submarinos. Se elaboró un plan de adquisiciones (y su correspondiente calendario de pagos) hasta el año 2002. En palabras de Iñigo Puente, se trataba de un plan posibilista, y no maximalista, como muchos de sus predecesores, que renunciaba a algunas de las “reclamaciones” históricas de la Armada, como eran dotarse de un segundo portaaviones y de submarinos de propulsión nuclear.

ESCOLTAS.

La prioridad asignada a este tipo de buques se debía a dos razones principales: por un lado, se trataba de unidades polivalentes, capaces de cumplir un gran número de misiones; por otro, la OTAN había mostrado su preocupación por el escaso número de escoltas de nuestra Armada, teniendo en cuenta la entonces previsible baja de los destructores de la Clase Gravina.

El destructor Gravina en una estampa imponente, a pesar de que había sido construido en 1944 y tenía 44 años de servicio...

El destructor Gravina en una estampa imponente, a pesar de que había sido construido en 1944 y tenía 44 años de servicio…

Cómo hemos visto, España disponía de 4 destructores, 9 fragatas y 6 corbetas, frente a los 50 escoltas de Reino Unido y Francia, o los 34 de Italia. Aunque el PLANGENAR 78 establecía el requisito en 30 escoltas, los sectores más realistas decidieron marcarse un objetivo que pudiera alcanzarse: 15 fragatas y seis corbetas.

Con objeto de reforzar en un plazo inferior a diez años las escuadrillas de escoltas, se encargaron dos F-80 adicionales, la Navarra y la Canarias, y se preveía la construcción de 4 fragatas clase F-100 (una F-100 mucho más básica que la que conocemos hoy en día) a las que seguiría una serie de 5 NFR-90 (posteriormente, tras el “colapso” del consorcio europeo, denominadas F-110) que relevarían a las ya entradas en años fragatas de la clase Baleares.

La NFR-90, en uno de sus posibles diseños.

La NFR-90, en uno de sus posibles diseños.

BUQUES DE APOYO LOGÍSTICO.

Se trataba sin duda de uno de los puntos débiles de nuestra Armada. La entonces reciente baja del Teide había motivado la construcción del petrolero de flota Mar del Norte, posteriormente denominado Marqués de la Ensenada, que se entregaría en 1991. Además, se había habilitado el petrolero de CAMPSA Campeón. Pero se trataba, sin duda, de medios insuficientes. Es necesario destacar que por aquel entonces todos los planeadores navales tenían en mente la experiencia británica en las Islas Malvinas, donde habían requerido un ingente apoyo logístico, incluyendo la requisición de buques civiles, ¡y esto a pesar de las nada desdeñables dimensiones de su Royal Fleet Auxiliary!.

Una de las primeras maniobras del Marqués de la Ensenada. ¡Por fin teníamos un verdadero petrolero de flota!

Una de las primeras maniobras del Marqués de la Ensenada. ¡Por fin teníamos un verdadero petrolero de flota!

Por esta razón, y en colaboración con la marina real holandesa, se aprobó la construcción del hoy llamado A-14 Patiño.

FUERZA DE MEDIDAS CONTRA MINAS.

España contaba en 1990 con una fuerza de medidas contra minas entrada en años, compuesta por XX dragaminas americanos construidos durante la II Guerra Mundial. El lamentable estado de nuestros dragaminas oceánicos aconsejaba su sustitución por un total de ocho cazaminas. Posteriormente se construirían cuatro dragaminas que sustituirían a los vetustos dragaminas costeros de la clase Júcar.
Finalmente, hubo que esperar hasta 1999 para la entrada en servicio de una única serie de seis cazaminas de la clase Segura.

Dragaminas Guadalquivir, construido en 1956 y dado de baja en el año 2000.

Dragaminas Guadalquivir, construido en 1956 y dado de baja en el año 2000.

ANFIBIOS.

Tras la baja del antiguo L-31 Galicia en 1987, y el mal estado de los LST de la Clase Velasco y de los Transportes Aragón y Castilla, la situación del Grupo Delta era dramática.

El antiguo Galicia, L-31.

El antiguo Galicia, L-31.

Para alcanzar el objetivo estratégico marcado, se planeó la construcción de un buque del tipo LPD (también en colaboración con la marina holandesa), y se alquilaron a los Estados Unidos dos LST de la clase Newport News, el Hernán Cortés (ex USS Barnstable County) y el Pizarro (ex USS Harland County), que entraron en servicio en 1994 y 1995.

Las presiones de los astilleros consiguieron además la construcción de una segunda unidad del tipo LPD (el hoy L-52 Castilla), si bien es cierto que el Plan Alta Mar contemplaba en un principio hasta cinco nuevos buques anfibios.

SUBMARINOS.

En palabras del Almirante Álvarez-Maldonado, la Armada siempre había considerado que el número de submarinos que necesitaba era diez, una cifra que también defendía el Plan Estratégico Conjunto. Sin embargo, el Plan Alta Mar no contemplaba la construcción de nuevas unidades en la década de los 90, época dorada de nuestra Flotilla de Submarinos, con la Serie 70 recién salida del horno y la Serie 60 aún operativa.

Se determinó que debería iniciarse la construcción de una nueva serie a partir del año 2000 para sustituir a los S-60, y se aprobaron una serie de modernizaciones de la Clase Galerna que se tradujeron en el PERCOSUB (periscopio optrónico), el SOLARSUB (sonar remolcado para bajas frecuencias) y en nuevos equipos de guerra electrónica.

ARMA AÉREA.

Un aspecto poco conocido del Plan Alta Mar era su programa de adquisición de aeronaves, que contemplaba la adquisición de un total de 18 helicópteros SH-60, además de los 6 recibidos en 1988, en distintas versiones (6 de ellos para transporte de tropas y 6 con sonar calable, cuya entrada en servicio estaba prevista a partir de 1994). También se contemplaba reforzar la 9ª escuadrilla de aeronaves.

SH-60F calando su sonar. Desde la transformación de nuestros SH-3 Sea King a helicópteros de transporte no hemos vuelto a disponer de sonares calables en helicópteros.

SH-60F calando su sonar. Desde la transformación de nuestros SH-3 Sea King a helicópteros de transporte no hemos vuelto a disponer de sonares calables en helicópteros.

LOS RESULTADOS DEL PLAN ALTA MAR EN LA ACTUALIDAD.

La situación actual de la Armada Española es por (casi) todos conocida. Mantenemos 11 escoltas, 6 de ellos, las F-80, en su último tercio de vida. De las seis corbetas, quedan cuatro, convertidas en patrulleros, lo que ha reducido su capacidad ofensiva y les ha hecho perder el sobrenombre de “hormigas atómicas”. El programa F-110, que debía haberse iniciado en la pasada década, no comenzará hasta 2020. El número de escoltas, con 4 de las 6 fragatas de la Clase Santa María habiendo superado (o a punto de superar) los 30 años de servicio, es muy mejorable.

La F-110, en un diagrama elaborado por el periódico ABC.

La F-110, en un diagrama elaborado por el periódico ABC.

Hay que destacar, sin embargo, que las fragatas F-100 que hoy conocemos son un buque mucho más capaz del que imaginaban los redactores del Plan Alta Mar. Por otro lado, se han entregado cuatro Buques de Acción Marítima, y se están construyendo otros dos, que a pesar de su limitado poder ofensivo permiten a la Armada mantener su presencia naval en zonas de interés como el Índico o el archipiélago canario (ahora que la fuerza de patrulleros ha sido reducida a su mínima expresión).

La fuerza anfibia cuenta con buques modernos y capaces, como el Juan Carlos I y los dos LPD. Sin embargo, el LHD ha terminado por convertirse en el sustituto de los dos LST de la clase Newport y del portaaviones Príncipe de Asturias, dado de baja antes de tiempo por falta presupuestaria y sin haber tenido la más mínima oportunidad de entrar en acción. Además, la Infantería de Marina clama una modernización de sus medios, empezando por los ya vetustos carros de combate M-60 o los obuses autopropulsados M-109.

No es una escena de la película "Patton". Este es el carro de combate de nuestra Infantería de Marina.

No es una escena de la película “Patton”. Este es el carro de combate de nuestra Infantería de Marina.

Se ha construido un segundo AOR, el A-15 Cantabria, y se ha dado de baja el Marqués de la Ensenada. Evidentemente la situación es mucho mejor que en 1990 pero aun así, ahora que nuestras misiones son principalmente expedicionarias (y volviendo a las enseñanzas británicas en la Guerra de las Malvinas) una tercera unidad garantizaría el apoyo logístico de nuestra fuerza.

La Fuerza de Medidas Contraminas ha visto reducida sus dimensiones a las seis unidades de la clase Segura, con la primera unidad entregada con cierto retraso, en 1999. Son buenos buques, basados en la clase HUNT británica, pero tal vez insuficientes para garantizar la libertad de uso del espacio marítimo de un país con 7900 km de línea de costa.

La situación más dramática, sin duda, es la vivida por la Flotilla de Aeronaves y la Flotilla de submarinos. Nuestro arma aérea no es muy distinta a la de 1990. Es cierto que se adquirieron seis helicópteros SH-60, y ocho nuevos aviones Harrier. También se transformaron los veteranos SH-3 en helicópteros de transporte de tropas y últimamente se ha iniciado la modernización de los AB-212. Pero en grandes líneas, la situación es muy similar al momento en que se redactó el Plan Alta Mar. El NH-90 navalizado todavía no ha llegado, y hay quién cuestiona sus capacidades. El Harrier todavía no tiene sustituto. Nuestra alerta aérea embarcada sigue en manos de los vetustos SH-3 Searchwater. Y desde la transformación de los helicópteros de la 5ª escuadrilla, no hemos vuelto a ver sónares calables.

F-35B, el sueño quizás irrealizable de la Flotilla de Aeronaves.

F-35B, el sueño quizás irrealizable de la Flotilla de Aeronaves.

Por otro lado, la Flotilla de Submarinos tiene en estos momentos dos submarinos operativos y uno en gran carena, con más de treinta años en sus cuadernas. Han sido modernizados, pero el retraso de la Serie 80 ha dejado al arma submarina en una situación crítica, sin que siquiera exista una fecha definitiva de entrega del S-81 Isaac Peral. En 1997, como destaca Iñigo Puente, se planteaba la construcción de una serie de submarinos basada en el Scorpene francés. Los contratos chileno y malasio, que garantizaban la carga de trabajo para Navantia – Cartagena, postergaron esa decisión hasta llevarnos a la situación actual.

Submarino clase Scorpene. ¿Oportunidad pérdida? Sin lugar a dudas habrían servido de transición entre los S-70  y los S-80.

Submarino clase Scorpene. ¿Oportunidad pérdida? Sin lugar a dudas habrían servido de transición entre los S-70 y los S-80.

CONCLUSIÓN.

La Armada Española cuenta hoy en día con medios avanzados. La F-100 es uno de los mejores escoltas del mundo y ha colocado a Navantia en la cumbre de la construcción naval europea -de escoltas, al menos-. Dispone de buenos medios anfibios y de dos excelentes buques de apoyo logístico. Sin lugar a dudas, el hecho de que la Armada cuente con estas unidades modernas es en gran parte consecuencia del concienzudo desarrollo del Plan Alta Mar, que aunque sólo cubría hasta el año 2002, todavía ofrece resultados hoy en día (hecho que debe hacernos reflexionar sobre la necesidad de un nuevo plan de potenciación de la Armada).

Quizás una buena idea sería continuar mejorando la serie F-100, en lugar de embarcarnos en el proyecto F-110. Los americanos lo han hecho con su clase Arleigh Burke y no parece que les haya ido mal.

Quizás una buena idea sería continuar mejorando la serie F-100, en lugar de embarcarnos en el proyecto F-110. Los americanos lo han hecho con su clase Arleigh Burke y no parece que les haya ido mal.

Sin embargo, presenta también graves carencias. En general, son necesarias más unidades (más escoltas, más anfibios, más buques logísticos, más cazaminas). Urge la modernización de los medios de la Infantería de Marina. Urge, también, la adquisición de medios aéreos con los que potenciar la FLOAN. Y urge, especialmente, una solución para la Flotilla de Submarinos.

La Armada no puede regirse por las necesidades industriales del país. No puede no existir un programa naval definido. Las necesidades de defensa no cambian según el gobierno de turno. Desde Fuerza Naval desearíamos un nuevo Plan Alta Mar, razonado y realizable, con el componente del PLANGENAR 78 de mentalización de la ciudadanía sobre la necesidad de mantener una Armada fuerte.

Existen decenas de propuestas para hacer de nuestra Armada una Fuerza Naval fuerte: una sexta F-100, una solución para la Flotilla de Submarinos (que incluiría, incluso, la adquisición a Alemania de dos submarinos AIP para garantizar la supervivencia del arma), la compra de nuevos SH-60, la instalación de sistemas de defensa de punto… Pero eso, quizás, merezca un artículo por separado. Y vosotros ¿qué opináis?, ¿qué pasos daríais para potenciar nuestra fuerza naval?.