EUROPA. AÑO 2035. 9 DE MAYO.

Europa 2035 es un proyecto –distópico- de Fuerza Naval. Un homenaje a la novela “Tormenta Roja”, pero en una época totalmente distinta: 2035, y con un actor que su autor, Tom Clancy, no habría considerado relevante jamás: una Unión Europea unida por la necesidad de hacer frente a las amenazas externas.  Este es el primer capítulo, que sirve a su vez de capítulo piloto. Esperamos ver vuestras reacciones… y si queréis saber cómo sigue, no dudéis en azuzar al autor.

MOSCÚ, 1900 HORA LOCAL.

La limusina Aurus Senat se detuvo en el número 19 de la calle Znamenka. Un anciano de 82 años descendió del vehículo, flanqueado por su escolta. Era Vladimir Putin. Presidente de la Federación Rusa desde el año 2000, cada vez se parecía más a uno de aquellos gerontócratas que tanto había criticado cuando era un joven agente del KGB.

La limusina presidencial rusa “Aurus Senat”.

Su imperio sólo había sufrido una interrupción, entre los años 2008 y 2012, en los que tuvo que sortear las leyes constitucionales que le impedían ser presidente durante más de ocho años seguidos. En 2020 se había asegurado  de ganar con amplio resguardo un referéndum que le permitiría modificar la Constitución rusa y continuar como presidente de la nación más grande de la Tierra. Silenciada toda oposición, estaba a un año de renovar por octava vez su mandato.

Aquella mañana había asistido al desfile por el 90º aniversario de la victoria sobre la Alemania Nazi. 20.000 hombres, 500 vehículos y 150 aeronaves habían desfilado sobre la Plaza Roja conmemorando el final de la Gran Guerra Patriótica. Las últimas palabras de su discurso resonaban en su cabeza: Rossiya snova budet velikolepna! “¡Rusia volverá a ser grande”.

Moscú. 9 de mayo. Celebración de la victoria sobre la Alemania Nazi en 1945.

Sabía que no le quedaba mucho tiempo para cumplir con aquello que llevaba años prometiendo al fiel y austero pueblo ruso. Las circunstancias, además, eran cada vez menos favorables. Una crisis demográfica galopante que se unía a una profunda recesión económica por la caída de las exportaciones de petróleo y gas. Una Unión Europea que se había expandido para humillar al gigante ruso hasta llegar a su patio delantero: Ucrania no les había satisfecho suficiente. Ahora iban a por Bielorrusia.

Quizás esta fuera su última oportunidad, pensaba, mientras accedía al Centro Nacional de Gestión de la Defensa. Estados Unidos había retirado la práctica totalidad de sus fuerzas en Europa, y se desgastaba en un costoso conflicto en el Pacífico, tras la anexión de Taiwán por parte de China. Europa se entretenía reconstruyendo su estado del bienestar, y sólo ahora empezaba a prestar algo más de atención a su capacidad militar. Y China, necesitada de un segundo frente, le había donado ingentes cantidades de municiones y material militar, gran parte del cual era, sin embargo, una burda copia de los ingenios rusos.

El Ministro de Defensa, Nikolaj Gerasimov, le recibió en la planta baja de aquel centro de operaciones situado 40 metros bajo tierra, en los sótanos de la sede principal del Ministerio.

Putin, en el Centro Nacional de Gestión de la Defensa.

El búnker había sido inaugurado en 2014, meses después de la magistral demostración de guerra híbrida en Crimea. Unas enormes pantallas cubrían las paredes del fondo de la sala de control, frente a las que se sentaban filas enteras de oficiales que controlaban el desarrollo de las operaciones militares de la Federación Rusa.

Las pantallas de la izquierda retransmitían los telediarios rusos, que cubrían aquel día el desarrollo del desfile en Moscú. Mostraban también las escenas de júbilo de la población de Minsk, que había pasado de celebrar el día de la Victoria a festejar su adhesión a la débil y corrupta Unión Europea.

Las pantallas de la derecha mostraban un mapa de Europa oriental, con una sucesión de flechas, indicando movimientos de fuerzas que Putin había repasado una y otra vez junto a su Ministro de Defensa. Si daba la orden, el ejército ruso avanzaría esa misma noche sobre Bielorrusia y Ucrania, mientras que la marina y la infantería de marina lo harían sobre Noruega y el Mar del Norte.

El avance inicial implicaba la toma de Bielorrusia, Ucrania, Noruega e Islandia, además de un ataque aéreo a las fuerzas navales que se adiestraban al NW de Escocia.

Sus oficiales de Estado Mayor habían bautizado al plan como Operación Zhukov. La referencia al hombre que había logrado llevar la contraofensiva soviética hasta Berlín en 1945 infundía confianza en el presidente de la Federación Rusa.

El ministro de defensa Gerasimov, un veterano paracaidista, le miraba fijamente. Putin se giró hacia él y dijo:

  • Preuspevat’!, ¡adelante! –
El General Zhukov recibiendo la rendición alemana.

“EL MINCH”, 2200 HORA LOCAL.

La Fuerza Naval de Respuesta de la Unión Europea se encontraba al noroeste de Escocia. Conocido como “el Minch”, aquel estrecho que separaba la isla de Skye de las Hébridas ofrecía un escenario muy exigente para el adiestramiento de cualquier agrupación naval.

Ya en tiempos de la ahora moribunda Alianza Atlántica, la OTAN se había ejercitado en aquellas aguas llenas de bajos y recodos en los ejercicios Joint Warrior, organizados por el Reino Unido. La Unión Europea había heredado de la alianza aquel inmejorable paraje para sus juegos de guerra.

Los días eran cada vez más largos en aquellas latitudes, pero cerca de la medianoche, la oscuridad reinaba en el noroeste escocés. La fragata española F-112 “Roger de Lauria” navegaba junto a un destructor británico Tipo 45, el “HMS Dragon”. Su misión aquella noche era abastecerse de combustible desde el buque de aprovisionamiento alemán “Berlín”, bajo la amenaza de un supuesto enemigo, el submarino italiano “Todaro”. Otras treinta unidades navegaban en aquella zona, en grupos dispersos, cada uno dedicado en cuerpo y alma a sus ejercicios programados.

Unidades de la TG 880.02, parte de los ejercicios Joint-Warrior EU 2035.

Apenas diez millas al norte, un buque con aspecto de pesquero de arrastre se alejaba  lentamente. Pese a lo inofensivo de su apariencia, se trataba del buque ruso de inteligencia “Viktor Leonov”. Llevaba allí desde que habían comenzado los ejercicios. Quizás sus equipos de interceptación de señales electromagnéticas habían grabado ya toda la información que podían analizar de los rádares y las comunicaciones de los barcos europeos, y se retiraba a su base en Murmansk, en el noroeste ruso.

El buque ruso “Viktor Leonov”, de recolección de inteligencia.

El HMS Dragon comenzó a aproximarse al petrolero alemán por su banda de estribor. Era una maniobra complicada, evitar que dos buques de miles de toneladas no colisionaran mientras se transferían combustible a menos de 70 metros el uno del otro, mientras olas de dos y tres metros de altura dificultaban mantener el rumbo.

En el puente de F-112, el joven oficial de guardia observaba la maniobra del británico. Los siguientes serían ellos, utilizando la banda de babor. El Comandante, Juan Lobo, un ferrolano con veinticinco años de servicio a sus espaldas, estaba sentado en su sillón en la parte de estribor del puente y había confiado en el joven oficial para hacer la aproximación, pese a que la noche era oscura y el estado de la mar no era el más cómodo. Había que dejar –pensaba- que las nuevas generaciones sintieran la responsabilidad de tener en sus manos cientos de millones de euros en acero, sistemas electrónicos y armas, y también más de un centenar de vidas.

El aprovisionamiento en la mar es una de las maniobra rutinaria para los buques de guerra, pero no por ello exenta de riesgos.

Una voz metálica resonó en el puente.

  • Puente de CIC – el CIC era el Centro de Información y Combate del buque, el cerebro de cualquier buque de guerra- tenemos seis contactos aéreos no identificados acercándose desde el noreste a gran velocidad. Vuelan en formación. Están a 250 millas.

El que hablaba era el Oficial de Acción Táctica, el encargado de responder a cualquier situación que amenazara el buque durante su guardia. El Comandante se levantó extrañado y bajó la escala que comunicaban con el CIC.

Operadores de la Armada Española en el CIC de una fragata F-100. Foto: Infodefensa.

Al entrar, pudo ver en las pantallas que mostraban la información de los sensores los símbolos de seis aviones no identificados acercándose desde el noreste, tal y como le habían informado. Volaban alto, a unos cinco mil metros, y muy rápido, casi al doble de la velocidad del sonido. En el tiempo que había tardado en bajar, apenas 30 segundos, habían recorrido 8 millas.

  • ¿Es parte del ejercicio? – Preguntó a su Oficial de Acción Táctica.
  • No lo sé, Comandante. No lo parece. Han salido de la nada, del mar de Noruega. No responden como “amigos”.

El Oficial de Acción Táctica se refería al sistema IFF –identificación amigo/enemigo-, que utilizaba unos códigos cifrados para que las fuerzas aliadas pudieran “verse” entre ellos. Incluso en ejercicios como aquel. Uno de los oficiales del CIC llamaba por teléfono al control del ejercicio para saber si aquello estaba previsto. Negaba con la cabeza. Por radio comenzaban a recibir información de otros barcos que también detectaban a los aviones en acercamiento, preguntando extrañados si alguien los había identificado.

Imagen del HMS Dragon (D45), con su peculiar Dragón pintado en las amuras.

Media milla por la proa, el HMS Dragon llegaba al costado del “Berlín” y empezaban a pasarse cabos y mangueras para la transferencia de combustible. De repente, una voz se elevó sobre las demás en el CIC.

  • ¡Misil, misil, misil!

El potente radar SPY de la “Roger de Lauria” detectaba una docena de nuevos contactos que surgían de los aviones no identificados, que invertían rumbo y descendían, perdiéndose en el radar. Los doce nuevos contactos avanzaban 15 millas cada 10 segundos. Misiles hipersónicos, pensó el Comandante. Tenían que ser rusos. Hasta donde él sabía, no estaban en guerra con la Federación Rusa, pero estaba claro que algo había cambiado muy rápido. Aquel maldito buque de inteligencia, que había estado pegado a ellos durante la última semana, había revelado su posición. Ahora apenas tenían dos minutos para reaccionar antes de que los misiles estuvieran demasiado cerca.

  • ¡Zafarrancho de combate! – ordenó.
Los misiles hipersónicos Zirkon son un desarrollo ruso llamado a revolucionar la guerra naval, pues los sistemas de defensa antiaérea actuales no fueron diseñados para enfrentarse a amenazas que vuelen a velocidades de ocho veces la del sonido.

Lo que vino después fue una sucesión frenética de órdenes, comunicaciones por radio y gente saltando de la cama y ocupando sus puestos, ante la incertidumbre de si estaban en un nuevo ejercicio o en un zafarrancho de combate real. El Oficial de Acción Táctica giró la llave que activaba los misiles, hasta ese momento en seguro.

En su proa, el “Dragon”, que acababa de conectar las mangueras de combustible,  se preparaba para largar la maniobra en emergencia. Pero mientras, su capacidad de reaccionar estaba comprometida si no quería colisionar con el “Berlín”.

La “Roger de Lauria” maniobraba para interponerse entre estos barcos y los misiles que se acercaban, con la noble intención de hacer de cancerbero, aunque no tenían mucho tiempo para llegar. Había pasado un minuto, y los misiles estaban ya a 130 millas. Al poco tiempo, alguien levantó su voz sobre las demás en el CIC.

  • Tengo emisión radar, ¡son SS-N-33! – Se refería al Zirkon, un modelo ruso de misil antibuque hipersónico, capaz de volar a ocho veces la velocidad del sonido. Al menos cuatro misiles habían activado su radar de búsqueda y se dirigían hacía su grupo. La particular frecuencia del radar, captada por el sensor de emisiones electromagnéticas, había permitido identificarlo.

El Comandante de la “Roger de Lauria” sabía que el tiempo jugaba en su contra. La altísima velocidad de estos misiles no dejaba mucho tiempo de reacción. Tendrían tiempo para una salva de misiles de largo alcance SM-2 y, tal vez, para otra de misiles de medio alcance ESSM. Sus pañoles –exiguos- estaban llenos, pero eso no importaría esta vez. No tendrían más de dos intentos para librarse del ataque.

  • ¡Activad la respuesta automática! – exclamó.

El Oficial de Acción Táctica ordenó que el sistema AEGIS del buque pasara a modo automático. Era lo mejor: el sistema de combate respondería mucho más rápido y mejor a una amenaza cuya velocidad era difícil de manejar para el cerebro humano.

Cuando los misiles estaban a 90 millas, una potente llamarada de fuego iluminó el castillo del buque. Los SM-2 se dirigían hacia la amenaza a tres veces la velocidad del sonido. 20 segundos más tarde pudieron ver en el radar el resultado del primer enfrentamiento: tres de los cuatro misiles habían sobrevivido. Era el turno de los ESSM, los misiles de defensa antimisil de corto alcance. En menos de 40 segundos los Zirkon llegarían a su posición.

Lanzamiento de misil desde la fragata F-105 Cristóbal Colón.
FUENTE: La Voz de Galicia.

El HMS Dragon había conseguido deshacerse de la maniobra de petróleo con agilidad, y aumentaba velocidad para separarse del Berlín y poder reaccionar. Los tres barcos lanzaban cartuchos de chaff, nubes de virutas de aluminio que intentarían confundir a los rádares de búsqueda de los misiles. Pero era tarde. De los 12 ESSM lanzados por la Roger de Lauria, sólo uno había hecho blanco sobre aquellos dardos que se acercaban a ocho veces la velocidad del sonido.

Pocos segundos después, los dos misiles atacantes que habían sobrevivido a los misiles y al muro de metralla que los defensores utilizaban como última barrera para salvar sus naves, impactaban con brutalidad contra los cascos del Dragon y el Berlin.

Sistema de defensa de punto Vulcan Phalanx abriendo fuego. Con una cadencia de tiro de 4500 disparos por minuto, la idea es crear una barrera de metralla que destruya al misil antes del impacto.

La Roger de Lauria, salvada por azares del destino o por la “magia” obrada por su sistema de guerra electrónica, había salido indemne de aquel pérfido ataque. Media milla por su proa, el Berlín se había convertido en una inmensa bola de fuego, alimentada por las nueve mil toneladas de combustible que transportaba en su interior. El Dragon, un poco más a proa, luchaba por controlar el incendio desatado en su hangar, con la suerte de que el misil no había explotado al impactar, y se había limitado a atravesar el casco como si fuera un punzón.

El Berlín continuaría ardiendo durante días.

El Comandante de la F-112, que había subido al puente a ver con sus propios ojos los resultados del ataque, dio la orden de preparar las embarcaciones para ayudar a los tripulantes del Berlín, que se arrojaban a las frías aguas de Escocia sin pensar en otra cosa que no fuera huir del infierno desatado a bordo del petrolero alemán.

A continuación, hablando por el intercomunicador con el Centro de Información y Combate, preguntó al Oficial de Acción Táctica (TAO, en sus siglas inglesas):

  • TAO, ¿tenemos todavía al buque de inteligencia ruso en el rádar?.
  • Sí, Comandante. Está en el límite del horizonte, a dieciséis millas al norte.
  • ¿Algún otro contacto en esa demora?
  • Ninguno, Comandante.
  • ¡Mandémosle al fondo!
  • Pero, Comandante, nuestras reglas de enfrentamiento no nos permiten más que actuar en autodefensa – respondió el TAO.
  • ¿Y qué cree que es esto? Esos aviones no nos han encontrado solos, ha sido ese chivato quién les ha guiado hasta aquí.

El buque comenzó a maniobrar para dar el costado a la demora por la que se alejaba el buque ruso. Poco tiempo después, un solitario misil voló hacia el horizonte. Aunque mucho más lentos que el Zirkon, en apenas dos minutos alcanzaría su blanco.

Mientras el Comandante escuchaba por radio los informes desordenados de los daños sufridos pos los distintos barcos que participaban en las maniobras, una bola de fuego iluminó el horizonte al norte, en el límite de la visibilidad.

El Víktor Leonov y su centenar de tripulantes se acababan de convertir en las primeras víctimas rusas de la guerra que acababa de comenzar.

MINSK. 23:59 HORA LOCAL.

Anatoly Maykov esperaba en el interior de su furgoneta Mercedes. En la parte trasera, otros seis jóvenes de aspecto eslavo y pelo bien corto aguardaban la orden de su jefe para bajar del vehículo y empuñar sus fusiles de asalto AK-12.

Spetsnaz utilizando el fusil de asalto AK-12.

Eran Spetsnaz, miembros de las fuerzas especiales rusas, adscritos al 45º regimiento. Otra docena de grupos como aquel se preparaban para tomar puntos clave de la capital bielorrusa aquella noche. No debía ser una tarea difícil. Lugashenko, “el último dictador de Europa”, había muerto apenas tres años atrás, y aunque los demócratas se habían apresurado en acercarse a la Unión Europea, muchas lealtades seguían inclinándose hacia el lado prorruso. La farsa de aquella mañana en la firma de la adhesión sólo respondía a motivos políticos.

Su objetivo era apoderarse de la base aérea de Machulishchy, 15 km al sur de Minsk. En apenas un minuto bajarían del vehículo, se acercarían andando con sus fusiles de asalto y sin identificación a la garita de la entrada, y coaccionarían al guardia para que les dejara pasar. Contaban con no tener que utilizar ni una sola vez sus armas. La oficialidad bielorrusa había sido formada en Rusia y, en general, no veía con buenos ojos la injerencia europea en su país.

Imagen satélite donde puede verse Minsk, la base aérea de Machulishchy, abajo a la izquierda, y el aeropuerto internacional de Minsk, en la parte derecha.
FUENTE: Google.

Pero no todo iba a salir como habían previsto. Nada más bajar de la furgoneta, los dos jóvenes guardias bielorrusos de la entrada comenzaron a gritar: стоп! ¡Alto!. Llevaban un tiempo preguntándose qué haría aquella furgoneta detenida a 100 metros de la entrada.

Maykov, vestido con vaqueros, camiseta y un chaleco táctico, dudo un momento y ordeno que sus hombres se detuvieran. No contaba con aquello, el GRU le había asegurado que el oficial de guardia de la base haría los arreglos necesarios para que su entrada se desarrollara sin incidentes.

  • U ich zbroja! Tienen armas! – gritó uno de los guardias, parapetándose tras un muro de hormigón.

Maykov hizo una señal a sus hombres, quitaron el seguro a sus armas, y se abrieron paso, tiro a tiro, hacia la entrada. Aquellos reclutas no tenían mucho que hacer frente un comando bregado en Ucrania, en Siria, en Tayikistán, en Sudán…

Eliminados los dos guardias, y a pesar de haber activado una alarma antes de caer bajo el fuego de los Spetsnaz, nadie acudió a auxiliar a sus compañeros. La base parecía desierta. Avanzando sigilosamente hacia la torre de control, de repente vieron a un hombre vestido con el uniforme de gala que avanzaba con las manos en alto. Era el jefe de la base, un coronel.

  • Dobro pozhalovat’ druz’ya! , ¡bienvenidos amigos! – decía, iluminado por los focos de un vehículo aparcado a su espalda.

Maykov ordenó a sus hombres bajar las armas, aunque tras el incidente inicial, parecían reacios a hacerlo.

El coronel les acompañó a la torre de control. Uno de los hombres de Maykov sacó de su mochila un equipo de comunicaciones por satélite. Otro recibía, a través de una radio cifrada, novedades del avance de sus compañeros en la capital: habían tomado varios edificios gubernamentales, incluyendo el palacio presidencial, sedes de empresas de telecomunicaciones, la estación de tren, el aeropuerto civil…

El coronel de la base puso a disposición de Maykov a varios de sus hombres. Siguiendo sus instrucciones, iluminaron la pista. A través del teléfono satélite, enlazaron con dos Ilyushin 76 que se aproximaban volando a media altura hacia el aeródromo: todo iba según lo previsto, pese al incidente de la puerta. Al cabo de cinco minutos, los gigantescos aviones de transporte rusos aterrizaban en la base y comenzaban a descargar vehículos y decenas de paracaidistas del VDV: sus compañeros, la base sobre la que se elegía todos los Spetsnaz del 45º Regimiento.

Un avión Ilyushin-76 de la fuerza aérea rusa.

Al mismo tiempo, unidades de la 144ª División Motorizada de Guardias y de la 1ª Brigada de tanques, pertenecientes al 20º Ejército de Guardias del Distrito Militar Oeste cruzaban sin resistencia el paso fronterizo de Kurgan para recorrer durante la noche los casi trescientos kilómetros que separaban la frontera rusa de la capital.

Al sureste, en la frontera ucraniana, la situación era similar: el 1er Ejército Ruso avanzaba por toda la frontera a gran velocidad, mientras las milicias pro-rusas saboteaban toda la infraestructura del gobierno de Kiev en las regiones del este.  

Mientras Maykov saludaba a sus compañeros en la plataforma de la base de Machulischi, viendo como los blindados ZBD-3 de fabricación china salían de las tripas de aquellos enormes aviones, los bielorrusos pro-occidentales dormían tranquilamente en sus casas, después de aquel histórico día en que habían renunciado celebrar el 90º aniversario de la victoria en Europa para acabar cediendo a los encantos de la Unión Europea en una pomposa ceremonia de adhesión.

Pero Rusia estaba allí para recordarles la lealtad debida y su deuda histórica con Moscú.

El 3 de julio de 1944, el Ejército Rojo liberaba Minsk de la ocupación nazi.

Siguiente capítulo: 10 de mayo.

.

.

Animaros a dejar vuestros comentarios en la sección habilitada para ello. Recordad que podéis seguirnos en Facebook e Instagram. Si quieres contactar con el autor de este relato, no dudes en escribirle a europa2035@fuerzanaval.com

20 comentarios en “EUROPA. AÑO 2035. 9 DE MAYO.

  • el 17 mayo, 2020 a las 10:08
    Permalink

    Muy bueno. Esperando la continuación.

    Respuesta
    • el 20 mayo, 2020 a las 16:35
      Permalink

      ¿Y Flanco Sur? Solo hubo 3 capítulos y así nos quedamos…..

      Este relato que acabo de leer está genial, me ha gustado mucho y espero el siguiente capítulo, pero…….Lo siento ¡¡Echo de menos Flanco Sur!!

      ¿Sería posible que volviérais a subir los tres primeros capítulos y que la retomáseis? Con lo poco que pudimos disfrutar Flanco sur estoy convencido de que en papel hubiese sido un Best Seller.

      Respuesta
  • el 17 mayo, 2020 a las 16:05
    Permalink

    Felicitaciones muy buen relato, ya quiero saber que sigue, gracias

    Respuesta
  • el 18 mayo, 2020 a las 10:10
    Permalink

    Muy interesante. Te animoa que sigas

    Respuesta
  • el 18 mayo, 2020 a las 10:44
    Permalink

    Sinceramente me ha enganchado, esperando la siguiente entrega.

    Respuesta
  • el 18 mayo, 2020 a las 20:09
    Permalink

    BRUTAL!!!
    Ya con FLANCO SUR, me creasteis una “adiccion” a la historia tremenda. Esta tiene muy buena pinta, espero que sigáis con ella y que tras una larga e intensa historia le veamos un desenlace.

    SEGUIR CON ELLA POR FAVOR!!!

    Respuesta
  • el 25 mayo, 2020 a las 07:34
    Permalink

    Muy bueno, esperando la continuación.

    Respuesta
  • el 25 mayo, 2020 a las 11:24
    Permalink

    Esto no se hace, con Flanco Sur nos dejaron desconsolados, y esto va por el mismo camino.

    Respuesta
  • el 25 mayo, 2020 a las 15:18
    Permalink

    Excelente! A la espera de más capítulos.

    Respuesta
  • el 26 mayo, 2020 a las 14:36
    Permalink

    se ve un relato muy interesante, parece una buena película de acción y seguro que si se lleva al cine tendría muchos seguidores, esperamos su continuación y si es posible como ha escrito otro compañero la continuación de Flanco sur, gracias por vuestra colaboración

    Respuesta
  • Pingback: EUROPA. AÑO 2035. 10 DE MAYO. – FUERZA NAVAL

  • Pingback: EUROPA. AÑO 2035. 11 DE MAYO. – FUERZA NAVAL

  • el 1 julio, 2020 a las 08:10
    Permalink

    Más propaganda antirusa… Nada nuevo bajo el sol. 😛

    Respuesta
  • Pingback: EUROPA. AÑO 2035. 12 DE MAYO. – FUERZA NAVAL

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.